La tradición popular atribuye su origen a la visita de Alfonso XII tras el terremoto de 1884.
15/06/2026 - www.diariosur.es
Curva de Caga Oro, en la carretera A-7204
Pocos nombres despiertan tanta curiosidad en Periana como el de la Curva de Caga Oro. No aparece en Google Maps ni en los mapas de carreteras, pero sí en la memoria colectiva de este pueblo. Situada en la carretera A-7204 en dirección a Alcaucín, a poco más de un kilómetro del casco urbano, esta curva se asocia desde hace generaciones a una leyenda cuyos protagonistas son Alfonso XII, el devastador terremoto de 1884 y una ocurrencia popular que ha logrado sobrevivir más de 140 años.
Muy cerca se encuentra además el Cortijo de Cagaoro —o Caga Oro, según quién lo nombre—, otro vestigio toponímico de una historia que ha conseguido mantenerse viva a través de las generaciones.
La tradición popular sitúa el origen de este relato en enero de 1885, durante la visita que Alfonso XII realizó a la Axarquía tras el devastador terremoto que había asolado la comarca apenas unas semanas antes. Sin embargo, para entender por qué esta anécdota sigue viva hoy en día es necesario retroceder hasta una de las mayores tragedias que ha vivido Periana.
La noche del 25 de diciembre de 1884, mientras muchas familias celebraban la Navidad, un fuerte terremoto sacudió buena parte de las provincias de Málaga y Granada. Periana fue una de las localidades más castigadas por el seísmo.
Entrada del conocido como cortijo de Cagaoro o Caga Oro.
Las crónicas de la época hablan de decenas de fallecidos, cientos de heridos y un enorme número de viviendas destruidas o seriamente dañadas. Las posteriores réplicas, el intenso frío y las dificultades para alojar a la población agravaron todavía más la situación de los supervivientes. Muchos vecinos tuvieron que abandonar temporalmente sus hogares y refugiarse en otros municipios cercanos.
La magnitud de la tragedia movilizó ayudas llegadas desde distintos puntos de España y provocó la visita personal del rey Alfonso XII, que quiso conocer de primera mano el alcance de los daños sufridos por los pueblos afectados.
La llegada a Periana
El 18 de enero de 1885, apenas unas semanas después del terremoto, Alfonso XII llegó a Periana acompañado por miembros de su séquito. La visita quedó grabada en la memoria colectiva del municipio y todavía hoy sigue apareciendo en numerosos relatos transmitidos de generación en generación.
Las crónicas locales recuerdan que el monarca recorrió las zonas afectadas, se interesó por la situación de los damnificados y repartió ayudas económicas entre los vecinos más afectados. Su presencia supuso también un impulso para la reconstrucción posterior del municipio. Entre otras actuaciones, se promovió la construcción de viviendas para familias que habían perdido sus hogares y se apoyó la recuperación de edificios públicos y religiosos dañados por el terremoto.
La huella de aquella visita todavía puede rastrearse en el casco urbano. La tradición local identifica como alojamiento del rey una vivienda situada en la actual calle Las Monjas, conocida popularmente como la Casa de la Bartola. A pocos metros se encuentra también el entorno de la iglesia de San Isidro, que tuvo que ser reconstruida tras los daños sufridos por el seísmo y cuya historia sigue vinculada en la memoria popular a las ayudas llegadas después de la visita real.
La actual avenida de la Constitución y otros espacios del municipio forman igualmente parte del escenario de aquella recuperación que permitió a Periana levantarse tras uno de los episodios más duros de su historia.
La leyenda
Es precisamente en este punto de la actual carretera A-7204, a unos 1,2 kilómetros de Periana en dirección a Alcaucín, donde la tradición oral sitúa el origen de la Curva de Caga Oro. La versión más difundida sostiene que Alfonso XII tuvo que detener su marcha cuando se dirigía hacia Periana debido a una necesidad fisiológica urgente. Tras aliviarse, alguien habría pronunciado una frase que acabó dando nombre al lugar.
Sin embargo, existe una versión mucho más elaborada conservada por la memoria popular del pueblo. El historiador perianense José Manuel Frías recuerda haber escuchado este relato en numerosas ocasiones cuando era niño. Según la versión transmitida por sus mayores, la silla de cámara que acompañaba habitualmente al rey para realizar sus necesidades no pudo utilizarse porque la caballería encargada de transportarla se había despeñado durante el trayecto.
La comitiva buscó entonces una solución de urgencia en un cortijo cercano. Los miembros del séquito inspeccionaron las instalaciones disponibles, pero consideraron que el rudimentario agujero utilizado por los moradores del cortijo no era el lugar más adecuado para que hiciera sus necesidades el monarca. Finalmente decidieron que el rey utilizara como improvisado retrete la base de un árbol cercano.
Casa de La Bartola, donde las crónicas cuentan que se hospedó el rey.
Una vez reanudada la marcha, varios curiosos se acercaron al lugar. Según la tradición oral, al comprobar que las heces dejadas por el soberano eran exactamente iguales a las de cualquier vecino, uno de ellos comentó: «El rey comerá gloria, pero la mierda que caga es como la nuestra». La respuesta de otro de los presentes habría sido inmediata: «¿Qué esperabas, que cagara oro?».
Y de aquella ocurrencia habría surgido el nombre del cortijo y, posteriormente, el de la curva situada junto a él.
No existe ningún documento conocido que permita confirmar esta anécdota. Tampoco aparece recogida en las crónicas oficiales de la visita de Alfonso XII a Periana. La propia investigación realizada por José Manuel Frías tampoco ha encontrado hasta ahora referencias escritas que permitan verificar el episodio. Sin embargo, la ausencia de pruebas no ha impedido que la historia haya llegado hasta nuestros días.
De hecho, más de 140 años después, numerosos vecinos continúan identificando el lugar como la Curva de Caga Oro, mientras que el cortijo próximo mantiene una denominación muy similar. La pervivencia del topónimo constituye, por sí sola, una prueba de la fuerza que ha tenido esta leyenda dentro de la memoria colectiva local.
La visita del rey también dejó otros relatos populares en la comarca. En Alcaucín, por ejemplo, se conserva la historia de José Lucas Cabrero, quien siempre contó con orgullo haber podido besar la mano de Alfonso XII durante aquellos días marcados por la tragedia y la reconstrucción.
La iglesia de San Isidro Labrador se reconstruyó tras la visita de Alfonso XII.
Sea cierta o no la historia atribuida al monarca, la Curva de Caga Oro forma ya parte del patrimonio inmaterial de Periana. El terremoto de 1884 destruyó viviendas, alteró calles y transformó para siempre la vida de cientos de familias. Sin embargo, entre los recuerdos que han sobrevivido al paso del tiempo también permanece esta curiosa leyenda.
Hoy, quienes pasan por ese punto de la carretera encuentran una curva aparentemente normal. Pero detrás de su peculiar nombre se esconde una historia que mezcla tragedia, visita real, tradición oral y sentido del humor popular. Una de esas narraciones que difícilmente aparecerán en los grandes libros de historia, pero que siguen explicando mejor que muchas fechas cómo un pueblo recuerda su pasado.




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