martes, 14 de enero de 2025

MAX SZNAIDER GANA EL XVIII CONCURSO INTERNACIONAL DE RELATO "VILLA DE PERIANA" CON SU RELATO "SOLDADITOS DE PLÁSTICO" POR SEGUNDO AÑO CONSECUTIVO.




20/11/2009 - www.infoaxarquia.es
Por segundo año consecutivo el argentino Max Sznaider ha ganado el Certamen Literario Villa de Periana. Este joven de 25 años se ha trasladado desde Buenos Aires para recoger el premio de la décimo octava edición. Es estudiante de cine en el Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda y conoció el certamen a través de internet.

Los miembros del jurado han querido aclarar que el proceso de lectura y valoración de los trabajos se ha llevado a cabo sin conocer los nombres de los autores de las obras ya que van en un sobre cerrado a parte. Con lo que al no haber ningún punto en las bases que impida que la misma persona gane el premio dos veces, y ante la calidad del trabajo presentado por Sznaider, han acordado por unanimidad volver a concederle el primer premio consistente en dos mil euros.

El año anterior Max Sznaider ganó el certamen con el relato de ciencia ficción “Las artes genéticas”. Este año el joven ha dado un giro radical en su obra, con el relato “Soldaditos de plástico”, una historia que transcurre durante la última dictadura militar argentina, narrada a través de los ojos de un niño pequeño, hijo de un militar. Se trata de un contraste entre la mirada inocente de un niño y el sanguinario mundo de los adultos.

Al concurso se han presentado 20 aspirantes menores de 30 años de toda España, siendo el ganador el único concursante internacional.

Este año el premio se ha entregado en el instituto de secundaria para hacer partícipe a los alumnos de segundo de bachillerato. El alcalde, Adolfo Moreno (PSOE) ha querido agradecer el apoyo que la Diputación Provincial de Málaga que ha venido prestando al certamen durante todos estos años. “El certamen se ha hecho grande, ya es mayor de edad, y pedimos el apoyo de los sectores sociales implicados en la cultura, al igual que lo viene haciendo la Diputación. Queremos que además de por el aceite de oliva, Periana se convierta en un referente para la cultura”, ha subrayado el regidor quien ha recordado que el certamen se enmarca dentro de las actividades de la Semana Cultural.

Susana Radío, diputada de Cultura, ha insistido en la importancia de la colaboración entre las instituciones como elemento fundamental para el desarrollo de la cultura, “la cultura es la base de la igualdad entre todos los ciudadanos, también de la libertad y del avance de sociedades cada vez más democráticas. Por ello, la Diputación Provincial estará encantada de colaborar con este tipo de iniciativas siempre que se la requiera”.



SOLDADITOS DE PLÁSTICO

Me acuerdo cuando mamá entró con la bebé. Tenía los ojos grandes y un chupete que le tapaba la boca. Ya me habían avisado que iba a venir, pero yo seguía sin entender ¿Cómo podía tener una hermanita si mamá no había estado embarazada? Recién a la noche papá me explicó como era la cosa. En realidad, ellos no habían tenido a la bebé. Los papás de verdad eran otros, pero como ellos no la podían cuidar la íbamos a cuidar nosotros. Eso tenía un poco más de sentido, pero igual me parecía raro. ¿Por qué no podían cuidarla ellos? Papá me explicó que el señor y la señora habían tenido un accidente, que se habían caído de un avión al río y se habían ahogado en el agua. Eso me impresionó un poco. Por suerte me olvidé, porque en seguida me entretuve viendo a la bebé en su cuna, sonriendo y moviendo las patitas. Mamá me dijo que se llamaba Carolina.

Ese primer día me cayó muy simpática. Pero me empezó a molestar un poquito. No es que tuviera nada en contra de Carolina, pero mamá se ocupaba tanto de ella que a mí no me prestaba atención. Me molestaba sobre todo porque estábamos de vacaciones y no pasaba mucho tiempo en casa. Yo creo que papá se dio cuenta de eso, porque empezamos a jugar más seguido cuando volvía del trabajo. A él le gusta mucho el fútbol y a veces íbamos al patio a tirar penalties. Me decía que en dos años iban a hacer un mundial acá en Argentina y que él me iba a llevar a la final. Que iba a ser una fiesta, toda la gente cantando y tirando papel picado. Igual a mi mucho no me interesaba.

Lo que si me interesó fue el regalo que me trajo la semana siguiente, eran unos soldaditos de plástico de dos colores. Los buenos eran verdes los malos eran rojos. Me acuerdo que los desparramamos por todo el patio y papá me enseñó a jugar a la guerra. Él agarraba los soldados, les ponía voces graciosas y yo me mataba de risa. A los malos, les decía comunistas. Y después me explicó como hacían para esconderse y sorprender a los otros. Estrategias decía que eran. Papá siempre supo mucho de esas cosas porque trabaja en el ejercito. Pero él no usa casco como los soldados, porque se visten así cuando van a la guerra y nosotros no tenemos ninguna. Papá me explicó que todavía no van a ir a la guerra porque se tienen que ocupar de los problemas que tenemos acá. Me dijo que antes había una presidenta que era la esposa de un presidente que murió, y que ellos la tuvieron que sacar porque era una tonta y hacía todo mal. Por eso estaban ocupados.

A los pocos días se acabaron las vacaciones y volvieron las clases. Como siempre, había algunos compañeros nuevos y otros que se habían ido. Los nuevos se llamaban José, Guillermina y Damián. La maestra les pidió que se presentaran y ellos contaron por qué se habían cambiado de colegio. En general era porque se habían mudado. Después empezó la clase, aunque no me acuerdo bien de qué era. Creo que de matemáticas. Igual no importa. La cuestión es que apenas sonó el timbre del recreo, los chicos salieron al patio para jugar al fútbol. Martín había llevado una pelota hecha con diarios y una media, porque la directora no les dejaba usar una de verdad. Decía que iban a romper un vidrio, qué se yo. Igual a ellos les daba lo mismo y jugaban igual. Los equipos los elegían los dos mejores (Roberto y Martín) y a mi siempre me dejaban para el final, porque soy malísimo para el fútbol. Para colmo me mandaban a atajar (porque nadie quería atajar) y me moría de aburrimiento.

Ese primer día invitamos a los nuevos a jugar con nosotros. José aceptó pero Damián no quiso. Yo pensé que le daba vergüenza o algo así, pero después nos explicó que no le gustaba el fútbol. Lo que a él le gustaba eran los dinosaurios y tenía un libro grandote con todas las especies y una foto de cada uno. Se lo había regalado el papá y lo cuidaba mucho porque no quería romperlo. A mi me llamó la atención porque en la tapa tenía un dinosaurio enorme abriendo la boca y sacando los colmillos. Así que le pregunté a Damián si podía verlo y él me fue mostrando las fotos. Estaban el brontosaurio, triceratops el estegosaurio, pterodáctilo y otros más. Pero a mi el que más me gustaba era el tiranosaurio. Tanto me interesó el libro que dejé de jugar al fútbol y nos pasamos todos los recreos mirando las fotos. Damián tenía muy buena memoria y se acordaba cuanto medía cada uno si era carnívoro o vegetariano, y todas esas cosas.

Cuando volvía a casa le conté a mamá que había conocido a Damián y que tenía un libro de dinosaurios que estaba buenísimo. Le pregunté si podíamos ir al zoológico a ver algunos dinosaurios de verdad, pero me explicó que ya no quedaban más. Al principio pensé que me estaba haciendo una broma pero después me explicó que era en serio, que se habían muerto hace cien millones de años o algo así. A mi me parecía una pena. ¿Con tantos animales aburridos que hay justo se tenían que acabar los dinosaurios? ¿Por qué no los ratones o las iguanas?

Al otro día le conté a Damián que los dinosaurios se habían muerto todos, pero él ya lo sabía. Su libro decía que les había caído un meteorito encima o algo así. Pero para Damián era todo mentira. Según él, los habían matado unos cazadores, como esos que atrapan elefantes o rinocerontes. Mataron tantos que al final no quedó ninguno. Igual a nosotros nos gustaban igual, aunque ya no quedaran más.

En los recreos empezamos a llevar hojas y marcadores al patio para copiar las fotos de los dinosaurios. En realidad Damián no tenía marcadores, así que yo le prestaba los míos. Cada uno iba llenando su cuaderno con dibujos y él me criticaba porque hacía siempre al tiranosaurio. En realidad creo que me tenía un poco de envidia, porque yo dibujaba mejor que él. Bueno, por ahí el estegosaurio le salía mejor que a mí. Pero era el único. A los otros los hacía mejor yo.

Tratábamos de dibujar en todos los recreos, pero a veces teníamos que parar porque Pablo y Beto nos molestaban. Nos tiraban los marcadores al piso, nos arrancaban las hojas, nos hacían burlas. Y yo quería ser como los tiranosaurios del libro, para pisarlos con una pata gigante y que se dejaran de molestar. Pero no éramos ningunos dinosaurios, así que nos teníamos que defender hasta que viniera la maestra que les dijera que paren.

Con todas esas peleas los marcadores se fueron rompiendo o perdiendo. Así que un día, cuando papá llegó del trabajo, le pedí que me comprara unos nuevos. Pero justo estaba del mal humor y me dijo que no lo molestara. Había traído una máquina del trabajo que se había roto y la tenía que arreglar. Yo le quise insistir, pero mamá me dijo que lo dejara tranquilo o se iba a enojar. Así que me fui para mi pieza a jugar con los soldaditos.

Al rato bajé la escalera y vi que la puerta de la cochera estaba abierta. Me dio ganas de ver cómo era la máquina, así que me metí para mirar un poco. Al final, era bastante fea. Yo me la había imaginado grandota, con muchos cables y cosas, pero era como una caja de zapatos hecha de metal. En la parte de adelante tenía unas perillitas y un cable con un bastoncito en la punta. Tuve poco tiempo para verla porque en seguida entró papá a la cochera y me retó. Me dijo que la máquina era peligrosa para los chicos o algo así, que yo me tenía que ir para que él la arreglara tranquilo.

Yo le hice caso, pero dejé un poquito abierto para espiar desde afuera. Igual no me quedé ahí porque se iba a dar cuenta. Me fui para la cocina y volví un ratito después, haciendo poco ruido para que no se avivara. Entonces vi que había abierto la caja y que adentro sí tenía cable y partecitas de metal como yo pensaba. Con una pinza, papá tocaba las partecitas despacio, con mucho cuidado. Supongo que así la fue arreglando. Después metió todo de vuelta en la caja y agarró el cable largo que salía para afuera, ese que terminaba en un bastoncito. La punta era de metal. Papá lo levantó y se lo apoyó en el brazo, como pinchándose la piel. En ese momento pasó lo que menos me esperaba. Papá apretó uno de los botones de la máquina y el cuerpo le comenzó a temblar, como si se estuviera electrocutando. Fue un segundito no más, porque en seguida se paró, pero papá pegó un grito fuerte y yo me asusté mucho.

Para que no me viera, salí corriendo para la cocina. La bebé también había escuchado el grito y se puso a llorar. Por suerte mamá le puso el chupete y en seguida se calló. Un ratito después papá salió de la cochera y pasó por la cocina. Yo pensé que iba a estar enojado, porque el aparato debía seguir roto. Pero no, estaba bastante contento. Según él la máquina ya estaba arreglada.

Esa misma semana, Damián me invitó a la casa, bueno, en realidad fue su mamá la que llamó a casa y habló con la mía. Aunque eso no importa. La cuestión es que un día fui a lo de Damián después del colegio. La pasamos muy bien esa tarde. La casa tenía un jardín grande en el fondo, y ahí jugamos a ser investigadores en una selva, buscando dinosaurios. A veces hacíamos que nos perseguían y nos escondíamos entre las plantas para que no nos comieran. Como había llovido a la mañana, la tierra estaba un poco mojada y nos manchamos toda la ropa. Pero estábamos tan divertidos que ni nos dimos cuenta. Dejamos de jugar un rato después, para tomar la merienda. La mamá de Damián nos había hecho unas tostadas con manteca y leche chocolateada. Cuando terminamos (aunque en realidad yo dejé una tostada, porque estaba lleno) Damián me llevó a recorrer la casa. Mientras estábamos en el living, vimos que se abría la puerta y entraba alguien. Era su papá que volvía del trabajo. Damián me había dicho que era profesor de historia y daba clases en la universidad. Además tocaba la guitarra aunque yo nunca lo vi tocar, ni cantar, ni nada. Después de saludarlo, subimos las escaleras para ver el resto de la casa. Arriba estaban las habitaciones. Primero entramos al cuarto de Damián. No era muy grande, pero tenía una repisa toda llena de muñecos. Muchos eran dinosaurios, como los del libro aunque algunos eran distintos. El estegosaurio, por ejemplo, tenía menos espinas nos quedamos unos minutos mirándolos y después fuimos a la habitación de los papás. Me acuerdo que había un afiche bastante grande pegado en la pared, todo negro y rojo. Tenía la cara de un señor de barba, con el pelo bastante largo y una boina en la cabeza, una boina con una estrellita en el medio. Cuando bajamos y vi de vuelta al papá de Damián, me causó gracia que tenía el mismo pelo y la misma barba que el señor del afiche. Parecía que lo quería imitar. Igual no lo pude ver mucho porque un rato después llegó mamá, que me venía a buscar. Mientras nos despedimos habló un poco con la mamá de Damián. Quedamos en que la semana siguiente él venía a mi casa.

Cuando volvimos me encontré con papá y me preguntó cómo me había ido. Yo le conté que habíamos jugado en el patio, que habíamos tomado la merienda y que la casa de Damián era muy grande. Y le conté también del afiche que tenía el papá y que me causaba gracia que él tuviera el mismo peinado y todo eso. Esa parte no sé por qué le interesó más. Me pidió que le explique mejor cómo era el afiche, los colores, la boina con la estrellita y todas esas cosas. Entonces se puso bastante serio y fue a hablar con mamá yo le pregunté si había algún problema pero él me sonrió y me dijo que no, que no había ningún problema.

El resto de la semana fue como siempre. Seguimos dibujando con Damián en los recreos, aunque él ahora se había conseguido un libro de trenes, y empezamos a coparlos también, a parte de los dinosaurios. Después vino el fin de semana y no me acuerdo bien qué hice. Creo que fuimos a comer a lo de los abuelos. Bueno, igual ni importa lo que pasó el fin de semana. Lo importante es que cuando llegó el lunes y tuvimos clases de vuelta, Damián estaba raro. Parecía triste y no tenía ganas de hablar. En la clase, no dijo ni una palabra. Y después, en el recreo, yo saqué el cuaderno de los dibujos como siempre, pero él se fue a un rincón y se sentó con la cabeza para abajo. Pensé que se le iba a pasar, así que me quedé dibujando solo. Pero cuando se fue de vuelta para el mismo rincón en el segundo recreo, le fui a preguntar qué le pasaba. Me dijo que su papá se había perdido y no lo podían encontrar. Hacía varios días que no lo veía y lo extrañaba un poco. A mí me pareció un poco raro. ¿Cómo un señor grande como el papá de Damián se podía perder? Pero él me dijo que era así, que el jueves a la noche fue reunirse con unos amigos y no volvió más.

Todo eso me dejó un poco preocupado, y el resto del día estuve pensando en dónde podía estar. Mi papá me dijo que me quedara tranquilo. Que por ahí se había ido a pasear y en cualquier momento aparecía de vuelta.

Pero en el colegio Damián seguía bastante callado. Sólo una vez lo pude convencer para que viniera a dibujar conmigo y lo hizo con pocas ganas. Fueron varios días así hasta que llegó el fin de semana otra vez. Y el lunes siguiente, cuando volvimos después del fin de semana, Damián no estaba.

Por ahí se había enfermado, así que no dije nada. Pero cuando el martes faltó de nuevo, fui y le pregunté a la maestra Mónica si sabía algo. Me dijo que Damián y su familia se habían ido a España. En realidad no toda la familia, porque parece que el papá seguía perdido. Yo me quedé un poco confundido, y recién un rato después volví y le pregunté a la maestra cuándo iban a volver. Pero me dijo que no, que se iban a quedar a vivir allá. A mí eso me pareció lo más raro de todo, pero ella no me lo quiso explicar. Bueno, por ahí tampoco sabía. La cuestión es que yo estuve un poco triste ese día, sobre todo porque Damián ni siquiera había ido al colegio a despedirse ni nada.

Cuando mamá me vino a buscar le conté todo y me dio un abrazo. Me dijo que no me preocupara, que al principio lo iba a extrañar, pero después iba a encontrar otros amigos para jugar. Por ahí mamá tenía razón, pero yo no podía olvidar tan fácil. No tenía ganas de hacer nada y me tiré a la cama, a no hacer nada. Al rato papá me fue a saludar. Como vio que estaba un poco mal, me invitó a jugar a los soldaditos. Al principio le dije que no, pero después me insistió y acepté. Agarramos los muñequitos y los llevamos al jardín. Los pusimos entre las plantas, como si estuvieran luchando en medio de la selva. Ahí vimos que no estaban todos. Faltaban varios soldaditos rojos. Así que volví a la pieza a buscarlos, a ver si se habían caído ahí. Pero no estaban. Bajé las escaleras y le pregunté a mamá. Pero tampoco sabía. Así que volví al jardín con papá. Y seguimos jugando.

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA GANA EL IX CONCURSO LITERARIO NACIONAL "VILLA DE PERIANA" CON SU RELATO TITULADO "PARÍS, POSTAL DEL CIELO"



El área de Cultura y Educación de la Diputación Provincial de Málaga y el Ayuntamiento de Periana han hecho entrega del premio correspondiente al IX Certamen Literario Nacional Villa de Periana. Fallo del Premio: 11 de diciembre de 2000.

IX Certamen Literario Nacional Villa de Periana
En esta edición, el Premio ha sido otorgado a la obra titulada "París, postal del cielo", original del escritor bilbaíno Pablo Martínez Zarracina. El Premio está dotado con 300.000 pesetas.
El jurado estuvo formado por Antonio Clavero Muñoz, periodista; Javier Hidalgo León, empresario; José Antonio Mesa Toré, coordinador de actividades del Centro Cultural Generación del 27, diputación Provincial de Málaga; Rosa Palma Benítez, concejala de Cultura del Ayuntamiento de Periana; y Francisco Díaz, escritor.


PABLO MARTINEZ ZARRACINA
Nace en Bilbao, junto a la Plaza de toros de Vista Alegre, en noviembre de 1974.
Estudia en los Escolapios en la Alameda de Recalde, toma su primera comunión en la Basílica de Nuestra Señora de Begoña, deserta de los boy-scouts, crece, erupta, sufre, duerme y hace el idiota por ahí.
Principia estudios de Sociología en la Universidad del País Vasco, aunque hará todo lo posible para no terminar jamás dicha carrera. Bebe whisky en inhóspitos cubiles de la calle de La Esperanza, va a los toros, lee a Gracián y le suelta una patada a un perro que pasaba por ahí.
Persevera en su asma al estilo de Marcel Proust, descubre al bueno de Emilio Miguel Cioran y sufre severos ataques de misantropía. Se declara, por este orden, partidario de Antonio Bienvenida y de Roberto Polaco Goyeneche, de José Miguel Arroyo, Joselito, y de don Ramón María del Valle-Inclán.
Escribe por estar entretenido y por no terminar en la cárcel que es, para algunos, su querencia natural.
Ha perdido algunos concursos (fue finalista del Juan Martín Sauras) y ha ganado algunos otros, entre ellos el VII Concurso de Relato Erótico de la Universidad del País Vasco, el Premio Literario Café bretón de Logroño, y el Premio Argaya de ensayo, que concede, con rigurosísimo criterio la Diputación de Valladolid.
También consiguió el Premio Opera Prima 2000 de Crítica Literaria.
En la actualidad, AMG Editor ultima la publicación de su libro "La fascinación de los extremos (Tránsitos 1998-2000).




PARÍS, POSTAL DEL CIELO por Pablo Martínez Zarracina.

Cerraron la facultad a la que ya ni siquiera acudía, eran tiempos en los que cambiaría la Historia, días turbulentos que yo gasté paseando mi envoltura hambrienta y arruinada de estudiante extranjero por las calles de aquel París desmesurado y municipal que amaba y detestaba, como a casi todo, al mismo tiempo. Había que escapar tanto del proselitismo ramplón de las manifestaciones que enfollonaban el centro de la ciudad como del insoportable tópico versallesco del París de las postales. Plaza de la República abajo, caminaba sin prisa, un día tras otro, hacia el cementerio Père Lachaise, aquel fosal inasediable de muros grises en el que, entre un bosque blanco de estatuas funerarias, Balzac o Molière se pudrían junto a cualquier vulgar merchán decimonónico. Fueron tardes enteras paseando entre los muertos, mientras afuera, en las calles, los vivos preparaban sus revoluciones viciadas de entusiasmo, hipnotizados por el rebuzno aquel de que bajo los adoquines comenzaba la playa.

-¡Seamos realistas, pidamos lo imposible!

Como un presagio extraño, las sombras sordas de los aviones que se deslizaban hacia algún aeropuerto cercano cruzaban, pájaros fúnebres, el cielo inverso y ceniciento de las sepulturas. Yo no sabía si bajo los adoquines estaba la playa, pero estaba seguro de que bajo la tierra húmeda y carnal del Père Lachaise ardía una charcutería caótica de hombres agusanándose. Y por eso, para calmar absurdamente la inquietud que tal certeza me causaba, robaba las flores que cualquier bondadosa nietecilla acababa de poner sobre la tumba del abuelo Theophile y, tras musitar una improvisada oración pagana, las colocaba en el discreto panteón de Oscar Wilde o en la tumba olvidada del siempre excesivo Modigliani.


¡La imaginación al poder!

¡La imaginación al poder!

Bullía aquel París que me tocó. La ciudad era un tráfago de gente apresurada y murmurante.

Los universitarios hacían conseja en las esquinas con los bolsillos de las pellizas hinchados de panfletos, libros de Sartre y piedras de hachís. Las plomizas furgonetas de la policía irrumpían de pronto en escena, frenando en un chillido oxidado, vomitando su entraña multitudinaria y malcarada de porras, perros y gendarmes.

Era como si la ciudad entera, todos menos yo, participase en un juego de chiquillos traviesos, apasionante de carreras, héroes, heridos y malvados. Me lo decían los compañeros de la facultad, me lo decía el inevitable Jean Pierre:


¿Vendrás hoy a la asamblea, verdad? Ya verás, ya verás vamos a poner en su sitio a De Gaulle y a sus fascistas.

Demasiado cansado, demasiado escéptico, demasiado viejo para asambleísta, nunca lo supe. El caso es que asentía vagamente, sí, sí, claro, les vamos a dar duro a estos jodidos fascistas…, y me escapaba dando un paseo por el Canal de San Martín hasta el parque de San Martín hasta el parque de Buttes-Chamont, mi parque favorito de todo París. Se trataba de un parterre decadente y misterioso que, escondido al este de la ciudad, respiraba redimido de esa pandemia chillona y fotográfica que son en París los turistas. Allí podía charlar un rato con los fantasmas de los suicidas románticos que pululaban por los jardines y, después, pasarme las horas leyendo frente al lago ajadas ediciones de Céline y de Baudelaire que robaba en los tenderetes del viejo Montmartre.


¡Lo acabamos de decidir en la asamblea! ¡Mañana por la mañana vamos a ocupar los Campos Elíseos! ¡No puedes faltar!


Cómo voy a faltar. Hay que darles duro a esos jodidos fascistas…

Y luego no iba, claro, y mucho menos si la francachela contestataria tenía horario de mañana. A las mañanas el bueno de Jean Pierre, tu novio, bueno tu novio no, tu compañero, tu camarada, tu complemento eróticosentimental, tu apéndice sexorevolucionario, o lo que coño fuese, se iba pronto a la asamblea o a la manifestación o a lo que tocase, y yo me acercaba al Barrio Latino, a vuestro ático alquilado de la rue de Seine número 21, cerca de donde dicen que vivió George Sand.

Por temor al escándalo y a la electrocución nunca pulsaba aquel timbre ruinoso de cables tiesos y achicharrados. A modo de contraseña martilleaba sobre la puerta la Marcha de los toreadores de Bizer.


¡Ah, ejes tú, mi togeador! – Decías algo parecido al español. Imposible olvidad aquel pestazo a sándalo, pachuli y marihuana, aquellas fotos de los Beatles con el gurú Maharishi, aquella guitarra acústica colgada en la pared, el murmullo coñazo de los discos de Dylan, el onanismo drogado y eléctrico de la Jimi Hendrix Experience, las cortinas de seda rosa, el inmenso cartelón con la jeta del Ché, al que, por cierto, acaban de tirotear en Bolivia. No faltaba de nada: aquella buhardilla vuestra era el santasantórum de la revolución, la modernidad, la contracultura y el poder de las flores.


-¿Tú sabías que aquí al lado vivió George Sand?

Era alta, triste, amplia, bella deslavazado. Tenías los dientes grandes, el pelo liso, el cuerpo múltiple y tibio, generoso y acogedor.


¿George Sand? ¿Y quién es ese señor?

Estudiabas Psilocogía o Sociología o Pedagogía o alguna otra estupidez por el estilo. Últimamente apenas acudías a tus clases. Jean Pierre, en cambio, se largaba pronto; era un hombre ocupado el muy imbécil. Te quedabas en la cama, fumando largas genealogías de aquellos cigarrillos de has que tan torpemente confeccionabas, bebiendo litros de mate amargo que hervía en la bombilla tallada que un día alguien te trajo de Argentina.

Me abrías la puerta despeinada, medio dormida, medio desnuda. Apenas llevabas una breve camiseta roja que tenía impresa en negro la fea cara de Mao – Tse – Tung.

- Era una señora. Se llamaba Aurore Dupin. Escribía libros.

- Como tú.

- También era un poco golfa.

- Como yo.

Y te reías con tu boca grande, con tus dientes grandes, con tus labios grandes, gruesos, que a mí, al besarlos, me sabían un poco a pecado, otro poco a tierra y otro poco a pan con chocolate.

Siempre colgabas mi chaqueta de estudiante pobre en el perchero de cáñamo en el que dormitaban los horribles abrigos afganos de Jean Pierre.

- Decís que sois feministas, que sois socialistas, y ni siquiera habéis leído a George Sand. Bueno, como la vais a leer si ni siquiera sabéis quién es.

- Ya sabes, ahora lo que se lleva es Kerouac.

- Kerouac es una mierda.

- Pues a Jean Pierre le gusta mucho. Ahora está leyendo uno que se titula Los Túneles o algo así.

- Los subterráneos, amor los subterráneos.

O quizá me acercabas el cigarrillo de hachís que acababas de liar y mientras lo encendía, imaginaba a Jean Pierre, Boulebard Sant Michel arriba, embutido en uno de sus horribles tabardos afganos, enarbolando sus ínfulas guerrilleras, sus convicciones revolucionarias y su cornamenta florida de arce canadiense macho.

- A tu Jean Pierre, que en estos momentos se dispone a cambiar el mundo a base de encajar muchos porrazos, le estamos poniendo tú y yo una encornadura floreciente y churrigeresca.

- ¿Qué es churrigeresca?

- El churriguerismo, amor, es el rococó francés pero a la española; o sea, a lo bestia.

- Por eso engaño a Jean Pierre contigo, porque tú eres como él, pero a la española; o sea, a lo bestia.

Y entonces me besabas honda y largamente, besabas como si fueras a comerme, besabas besos de mar, adentelladas besabas, que algo así dijo el poeta, el caso es que tumbados en la cama confusa de rasos y fulares me besabas, con lenta voracidad, con loca parsimonia, con todo tu cuerpo me besabas y era aquello un incendio de manos, un combate de lenguas, un violento revuelo de ropas que sobraban. Y Jean Pierre, pensaba yo en la tregua gustosa del dejarse hacer, dándose guantazos con los gendarmes, alzando sus pancartas chillonas de flores y palomas, berreando hasta la afonía sus cancioncillas bobas y bienintencionadas. Algo así pensaba yo mientras clavaba mis ojos mucho más allá del techo desconchado, mientras sentía la calidez vegetal de tu boca dulce, mientras me abandonaba a la gustosa carnalidad de nuestro crimen.

Eras alta, triste, amplia, bella, deslavazada, era París, rue de Seine, número 21, eras tú y tus dientes grandes, tu pelo liso, tu cuerpo múltiple y tibio, generoso, acogedor. La buhardilla era ya una guerra de roces y saliva, una violenta obcecación eramos nosotros. La rebeldía movediza de tus senos, como puños de agua o miel, la artesanía tersa y cadenciosa de tu vientre, el alabe exacto y maternal de tus caderas, el limpio tafetán de tu espalda interminable, la onda y caliente musgosidad que allé en tu herida. Te ofrecías palpitante entre resuellos, y el canalla que albergo volvía a pensar un instante en tu novio Jean Pierre, que luchaba por redimir al mundo mientras tú gemías derramándote, palpitando como un animal arrebatado. Lenta liturgia del amor o de lo que fuese, la solemnidad gozosa de entreabrir un cuerpo de mujer, el ritmo antiguo y desatado de dos cuerpos que se confunden en un solo e impúdico animal. Naufragar salvajemente, perdidamente, en otro. Sumergirse en el océano cruel y hermoso que tú encarnabas, beber el sabor de tu desgarro, morder la huidiza luz que más me hería. Hasta que cerrabas los ojos y tensabas los labios gruesos, dolientes, y tus manos se clavaban en mi espalda como dos dolientes enredaderas. Hasta que yo, entremuriendo a fuego en tus entrañas, aprendía que no había redención posible libre de la lazada hambrienta de tus piernas, fuera del prodigio quemante de tu cuerpo. Y entonces ya, sabiamente, ibas destrenzando la ansiosa ligazón de tu lujuria, hasta perderte, hasta perdernos, en aquella manigua estupefaciente de aliento y cataclismos.

Un aroma denso de sexo, almizcle y marihuana quedaba flotando en el destartalado cielo de la buhardilla.

- Se ha hecho tarde. Puede llegar Jean Pierre.

- Si viene Jean Pierre le mato.

- Oh, ustedes los togeadoges, siempre matando animales inocentes.

- Ya ves. Y más si gastan cuernos.

Me despedías desnuda y despeinada me besabas inocentemente entre la oscura humedad del cochambroso rellano. Recuerdo hasta las escaleras enrevesadas y estrechas que tenía que bajar para llegar hasta la calle. La luz fría y luminosa de la rue de Siene, la luz del cielo de París, me devolvía al ingrato presente que, despojado de ti, habitaba.

Por algo hacer, mientras caminaba, me recordaba a mi mismo que en cualquiera de aquellas casas había vivido George Sand, que por aquel mismo lugar quizá pasaron un día Gautier, Chopin o Liszt a la busca de la caliente y turbulenta intimidad de mademoiselle Dupin. Subir las escaleras de una casucha del Barrio Latino detrás de una mujer: eso era, al parecer, vivir en París.

Para evitar toparme con Jean Pierre, solía bajar por la rue Bonaparte hacia Montparnassa. Otras veces, me dirigía hacia Notre-Dame y en la plaza de Saint Michel me encontraba con aquel pobre infeliz que llegaba exultante, sonriente, con un ojo amoratado, con una ceja partida, recogiendo la sangre que le manaba de la nariz quebrada en un moderno fular de gasa lila. A veces hasta me abrazaba. ¿Has estado, no? Ha sido un éxito. Hemos reunido a miles de personas. No me ha parecido verte. Se han sumado los obreros. El cerdo De Gaulle nos va a tener que escuchar ahora. Al final han cargado los muy hijos de puta. Ha sido una verdadera batalla. Un éxito. Tenías que ver como se las gastan los sindicalistas. Pero bueno ¿Qué te estoy contando? Ya lo habrás visto tu mismo. ¿Porque has estado, no? ¡Un éxito! Pero te dejo, te dejo, que se lo tengo que contar a Marie. Y se iba corriendo camino de la buhardilla de la rue de Seine, con su tabardo afgano al hombro, radiante, agitado, inocente, invicto, honesto, igual que un niño, un buzón o un perro. Quizá incluso se giraba para despedirse agitando los brazos. ¡Nos vemos mañana en la concentración! ¡Frente a la asamblea no se te olvide!

Y yo me arrebujaba en mi chaqueta triste de extranjero pobre y seguía caminando hacia ningún lugar, hacia cualquier rincón de aquella ciudad que no me pertenecía.

- Sí, sí, claro, hay que darles duro a esos jodidos fascistas.

Muelle de Grands Augustins, acuarela en piedra del corazón enfermo de aquel París que me tocó. El río como un labio de agua gris, la humedad resplandeciente del cielo sobre el puente de Austerliez, la arquitectura móvil, lenta, de los bouteaux avanzando frágiles pero solemnes, siempre presumidos de estrinques y aparejos. París, postal del cielo firmada por el Sena. Había tenido que venir un poeta nacido, como yo, mil kilómetros al sur de la Torre Eiffel, para revelarlo: París, postal del cielo firmada por el Sena. Parecía que no iba mal la revolución, parecía que al final iban a cambiar las cosas en París, en Francia, en el mundo. Ni al Sena ni a mi nos importaba demasiado. El cielo fijaba su perfección azul prusia sobre el lienzo de agua vieja que era el río. Como una de aquellas barcas ajadas me alejaba yo, echado al través de mi vida, desahuciado de París, despojado de ella, con las manos teñidas de un tibio aroma a algas vaginales, con los ojos encenagados de un brillo muerto, con el paso lastrado, malherido, de abandono, dolor y desencanto.


lunes, 13 de enero de 2025

JESÚS ARTACHO REYES GANADOR DE LA XV EDICIÓN DEL CERTAMEN NACIONAL DE LITERATURA "VILLA DE PERIANA" CON SU OBRA TITULADA "PHILLIES".


JESÚS ARTACHO REYES GANADOR DE LA XV EDICIÓN DEL CERTAMEN NACIONAL DE LITERATURA “VILLA DE PERIANA”.


NOTA DE PRENSA APARECIDA EN EL DIARIO SUR EL 19/11/2006

Un relato sobre Edouard Hooper gana el premio Villa de Periana.

EFE - www.diariosur.es 
El relato “Phillies”, obra que homenajea al cuadro “Nighthauks” del pintor norteamericano Edouard Hooper, ha sido la obra ganadora del XV Certamen Nacional de Literatura Villa de Periana. La narración, obra del joven autor Jesús Artacho, se desarrolla en una papelería denominada Phillies, el mismo nombre que tenía el café típicamente americano de los años 30 que Hooper plasmó en su cuadro de 1942,

Según el propio autor, natural de Cuevas Bajas, el relato tiene como protagonista a un niño que se interroga por el motivo de que su padre haya decidido poner dicho nombre a la papelería que regenta. Durante la trama, las relaciones entre los personajes que frecuentan el establecimiento “van dando pistas al niño, que comprende poco a poco la razón de la dominación elegida por su progenitor”.

El ganador ha recibido un cheque de 2.000 euros y verá publicada su obra en la revista “El Maquinista de la Generación”, editada por el Centro Cultural de la Generación del 27 de Málaga.

PHILLIES

Phillies. Así se llama la papelería de mi padre. No pudo ponerle cualquier otro nombre: tuvo que ser Phillies.

Es por el pintor Edward Hopper. En un cuadro suyo, titulado en inglés Nighthawks, hay un bar o un restaurante que se llama Phillies.

No tengo ningún reparo en decir que el cuadro no me gusta. Es más: incluso lo detesto. En el cuadro que les digo no hay nada, sólo una calle desierta y cuatro personas: una mujer y tres hombres. Uno, que lleva un gorrito blanco, está tras la barra de Phillies. Los otros dos, trajeados, llevan un sombrero de fieltro. Uno está solo y de espaldas, y el otro, que parece estar fumando, aunque en el cuadro no se observa ni pizca de humo, quizá no haya encendido aún el cigarrillo y sólo lo sostenga entre los dedos, el otro, digo, está acompañado por una mujer rubia de vestido rojo que, dicho sea de paso, no se ve muy animada. De hecho, parece que se esté mirando las uñas, de puro aburrimiento. Pero si uno presta atención descubre que no es así, sino que mira un pequeño papel que sujeta entre los dedos. Total, que en el cuadro no pasa nada. No se mueve ni una mosca.

No sé por qué mi padre le puso ese nombre a la papelería. Cada vez que se lo pregunto me dice que porque le gusta, o cosas por el estilo para salir del paso, pero barrunto que en el fondo tiene que haber otras razones. Mi padre no es un entendido en arte, ni mucho menos, e incluso sospecho que Nighthawks es el único cuadro que le gusta.

Mi padre dice que el cuadro que hay en la papelería no vale demasiado dinero. Le pregunté una vez si había visto el original, si sabía dónde estaba.
Contestó que no lo había visto, y tampoco sabía dónde estaba. Creía que en Chicago, pero no lo sabía con seguridad y tampoco le importaba mucho.

El cuadro es muy grande y está junto al mostrador, así que no hay más remedio que mirarlo mientras uno está esperando a que lo atiendan. Todo el mundo lo hace. La mayoría no dice nada al respecto, echa un vistazo y pronto mira para otro lado. La madre de Ricardo opina que es un cuadro muy soso, que ya puestos mi padre podía haber elegido un paisaje (mucho más agradable de ver). Pero a otros les gusta el cuadro. Es más: hay gente que viene a comprar a Phillies principalmente por el cuadro. Algunos de ellos no se conocían y se han hecho amigos. Todos ellos, sin excepción, le han preguntado a mi padre cómo es que le puso tan curioso nombre a la papelería. Y todos ellos han obtenido una respuesta nunca superior a dos frases, del todo insatisfactoria.

Destaca, entre ellos, Víctor. Es raro el día en que Víctor entra a la papelería y no tiene un comentario para Nighthawks. 
-Paisajes, marinas, bares -dice-, ventanas, tipos solitarios con la mirada perdida, edificios urbanos, vías de trenes, rectángulos de luz en las paredes de habitaciones vacías. Todo eso es Hopper. Pero no hay nada como Nighthawks: los noctámbulos, los halcones de la noche.

O dice:

-Me pregunto si el tipo que está de espaldas ha elegido voluntariamente la soledad. Es curioso: la persona en la que se basó Daniel Defoe para escribirRobinson Crusoe no naufragó, sino que voluntariamente pidió que lo dejasen allí.
Pensaba que tras él se amotinaría toda la tripulación, pero se equivocó, lo dejaron solo y en aquella isla, en la más completa soledad, pasó los siguientes cuatro años de su existencia. Cuando llegó a Inglaterra de nuevo, intentó seguir con su vida. Se casó. Pronto, sin embargo, volvió a embarcar. Necesitaba echarse a la mar. ¿Y por qué? La respuesta es muy sencilla: porque echaba de menos la soledad.
 
O bien:

-No hay contacto entre los personajes. Cada uno está en su mundo, cada uno vive en su interior. Esto es: incomunicación, alienación del individuo en una ciudad poco menos que hostil. Noctámbulos. La noche como refugio. O la noche asociada a sueños que nunca se van a cumplir.

Mi padre escucha atenta y educadamente todo esto sin apenas comentar nada. Víctor no es muy alto y está completamente calvo pese a ser algo más joven que mi padre. Aunque vive lejos, siempre viene a comprar a Phillies. Es escritor, y se suele llevar bolígrafos, estilográficas, folios, cuadernos y esa clase de cosas. Mi padre dice que aún no le han publicado un solo libro. Un día mi padre le dijo que por qué no inventaba una historia con los personajes del cuadro, por qué no le daba vida a Nighthawks. En ese preciso momento estaba yo en el cuarto de baño de la trastienda, y me subí a un pequeño taburete desde donde, de puntillas, alcanzo a una pequeña ventana por la que se ve la tienda. Víctor, que llevaba una camiseta verde, respondió que no era mala idea.

-No es mala idea -repitió.

Pero la verdad es que no parecía demasiado entusiasmado con el asunto.

Aquella tarde de otoño entrenamos más de dos horas. El sábado comenzaba la liga de fútbol siete, y el entrenador estaba más tenso que de costumbre. Llegué a la papelería sudando y con las zapatillas llenas de barro. Phillies estaba vacío a esa hora. Mi padre, sentado tras el mostrador, hacía algunas cuentas con la calculadora.
Me dijo que había que traer unas cajas de la trastienda y colocar cada cosa en su sitio. Lo escuché sin detenerme, de camino al baño.

Me lavé un poco la cara y las manos. En un momento dado, en el silencio sonó la campanilla de la puerta. Se oyeron unos pasos acercándose con lentitud, a los que siguieron unos momentos de silencio. No se oía ni una mosca.

Me subí al taburete a ver qué pasaba. Al otro lado del mostrador, frente a mi padre, a quien veía de espaldas, había una mujer alta con un jersey azul. Tenía el pelo largo y moreno, y la piel blanca, casi pálida. No era una de esas mujeres despampanantes que salen en la televisión, pero la verdad es que era bastante guapa.

Permanecían los dos como inmóviles, frente a frente, en un insólito silencio que se prolongó durante unos segundos que se me hicieron eternos. Entonces ella miró el cuadro y luego a mi padre.

-Te encontré -dijo.

Y mi padre:

-Has tardado.

Ella dijo:

-Nunca es tarde -y pareció que sonreía.

Y así, sin añadir nada más, se dio la vuelta. Sus pasos se volvieron a oír -firmes, serenos- y la campanilla de la puerta tintineó en el silencio.

Para cuando me bajé del taburete, ya me dolían los tobillos de tanto estar de puntillas.

Mi padre aún miraba en dirección a la puerta. De repente se giró y me miró.

Como si acabara de llegar de un largo viaje, dijo:

-Daniel, a qué esperas para traer esas cajas -y se sentó de nuevo para seguir con los cálculos que estaba haciendo antes, como si nada hubiese ocurrido.

Pero esa misma noche, con las luces apagadas, descolgó el cuadro de Edward Hopper y lo guardó en el trastero.

Dos semanas después se lo vendió a un alemán que medía como dos metros.

Jesús Artacho Reyes

sábado, 11 de enero de 2025

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "FORMACIÓN A LA ESPELEOLOGÍA" DE JUAN JESÚS GÓMEZ QUINTANA.

 






Una guía completa para los amantes de la espeleología

La espeleología es una actividad fascinante que combina aventura, conocimiento y una buena dosis de conocimientos y habilidad técnicas que hay que adquirir con formación y práctica. Formación a la espeleología, de Juan Jesús Gómez Quintana, es una completa guía para todos aquellos apasionados en esta disciplina que quieran ampliar sus conocimientos.

Presentado en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Periana, con este primer trabajo su autor ha querido compartir con la comunidad espeleológica sus conocimientos como Técnico Deportivo 1. Diseñando un manual tanto para principiantes como para espeleólogos más experimentados que buscan ampliar sus conocimientos y ganar autosuficiencia en el marco de esta actividad.

Del trabajo de Gómez Quintana, cabe destacar el enfoque práctico y detallado que permite a los lectores encontrar información esencial para practicar la actividad espeleológica con seguridad. Desde los conceptos básicos como puede ser conocer el equipo necesario para la práctica de esta actividad a las primeras técnicas de progresión vertical por cuerda, hasta conocimientos más avanzados como son las técnicas de instalación y anclajes o técnicas de autosocorro; este trabajo permite a cualquier espeleólogo iniciado ampliar su conocimiento en la práctica de este deporte con mayor seguridad y eficiencia.

Sobre el autor

Natural de Alameda, Juan Jesús Gómez Quintana cuenta con una dilatada trayectoria como espeleólogo. Técnico Deportivo 1 desde hace más de una década. En la actualidad forma parte del Grupo Espeleológico de la Axarquía del que es socio fundador y Vocal de Formación; una entidad que está desempeñando un papel clave en el desarrollo y difusión de esta disciplina en la zona de la Alta Axarquía.

La pasión de Juan Jesús por la espeleología se refleja en cada página de su libro, que combina su vasta experiencia práctica con un enfoque pedagógico accesible para todos los niveles.

domingo, 5 de enero de 2025

CABALGATA DE REYES Y ENTREGA DE REGALOS 2025.

 













Una mañana mágica en Periana

Hoy, los niños y niñas de Periana han disfrutado de una inolvidable Cabalgata de Reyes Magos, un evento cargado de ilusión, alegría y momentos especiales. Las calles de nuestro pueblo se llenaron de risas, colores y la emoción de los más pequeños al ver desfilar a Melchor, Gaspar, Baltasar y sus Pajes, quienes repartieron 350 kgr. de caramelos y sueños en cada rincón.
Desde aquí, queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a todas las personas que han hecho posible esta maravillosa celebración: organizadores, colaboradores y vecinos que han participado con entusiasmo para mantener viva esta hermosa tradición que nos llena de magia y esperanza.
La magia de los Reyes Magos nos une como pueblo y nos recuerda la importancia de compartir, soñar y celebrar juntos.
¡Feliz Día de Reyes para todos!










¡Así vivimos la magia de los Reyes Magos en Periana!

Queremos agradecer a todas las familias que nos acompañaron en la entrega de regalos por los Reyes Magos. Fue una tarde llena de ilusión, sonrisas y momentos mágicos que quedarán en nuestros corazones.
Gracias a los Reyes Magos por traer alegría a nuestros pequeños y a todos los voluntarios que hicieron posible este evento tan especial.
¡Nos vemos el año que viene para seguir compartiendo esta bonita tradición!

jueves, 2 de enero de 2025

AGENDA CULTURAL DE PERIANA 2025



AGENDA CULTURAL 2025


ENERO

Día 1: Concierto de Año Nuevo

Día 5: Entrega de regalos y cabalgata


FEBRERO

Día 09: VI Media Maratón Villa de Periana.

Día 22: Jornada Cultural (Salón de Actos María Zambrano).

Día 28: Día de Andalucía


MARZO

Día 1: Carnaval Infantil y Noche de Carnaval

Día 7: Día de la Mujer

Día 14 y 15: II Ruta de la tapa.

Día 21, 22 y 23 Feria de San José en Los Marines.

Día 29: La liebre de marzo (concierto clásico en la iglesia San Isidro).


ABRIL



Día 17 y 18: Jueves Santo y Viernes Santo

Día 19: Pasajes Bíblicos (una selección de pasajes bíblicos se interpretarán en el casco antiguo de Periana a partir de las 12:00 h

DÍA 20: Día del Libro (Mercadillo del día del libro en la Plaza de Andalucía), manualidades, fabricación de marca páginas, presentaciones de libros, cuentacuentos...

Día 26 Y 27: XXIV Edición del Aceite Verdial


MAYO

Día 1: Abierta convocatoria del XXVI Certamen Literario Nacional “Villa de Periana”

Día 14, 15, 16, 17 y 18: Fiestas Patronales en honor a San Isidro Labrador.

Día 23, 24 y 25: Romería en honor a San Isidro.

Día 29, 30, 31 y 1: Fiestas Patronales en honor a San Fernando (Mondrón)


JUNIO

Día 1: Ciclo de teatro titulado "DOMINGOS DE TEATRO" (con sesiones los días 1, 8, 15, 22 y 29 de junio) a las 20:00 h

Día 5: Día Mundial del Medioambiente. Jornadas

Día 22: Celebración Corpus Cristi - I Concurso de "Altares"

Día 28: Misa y Procesión en Honor a San Juan Bautista.


JULIO

Día 4: III Velada Poética "PERIANA BAJO LAS ESTRELLAS"

Día 18, 19 y 20: Fiestas Patronales en honor a la Virgen del Carmen (La Muela)

Del 15 de julio al 14 de agosto: Cine de Verano en Periana y aldeas (Los Marines, Mondrón, La Muela y Regalón)


AGOSTO

Día 22, 23 y 24: Feria de Agosto


SEPTIEMBRE

Día 7 y 8: Celebración Santa María de la Cabeza.


OCTUBRE

Día 11 y 12: Fiestas Patronales en honor a la Virgen de Santa Teresa (Regalón)

Día 15: Día de la Mujer Rural.

Día 19: Día contra el cáncer de mama. VI Carrera y caminata solidaria a favor de la Asociación Esperanza.


NOVIEMBRE

Día 8 y 9: Rally Crono Periana

Día 15: Convivencia Axarquía Diversa.

Día (desde el 15 al 23): Semana Cultural

Día 22: Concierto Santa Cecilia.

Día 23: Fallo del XXVI Certamen Literario Nacional "Villa de Periana"


DICIEMBRE

Día 1: I Concurso de fachadas y balcones navideños.

Día 1: III Concurso de Postales de Navidad.

Día 6: Encendido del alumbrado de Navideño.

Día 8: Celebración de la Inmaculada Concepción.

Día 10: Concierto alumnado de música IES Alta Axarquía. (Salón de Actos María Zambrano) 

Día 14: Mercadillo solidario navideño.

Día 15: Gala de Navidad de Gimnasia Rítmica.

Día 16: Almuerzo de la Tercera Edad.

Día 19: Encuentro/Convivencia Clubs de Lectura ( 18:00 h)

Día 20: Encuentro Navideño de coros.

Día 21: Periana baila por Navidad (Grupos de baile)

Día 24: Actividades Infantiles, visita de Papá Noel y reparto de caramelos.


NOTA: TODOS LOS EVENTOS AQUI REFLEJADOS ESTÁN SUJETOS A MODIFICACIÓN SEGÚN LAS NECESIDADES DE AGENDA DE SUS ORGANIZADORES.

miércoles, 1 de enero de 2025

CONCIERTO DE AÑO NUEVO REALIZADO POR LA BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE PERIANA.

 








01/01/2025
Hoy hemos celebrado el tradicional concierto de Año Nuevo, en donde nuestros músicos han interpretado una selección de villancicos clásicos, en esta ocasión acompañados del joven Atanasio Oviedo García que ha interpretado varios villancicos con su piano, que ha logrado emocionarnos a todos los presentes, enhorabuena por tu talento y por acompañarnos en este día tan especial.