domingo, 20 de diciembre de 2009

Historia de la Axarquía. El Paleolítico. Capitulo I

HISTORIA DE LA AXARQUÍA POR EMILIO MARTÍN CÓRDOBA.
La primera ocupación humana comprobada en la comarca de la Axarquía se registra las Terrazas del río Sábar, en el contexto de los pueblos de Alfarnatejo y Alfarnate, relacionándose con una serie de conjuntos líticos característicos del Achelense Superior, período que ocupa el final de la glaciación de Riss y el interglaciar Riss/Würm.
Del utillaje investigado destaca una industria de productos líticos de gran tamaño, como son los bifaces o hachas de mano, junto a cantos trabajados y hendedores. También se cuenta con lotes bien definidos de instrumentos sobre lasca, entre los que se encuentran raspadores, puntas, buriles, perforadores, etc.
Se trata de yacimientos al aire libre, situados en las terrazas de los de ríos, lugares que tenían una doble ventaja, al encontrar las piedras silíceas para la creación de sus herramientas y como puntos de agua y densa vegetación herbácea que atraerían a manadas de uros, cabras y caballos –por ejemplo–, a cuya captura se dedicaron aquellos cazadores.
En un momento posterior se desarrolla el Paleolítico Medio, definido por el Complejo Musteriense, aproximadamente desde el 100.000 hasta el 35-30.000 a.C., suficientemente documentado en las terrazas de la Depresión de Alfarnate-Alfarnatejo, el Lecho del Guaro en el Pantano de la Viñuela, las Cuevas de Zafarraya (Alcaucín) y Horá (Alfarnatejo).
Los protagonistas de estos momentos son los homo sapiens neanderthalensis (hombre de neandertal), que viven de la caza de grandes mamíferos, especialmente de la cabra montés, y de la recolección de productos vegetales y marinos. Se organizaban en bandas, con un sistema social muy rudimentario, formado por varios individuos que tendrían su territorio económico en el interior de las depresiones del subbético, entre Alfarnate-Zafarraya y la costa.
Acampan en los períodos de templaza climática al aire libre, pero sus lugares más frecuentes para vivir de forma estacional serán los abrigos rocosos y entradas de las cuevas, que por la preponderancia y crudeza del clima frío en que viven, fueron los sitios más habituales.
Pero también existieron otras razonespara ello, como la necesidad de encontrar mejores refugios para evitar a los grandes depredadores del momento, que tenían los mismos territorios de caza.

Bifaz. Terrazas del Sábar (Alfarnatejo)
Fuente: Emilio Martín

En las cuevas abandonan los restos de comida y actividades de taller para conseguir útiles líticos, organizando hogares, como el tipo amorfo que se documenta en la Cueva de Zafarraya, con elementales estructuras de combustión.
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Mandíbula de Neandertal.
Cueva de Zafarraya
(Alcaucín).
Foto C. Barroso

Estos grupos debieron mantenerse durante temporadas prolongadas, a lo largo de generaciones y hasta de milenios, ocupando estos territorios de explotación y los sitios concretos de acampada en cuevas y abrigos, que sugieren relaciones de dependencia entre yacimientos.
Por otra parte, también se advierte una articulación funcional, entre lugares de aprovisionamiento de piedras para el instrumental y los campamentos de ocupación habitual.
Los yacimientos en superficie de las terrazas de Alfarnate, Alfarnatejo y Lecho del Guaro son campamentos de carácter efímeros, sin estructuras de acondicionamiento, donde se aprovisionarían de rocas duras (sílex, cuarcitas, areniscas silíceas), desarrollando talleres de transformación para la obtención de instrumentos líticos que empleaban en sus actividades funcionales de la caza, recolección y domésticas para la supervivencia.
En estos momentos se producen importantes cambios tecnotipológicos que se aprecian en la industria lítica con el desarrollo de la técnica Levallois, de gran complejidad y precisión. Se generaliza la utilización de un instrumental altamente especializado, como las puntas levallois y musterienses, que sujetas a un astil serían utilizadas para abatir animales. La serie tipológica más característica de esta industria comprende otros útiles como raederas, cuchillos, rapadores, denticulados y muecas, empleados para descuartizar, desollar, serrar, raspar, cortar, preparar pieles, etc., vinculados igualmente a la actividad cinegética.
La Cueva del Boquete de Zafarraya (Alcaucín), a 1.100 m sobre el nivel del mar (snm), sirvió como refugio de temporada, en el verano e inicios del otoño, a grupos musterienses que vivirían habitualmente cerca del litoral marino, a unos 30 km de distancia. Aquí se depositaron cinco niveles arqueológicos con industrias y variada muestra de la fauna consumida, como el caballo, el uro, el corzo, el ciervo, el jabalí y, de forma especial, la cabra montés, especie más consumida, lo que señala la adaptabilidad de los grupos neandertales a su entorno.
La investigación desarrollada ha demostrado que alrededor de los hogares se producía la mayor parte de las tareas de los campamentos, tales como fabricar y reparar los utensilios, consumir alimentos o descansar, mientras que otras actividades como despedazar animales o curtir pieles se llevarían a cabo aparte, incluso en sitios distantes del hábitat.
Los vestigios del homo sapiens neanderthalensis encontrados se relacionan con una mandíbula completa, en un estado de conservación excelente, y un fémur que presentaba una rotura en toda su longitud, explicado como síntoma de antropofagia. Ambos huesos pertenecieron a dos individuos adultos, de entre 25 y 30 años.
Se ha interpretado una cierta intencionalidad ritual en la colocación de la mandíbula neandertalense, que había sido situada en una especie de fosa subcircular de 70 cm de diámetro máximo, rodeándose de una serie de piedras y cubierta por un amontonamiento de bloques y trozos menores de forma tumular. Por otra parte, un fémur humano había sido fracturado por percusión en su extremo proximal, hendido a lo largo para acceder fácilmente al tuétano, con intención antropofágica.

El Paleolítico Superior-Epipaleolítico y el simbolismo de los cazadores-recolectores.
Entre 40000 y 35000 años, en el interestadial Würm II/III, tras el cual se inica el Würm Reciente o último período glaciar del Cuaternario, los hombres de Neandertal comienzan a ser sustituidos en toda Europa Occidental por una nueva capa de población, la correspondiente a la especie sapiens sapiens, de aspecto físico y capacidad intelectual muy próximos a los del hombre actual, del que es el ancestro directo.
Casi en los mismos momentos que termina la presencia de los neandertales en las tierras de la Axarquía, la franja costera empieza a registrar esa nueva población de sapiens sapiens, constituida por grupos cuyo modo de vida y subsistencia sigue estando basado en la caza (caballos, cabras, ciervos, aves, etc.), la pesca (tanto fluvial como marina) y la recolección de especies vegetales y frutos silvestres. Vivían en bandas, en grupos algo más numerosos que los neandertales, practicando un cierto nomadismo estacional y cíclico, sobre un territorio económico y con un cierto sentido de pertenencia, en base a una diversificación en el aprovechamiento de distintos ecosistemas. Estas bandas, organizadas en familias nucleares, ejercen la trashumancia anual, coincidiendo con las migraciones de las manadas de cabras, caballos, etc., para la caza
de estos animales.
Los yacimientos de la Axarquía son Cueva Hoyo de la Mina, Cueva del Higuerón o del Suizo, Cueva de la Victoria (Rincón de la Victoria) y Cueva de Nerja, todos en la franja litoral, territorio potencialmente rentable para la pesca y el marisqueo. Con toda seguridad también debieron existir en el interior, pero sus campamentos al aire libre o en cavidades no han sido descubiertos o están escasamente representados.

El yacimiento mejor conocido es la Cueva de Nerja, que empieza a ocuparse durante el Auriñaciense, funcionando como un campamento base, junto con otros emplazamientos que fueron utilizados como campamentos de caza o recolección, y otras cuevas al interior habitadas en verano, para la caza de caballos, cabras y ciervos. Su industria lítica está caracterizada por instrumentos más delgados y de dimensiones algo menores que en la etapa anterior, destacando los raspadores, buriles y raederas.
A estos primeros momentos de utilización de la cavidad como hábitat temporal se superpone una ocupación durante el Solutrense (19000/18000 y el 15000/14000 a.C.), caracterizado por un instrumental de puntas realizadas mediante retoque plano a presión que invade parcial o completamente una o las dos caras del útil. Las piezas obtenidas adoptan formas esbeltas de notable simetría a un lado y otro de su eje longitudinal.
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Cabra Hispánica. Periodo Solutrense. Cueva de Nerja.
Foto F. Cueva de Nerja
Durante el Magdaleniense, la fase mejor documentada del yacimiento, se produce un cambio fundamental en la orientación subsistencial con el aprovechamiento de los recursos marinos, que transciende el ámbito puramente económico, tal y como se atestigua en el arte desarrollado en el Santuario de los Peces.
Los niveles arqueológicos de estos momentos marcan una evolución interna en la elaboración del utillaje, con progresiva disminución de su tamaño, siendo subrayable las pequeñas hojas de dorsos abatidos, aunque de forma proporcional los buriles dominan sobre todos los artefactos. El resto del instrumental conservado se realiza sobre hueso, predominando la presencia de arpones con una hilada de dientes e incluso algún fragmento de “bastón” perforado.
La recogida de diversos mariscos de roca o de arena (moluscos, crustáceos y equinodermos) se va intensificando en el litoral de la Axarquía en los momentos avanzados del Magadaleniense, como se constata en Victoria, Higuerón y Nerja. La especialización en las actividades marisqueras y pesqueras, con un instrumental lítico de puntas de dorso abatido y micropunzones, supuso el abandono relativo de la caza, que se verá restringida al conejo y, esporádicamente, a ejemplares de cérvidos o bóvidos.
Superpuesto a los últimos niveles magdalenienses se documenta el Epipaleolítico, que supone la culminación del tamaño mínimo de las herramientas de trabajo, representadas a través de microlaminitas y elementos geométricos.
Su economía acentúa las líneas generales de explotación de los ecosistemas cercanos a la Cueva de Nerja, marcada desde los niveles magdalenienses. Un sistema basado en la explotación de la caza que continúa con la proporción dominante de cabras y ciervos, pero con un apreciable aprovechamiento del ecosistema costero, con intensificación del uso recolector y pesquero de los recursos marinos.
La diversidad de ambientes explotados y su especialización en determinados especimenes es una de las características que mejor definen el sistema subsistencial de estos grupos sociales.
Además del empleo de las cavidades como lugares de asentamiento y enterramiento, también se utilizaron como santuarios o lugares culturales, como vienen a demostrar las representaciones rupestres diseminadas por sus diferentes galerías. Es el nacimiento del Arte Paleolítico, que se constata con espléndidas manifestaciones en Cueva de Nerja, del Higuerón y de la Victoria. En ellas se reproducen diferentes motivos animales, caso de bóvidos, équidos, cérvidos, cápridos y pisciformes, junto a numerosos símbolos de puntos, ovas y meandros.
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Pisciformes. Periodo Magdaleniense. Cueva de Nerja.
Foto F. Cueva de Nerja

La Cueva de Nerja es una de las más importantes del Paleolítico andaluz, donde el simbolismo existente en sus paredes se circunscribe a los elementos pictóricos, realizados en rojo y negro, predominando el primero de los colores. En la mayoría de los casos, estas pinturas son de difícil localización, pues se hallan en sitios recónditos, de complicado acceso; existen algunos lugares con una mayor concentración de figuras, como son la sala de Los Órganos y a la entrada de la sala del Cataclismo, con motivos zoomorfos y signos asociados.
Estas manifestaciones artísticas son la plasmación visual de todo un mundo de creencias al cual nos podemos aproximar en sus aspectos formales, cuyo código iconográfico debió estar estrechamente vinculado a las relaciones de parentesco, de producción y reproducción; en la necesidad de establecer reglas de convivencia y culturales-religiosas entre los miembros de las distintas comunidades, que todos deben reconocer y aceptar.
LECTURA RECOGIDA EN EL CEDER AXARQUÍA

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