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sábado, 7 de julio de 2012

Pregón nº 18 de la Feria de San Isidro año 2005 por Dionisio Camacho González

PREGÓN Nº 18 DE LA FERIA DE SAN ISIDRO LABRADOR DE PERIANA AÑO 2005
DIONISIO CAMACHO GONZÁLEZ
Periana a 13 de mayo de 2005


Sr. Alcalde, Miembros de la Corporación Municipal, Mayordomos, Amigos y Vecinos. ¡Gracias! ¡Gracias por estar aquí esta noche! ¡Gracias por esta distinción tan especial hacia mi persona!.

¡Gracias a ti Antonio por tus palabras que no merezco y sobre todo por el esfuerzo que has hecho por compartir este rato con nosotros. Tu calidad humana es excepcional, en ti ciencia y humanismo, razón y sentimiento no se entienden por separado.

Cuando Estela Torrubia me invitó, en nombre de los Mayordomos, como pregonero de estas fiestas en Honor a Nuestro Patrón, me quedé perplejo, sin respuesta, como que no iba conmigo y aunque al principio me mostré dubitativo no pude negarme a esta tradición; que comenzó nuestro alcalde, Adolfo Moreno cuando fue Mayordomo, entre otras razones porque San Isidro ha sido y es el referente religioso de mi familia. Mi padre Paco el carpintero, mis tíos, Ignacio y Antonio el tuerto y mi suegro, Ignacio el Americano, que ya pertenecen al mundo de los dioses, seguro que estarán con él. Para ellos Dios y San Isidro fueron siempre lo mismo.

Siempre he pensado que los pregones estaban reservados para grandes oradores, personas eruditas, historiadores o poetas. Nada de eso soy yo, por eso mi gratitud es mucho mayor y cuando se han ido acercando estas fechas mi responsabilidad ha ido creciendo, entre otras cosas porque quiero hacerlo bien, estar a la altura de vosotros, de mi gente, en definitiva a la altura de mi pueblo. Es por lo que hoy quiero hablaros con el corazón. Todo lo que sale del corazón nunca puede ser ridículo.

Decía Aristófanes que allí donde se está bien es en la patria.

Yo he nacido y vivido en Periana y ahora que trabajo fuera busco siempre un hueco para escaparme, para estar aquí con vosotros, con mi familia, con mis soledades. Vengo a quitaros la energía con la que cargar mis pilas para poder seguir trabajando.

No quiso mi corazón ni el de mi mujer que mi hijo fuera un forastero, por ello aunque ni ha nacido ni se ha criado aquí, está inscrito como perialeño para orgullo de sus padres y espero y deseo que algún día para el suyo propio.

No hay un rincón tan entrañable en este pueblo como esta Plaza, de formas caprichosas y a la vez simple y sencilla, en la que hoy nos encontramos.

En esta Plaza se ha forjado nuestra breve pero intensa historia como pueblo y lo que es más importante nuestra forma de vivir.

Mis recuerdos van ligados a ella y cómo no, a su fuente, La Fuente de Periana; incólume, indemne, siempre en su sitio y a la vez indómita. Con sus cuatro caños, con el caño de los viejos o de Triburcio, con su pila, la pila más hermosa de los pueblos de mi Axarquía. Y cambiando como cambia la vida, unas veces conteniendo lágrimas y otras mostrando toda su hermosura y lozanía irradiando alegría y ganas de vivir, como queriendo irr por delante de la misma.

¡y qué decir de la pila de abajo! Sus piedras de asperón desgastadas son huellas hechas por los hombres del campo que se afanan en un mundo sin prisas en poner a punto sus herramientas que después secaban y guardaban como la madre que cuida a su hijo recién nacido.

Y es que el trabajo sin prisas era el descanso para estos hombres.

Y en los más altivo San Isidro protagonista junto a esta Fuente de la vida de Periana.

¡San Isidro! ¡Qué sería Periana sin San Isidro! Partícipe de nuestras emociones y sentimientos, de nuestro arte, de nuestro trabajo, de nuestra cultura, de nuestras ansias de libertad, por el progreso, por el respeto al entorno que nos rodea. En definitiva partícipe de nuestra vida y muerte.

San Isidro cuyo palio es el trigo, como oro que nace del trabajo de los hombres y mujeres de nuestra tierra y cae como lluvia por su rostro.

¡San Isidro, Santo y Bendito, desnudo, sin joyas ni alhajas que con una yunta de bueyes has sido capaz de entrar en los corazones más pétreos de la condición humana, de unir a un pueblo!

Estoy seguro que cuando naciste, ya Abderraman III te había preparado esta hornacina como presagio de las penas y sufrimientos que le esperaban al pueblo andaluz. Viviste como criado y llegaste a ser abogado de los campos, para luchar contra las injusticias sociales.

Desde esta hornacina has procurado que Periana no pertenezca a grandes condados ni a familias influyentes. Has ido forjando un pueblo con hombres y mujeres desarraigados de otras zonas y no por ello, parafraseando a Andrés de Laguna, deja de ser mejor y más hermoso que otros pueblos.

Si algunos os preguntáis quien fue Andrés de Laguna os diré que fue médico de Felipe II y del Papa Julio III: Miguel de Cervantes a través de D. Quijote hace referencia a él por sus profundos conocimientos en botánica. En uno de sus tratados sobre Dioscórides, pedanio de Anazarba; Andrés de Laguna habla de la diferencia que hay entre el durazno y el melocotón. Permitidme que os lea un breve texto de este tratado pues creo que esta dicotomía que siempre se ha planteado entre nosotros nunca se ha visto resuelta con tanto ingenio como lo hace este autor. Y dice así: Las mancanas Persicas fuerno ansi llamadas, porque vinieron primeramente de Persia. Hallanse tambien debaxo de aquese nobre muchas y muy diferentes especies: como son el Durazno, el Prisco, el Melocotón, el Albaricoque, y algunas otras cuyos nombres ignoro. Antiguamente, antes que de los melocotones huviesse en el mundo noticia, eran los Duraznos mucho más estimados, y por su natural dureza, se llamavan Mala Duracina. Empero después que la industria humana, ... nos produxo e melocotón, comenco el Durazno a caer de reputación y de credito. Es el melocotón verdaderament un durazno bastardo, porque nace del Durazno y del Membrillo enxertos el uno en el otro: empero no por ello dexa de ser mejor, y mas hermosl, que los legitimos: como suele acontecer en muchos hijos bastardos que en bondad, industria, y alor hazen gran ventaja a los herederos. Reluzen en el Melocotón claramente las señales y virtudes de entreambos padres. Parecese primeraente al Durazno, en la figura, en el sabor, y en tener la carne apegada al huexco. Es semejante al Membrillo en la grandeza, en el olor, en el color amarilo, y finalmente en el hombre. Porque ... el Melocotón, procediendo de entrambas plantas, no quiso tomar del Durazno, sino del Membrillo, su sobre nombre, por ser arbol mas generoso: y ansi sobre el nombre comniun de melo, que quiere decir Mancana. Recibio el Coton, que singinica membrillo. salvo sino queremos dezir que alli melo se toma por el durazno, para que melocotón sea tanto como durazno membrillo.

¡Es pues, mi pueblo hermoso y bonito! Porque ha sabido dar cabida a los que lo adoptaron como suyo y con el sacrificio de todos ha ido configurando su identidad. Ha sido capaz de desprenderse sin miedo de sus actitudes para dejar paso a los valores que entre todos hemos ido formando. Y digo sin miedo porque San Isidro siempre nos ha mantenido unidos, creyentes y no creyentes, en los valores esenciales del ser humano.

Por ello si me permitís elegir; a mí dadme, darme el San Isidro de la calle:

El San Isidro de esta fuente, el San Isidro que por primavera sale por las calles de Periana, el San Isidro de mi infancia que salía al campo a hombros de todo un pueblo en los años de sequía, el San Isidro de la romería.

¡A mí dadme, dadme el San Isidro de todos!

Echado sobre estos muros y teniendo sólo a San Isidro como testigo he dejado muchas veces mi pensamiento divagar entre la soledad y el silencio al son del agua que cae.

Desde estos muros he visto a los hombres y mujeres del campo madrugar más que la madrugada, antaño con la talega o el canasto colgados a los lomos de sus bestias. Y después, con su maquinaria más o menos arcaica, pero siempre de paso obligado para llenar el botijo de agua fresca.

Mis recuerdos son trasiego de arrieros que en las madrugadas daban de beber a las bestias. Hombres del campo que se empecinaban en sacar las sanguijuelas rocónditas en la boca de los animales entre una mezcla de saliva y tabaco que caía por sus manos.

Mujeres de pañuelo, de luto que se hacía eterno, con su espuerta para recoger aceitunas o con el cántaro al cuadril, atrapadas en el ocaso de una vida que siempre le ha sido injusta.

No creo que exista otra Plaza en esta Andalucía nuestra que sea espejo más fiel de la realidad cotidiana de un pueblo.

No puedo olvidar a mis primeros maestros y sobre todo a D. José Palomo que siempre tenía una peseta en el bolsillo para el niño que no llevaba lápiz. "Anda llégate a la tienda nueva o a la tahona y te compras un lápiz" - decía. Aquella escuela llena de niños que en la campaña de aceitunas se quedaba casi vacía con poco más que un saco de leche en polvo junto a la puerta, para despacharnos a nuestro gusto, porque no nos gustaba.

Estaba D. José Palomo en contra de aquellas filas que se formaban los sábados por las mañanas, para ir a misa. Una fila que zigzagueaba entre el empeño puesto por los maestros de mantenerla derecha y el nuestro por escaparnos de ella. Él siempre nos dejaba ir solos de dos en dos, y por cierto nunca le fallábamos.

Pero el maestro que siempre me recordaba la feria de San Isidro era D. Francisco Guerrero, cuando en los primeros días de mayo nos dibujaba en la pizarra una noria gigante, grandota, tan grande como la ilusión y las ansias que teníamos por verla aunque probablemente nunca nos subiésemos a ella. Y todos los días al salir de la escuela nos pasábamos por la lomilleja para ver cuando la montaban o para ver aquellos coches de choque con más madera que hierro cuyo suelo se tambaleaba como el agua de esta pila cuando se mueve al son del aire que sopla.

Son recuerdos de mi infancia aquellos días en los que no había escuela, de zapatos nuevos y grandes con una torunda de algodón para medio poder caminar, del niño que se le saltaba la hiel por no poderse montar en los caballitos o en las norias, discurriendo mientras estaba en el muro como se colaba en la caseta, yo no sé para qué, pero ahí estaba la gracia.

Para mí la infancia dejó paso a la adolescencia cuando la dictadura daba sus últimos coletazos. Aquella infancia que había tenido llena de pecados, porque todo era pecaminoso, dio paso al mundo contestatario de los jóvenes.

Un mundo al que debo mucho a mis profesores. Hoy conocidos por su trabajo fuera del ámbito de la docencia. A D. Antonio Gámez, el padre del Axarco le debo mi interés por el mundo de la Biología, él despertó en mí la curiosidad por la Medicina. Muchas veces cuando me quedaba en el laboratorio de Ciencias y se me escapaba el autobús, me traía en su viejo Mercedes a Periana.

De boca de D. Francisco del Pino escuché por primera vez la palabra Axarquía, cuando todavía no aparecía escrita en ningún libro de texto moderno y por supuesto en ningún letrero o rótulo luminoso.

D. Francisco del Pino me enseñó a ver y a admirar mi tierra. Siempre me decía que cuando pasabas por la estación de matanza entrando desde Vélez, el paisaje era sorprendente, era un mundo nuevo y único lleno de valles y montañas.

Él me enseñó a mirar los colores de las montañas y sierras que rodean a Periana en un paisaje mágico de color bajo un intenso cielo azul.

Desde aquí quiero agradecer a mis maestros y a mis padres el empeño que pusieron porque estudiase en un ambiente lleno de adversidades. Ellos marcaron mi futuro y lo que es más importante el camino de la libertad. Como decía Miguel de Unamuno: sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe... Sólo la cultura da libertad. No proclaméis la libertad de volar, sino dar alas; no a la de pensar, sino dar pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura.

También mandar un saludo a todos los estudiantes, que con su esfuerzo callado intentan abrirse camino en una tierra que le es ajena. Y yo estoy seguro que el día 15 todo aquel que no pueda venir llamará por teléfono, como yo lo hacía, para preguntar por donde irá la procesión y a la mañana siguiente todos querrán saber a qué hora se encerró y cuánto trigo le han echado a San Isidro.

Saludar a todos los que han sido mayordomos que con su esfuerzo desinteresado procuran que cada año San Isidro se sienta más orgulloso de ellos. Porque ser mayordomo es un orgullo que se va consolidando cuantos más años pasan.

Y congratularme con los que han llevado y llevarán a San Isidro sobre sus hombros con esas caras de felicidad. Es el trabajo libremente aceptado, como un placer y un deber.

Perdidas en el olvido hay personas que estos días piensan en Ti, San Isidro, son hombres y mujeres de rostro arrugado, voz silenciosa, pasos lentos y tambaleantes que cuando te estrechan la mano no quieren soltarla, son nuestros ancianos que viven en Instituciones lejos de su mundo, hombres y mujeres de nuestra tierra que han nacido y vivido aquí. Hombres y mujeres que no te piden nada especial, sólo que le devuelvas el derecho que nosotros les hemos negado, el derecho a morir en su tierra. 

Tú San Isidro, no puedes olvidarte de ellos porque ellos no lo hacen con nosotros, sí ya sé que hay derechos que no figuran en nuestras leyes ni siquiera, ahora que está de moda la Constitución Europea, más no es menos cierto que los grandes valores del ser humano están en el corazón.

Decía Martín Lutero que el corazón del hombre es una rueda de molino que trabaja sin cesar; si nada echáis a moler corréis el riesgo de que se triture a sí misma.

Y estos días el corazón de ellos, late con la misma fuerza que el nuestro, más se entristece por no verte pasar con tu mirada perdida entre nosotros por las calles de Periana.

Cuando preparaba este pregón le pregunté a uno de ellos por Tí y tu pregón, San Isidro. Y me decía con mucho respeto: primero hay que saludar, decir hola, hola o como venga bien y después tiene que hablar de la vida de San Isidro. San Isidro se crió con nosotros y estuvo arando hasta hace poco ahí en los peñones. Ha visto la era de los peñones, continuaba, pues no ha sacao parvas de trigo ni ná la criatura. Ahí se deó la salú.

No sé donde naciste San Isidro, pero nunca he dudado de la veracidad de estas palabras. Sé que un día dejaste el mundo de la opulencia para venir donde tu yunta pudiera arar.

Un mundo en el que te sientes feliz cuando lo somos nosotros y sufres cuando nosotros sufrimos, cuando un niño está triste porque no tiene unos padres que lo consuelen o cuando unos padres lloran porque han visto a su hijo morir.

Tú San Isidro tienes que quedarte con nosotros. Tú nos das lo que hay que echarle a esa piedra de molino para que no se triture: ¡la ilusión para seguir luchando! 

¡VIVA SAN ISIDRO! ¡FELICES FIESTAS!

Dionisio Camacho González
Periana a 13 de mayo de 2005.