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sábado, 4 de mayo de 2013

La Unión Europea, al rescate de las abejas.

 Enjambre localizado en la zona de Periana.
30/04/2013

Hace 20 años, los apicultores llevaban a las abejas a recoger el néctar de girasol a la cuenca del Guadalquivir y obtenían hasta 50 toneladas”, relata Carlos Moreno, presidente de la Asociación Española de Apicultores (AEA). Ahora, “los trabajadores no pueden realizar estas tareas porque los insectos se mueren”, continúa.
Las abejas están en peligro o eso se deduce de varios estudios publicados en 2012 en las revistas científicas Nature Communications y Science. Los culpables podrían ser tres pesticidas neonicotinoides producidos por Bayer CropScience y Syngenta, empleados para acabar con las plagas de los cultivos atacando al sistema nervioso de los insectos. Sin embargo, este efecto también estaría recayendo sobre las abejas, polinizadoras naturales por excelencia.
El valor de la polinización de los cultivos alcanza los 22.000 millones de euros anuales en Europa, es decir, el 84% de los cultivos del viejo continente dependen de ella. A nivel mundial, el valor llega los 165.000 millones de euros, según los datos proporcionados por José Luis González, responsable apícola a nivel nacional de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).
La Comisión Europea, alertada por la desaparición de estos insectos, encargó a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) un estudio de la cuestión. La organización concluyó, el 16 de enero, que el uso de tiametoxam, imidacloprid y clotianidina podría afectar al comportamiento de las abejas y al desarrollo de sus larvas y ser responsable del fenómeno conocido como “Desorden del Colapso de Colonias” (CCD), por el que muchas abejas mueren desorientadas lejos de sus colonias.
El comisario de Consumo y Protección al Consumidor de la CE, Tonio Borg, decidió impulsar el veto al uso de los tres neonicotinoides durante dos años en cultivos que atraigan a las abejas o que no sean cereales de invierno –la exposición a los pesticidas durante el otoño no se considera peligrosa–.
La primera votación a la propuesta se realizó el 15 de marzo, pero no logró una mayoría. De los 27 miembros, 13 se mostraron a favor, incluida España, nueve en contra y tres se abstuvieron. Ayer se celebró una nueva consulta, que obtuvo una mayoría a favor (15 naciones), pero no una mayoría cualificada, por lo que la CE debe decidir si implantar o no la restricción.
La puesta en marcha de la medida estaba prevista para el 1 de julio, pero es probable que se retrase hasta diciembre, según se anunció ayer.
Bayer Crop- Science y Syngenta no coinciden con el estudio de la EFSA, que consideran carece de rigor científico suficiente, y culpan a las plagas de la desaparición de las colonias de abejas. Ambas empresas presentaron un plan de acción para acabar con el estancamiento en que se encontraba la UE en relación a la salud de las abejas poco después de la votación de marzo. Su propuesta se basaba en la creación de márgenes de flores, ricos en polen, en toda la UE, la elaboración de un plan demonitorización de la salud de las abejas o la puesta en marcha de medidas para reducir el riesgo al que están expuestos estos insectos.
La Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas (Aepla) considera que la medida de la CE ha sido “apresurada y desmesurada” y “generará pérdidas en la producción agrícola europea de 17.000 millones de euros anuales y 127 millones en la española” afirma su director general Carlos Palomar. “Se trata más de mostrar una firmeza y una sensibilidad hacia ciertas cuestiones al aplicar el principio de precaución sin conocer con certeza los efectos”, prosigue.
Para los apicultores, sin embargo, la causa es innegable, aunque carecen de datos concretos del descenso de las colonias de abejas. “La EFSA ha confirmado que existe un alto riesgo y que la toxicidad de estos productos es 5.000 veces superior a la del DDT –insecticida prohibido desde la década de los 70 por su gran toxicidad–”, declara González. “Si no fuera por la labor de los apicultores, actualmente solo centrada en la repoblación, la abeja se podría declarar una especie en extinción”, explica Carlos Moreno.

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