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domingo, 17 de mayo de 2026

Historia de los pregoneros de Periana en honor a San Isidro Labrador.



Hombres y mujeres desde el año 1988 han escrito sus mejores palabras para nuestro pueblo y nuestro patrón. No podía perder la oportunidad de recopilar sus nombres y sus pregones ya que gracias a sus palabras han realzado la figura de nuestro San Isidro y han recordado su infancia, su niñez y sus experiencias en la tierra que los vio nacer. Para ello mi primer impulso fue ponerme en contacto con José Manuel Frías Raya, le planteé mi nuevo proyecto el cual apoyó desde el primer momento, gracias y mil gracias a él pude tener en mis manos 9 pregones, los cuales, estoy redactando uno a uno y compartiendo con todos vosotros.

La tarea de localizar cada pregonero con su año exacto ha sido complicada hasta localizar a mi amigo Rafael Perea que nada más plantearle la idea me buscó todos los programas de la feria de San Isidro de aquellos maravillosos años.

Gracias también a Rafael Núñez que me consta está haciendo todo lo posible por ayudarme y a Adolfo Moreno por aportar datos importantes a mis hallazgos; decir que fue él en el año 1988 y su grupo de mayordomos los que propusieron por primera vez este acontecimiento.

Sé que sois muchísimos los lectores que día a día consultáis mi página y me gustaría pediros un favor a todos y cada uno de vosotros, a continuación voy a poner la lista de los pregoneros que pasaron por Periana a falta del año 1990 que aún no he localizado su nombre, si alguien puede ayudarme a conseguir los restantes puede hacerlo enviándolos a mi email perianaypedanias@hotmail.com, gracias a todos de antemano.

PREGONEROS DE PERIANA
1º - 1988 José Luis Navas Carrasco
2º - 1989 Carmelo Martínez Infante
3º - 1990
4º - 1991 Fernando Arcas (Delegado de Cultura).
5º - 1992 José García Téllez
6º - 1993 Rafael Nuñez Ruiz
7º - 1994 Miguel Blanca Gómez
8º - 1995 Antonio Ruiz Torés
9º - 1996 José Luis Navas Carrasco
10º - 1997 Antonio Moreno Zorrilla
11º - 1998 Antonio Zorrilla Ruiz
12º - 1999 Francisco Santos Arrabal
13º - 2000 Francisco Arrebola Larrubia
14º - 2001 Juan Manuel Núñez Arrebola
15º - 2002 Francisco Arrebola Larrubia
16º - 2003 José Luis Clavero Moreno
17º - 2004 José Luis Clavero Toledo
18º - 2005 Dionisio Camacho González
19º - 2006 Pilar Barroso García
20º - 2007 José Antonio Guerrero Zorrilla
21º - 2008 Jesús Isidro Zorrilla Martín
22º - 2009 Mercedes Alarcón Fernández
23º - 2010 José Manuel Zorrilla Barroso
24º - 2011 José Manuel Frías Raya
25º - 2012 Antonio Frías Zorrilla
26º - 2013 Rosa María Rodríguez Muñoz
27º - 2014 Francisco Moreno Torés
28º - 2015 Juan Luis Ríos Martín
29º - 2016 Gema Frías Luque
30º - 2017 Francisco Ramón Larrubia
31º - 2018 Mª Carmen Benítez Cuevas
32º - 2019 María Dolores Salazar Benítez
33º - 2022 Pilar Serrán Segovia
34º - 2023 D. Francisco Ángel Camacho González
35º - 2024 Mariola Mantas Guerrero
36º - 2025 María Dolores Parra Jiménez
37º - 2026 Francisco Guerrero García



jueves, 14 de mayo de 2026

Pregón nº 37 de las fiestas de San Isidro Labrador a cargo de D. Francisco Guerrero García.

















PREGÓN DE SAN ISIDRO 2026

En primer lugar, quiero mostrar mi más profundo agradecimiento a la hermandad de San Isidro y al Ayuntamiento, por confiarme el pregón de estas fiestas aquí en mi pueblo.

No lo dudé ni un instante cuando José María y Loli me hicieron una video llamada proponiéndome ser el pregonero de este año. ¡Qué emoción tan grande la de estar aquí con vosotros y celebrar juntos nuestra feria!. Es un honor que llevaré siempre en el corazón.

Quisiera agradeceros a todos, familiares y amigos, el que hayáis querido compartir conmigo estos momentos de la lectura del pregón que da comienzo a las fiestas en honor de nuestro patrón, San Isidro Labrador.

Y también agradecerle a una persona en especial , haber hecho lo imposible para poder estar aquí esta tarde conmigo. Me refiero a Mati, mi mujer, que, aunque cordobesa, venía de vacaciones y, por supuesto a la feria, con sus padres y sus hermanos a casa de su tía Eugenia.

Periana le gusta tanto como a mí, o yo diría que incluso más, que ya es decir. Y esperamos disfrutar aquí juntos largas temporadas, que para eso está la jubilación.

Quisiera aprovechar para dar la bienvenida a estas fiestas a todos aquellos que, viniendo de otros lugares u otros países, han decidido que Periana sea su hogar.

Unos lo han hecho buscando un lugar de trabajo que les permita vivir con dignidad y construir un futuro. De la misma manera que, en un tiempo no muy lejano, coincidimos un grupo de paisanos de Periana haciendo la vendimia en el sur de Francia.

Sin embargo, para otros, ha sido nuestro clima o la belleza de nuestro paisaje de la Axarquía lo que les conquistó.

Porque la riqueza de un pueblo no está solo en sus tradiciones, sino en la capacidad de abrirse, de acoger y de sumar historias nuevas a las de siempre.

Ellos ahora también son perianenses. Estas fiestas son de todos.

Cuando empecé a preparar el pregón, lo primero que me vino a la mente fueron aquellos recuerdos de la infancia.

Yo nací muy cerca de aquí, en la Cruz. En un sitio tan castizo como en Madrid pueda ser Lavapiés. En una molina que había justo al lado del lavadero, donde hoy solo hay una tapia con un gran portón, mi madre, con ayuda de doña Margarita, me dio a luz con el ruido de fondo de las animadas charlas que, a voz en grito, tenían las mujeres que, aquella madrugada de abril, habían acudido a lavar, ya que aún habría que esperar a los años sesenta para que llegasen las primeras lavadoras al pueblo.

Pronto, cuando tenía un año, nos mudamos a la Lomilleja. Allí éramos muchos niños, y gran parte del día lo pasábamos jugando en la calle. Y en las noches de verano la cosa se alargaba hasta que los vecinos recogían las sillas y se metían para adentro. Eduardo, Pepe el retratista, Aranda, Salazar, el Gallo, Domingo y un largo etcétera que después seguíamos juntos en la escuela de mi padre.

Apenas necesitábamos salir del barrio. Incluso en verano llegaba a la esquina Ramón “el de las avellanas” con el carrito del helado, justo a las cinco en punto, dando por finalizada la obligatoria siesta de la época. A comprar los tebeos del Capitán Trueno y el Jabato íbamos a la tienda de la Veinticuatro, y para todo lo demás, la tienda de la Purita era lo que ahora Mercadona.

Yo creo que para atemorizarnos y evitar que nos alejáramos mucho circulaban ciertas historias, como las del “tío mantequero” o el personaje que llamaban Frascolanas.

A veces, la llegada de algún teatro o el circo venía a romper la apacible rutina del pueblo. Los montaban en el llano o junto a la casilla de la luz, al terminar la cuesta de don Ángel. Y para los niños venía a ser el descubrimiento de algo nuevo y diferente, en unas tardes que pronto quedarían atrás cuando llegaran los primeros televisores y el repetidor de Comares, para cambiarlo todo.

Pero lo que esperábamos con auténtica ilusión era la llegada de la feria. Corríamos para ver cómo montaban los cacharritos en el llano de la iglesia. La noria, las barquillas y al fondo, en la esquina del cine, las olas.

Recuerdo el sonido de la música en las calles, mezclándose con el repentino ruido de los cohetes. Algún que otro puesto de juguetes y turrón. Aquellos nubarrones que a veces venían a estropear la salida del Santo a las calles, adornadas con banderitas españolas de papel.

El repique incesante de las campanas. En la procesión, los pies descalzos de algunas mujeres, y los ojos mirando al cielo de aquel santo que, como a todos, con el tiempo, también le llegó la jubilación. Y, como siempre, antes de salir a la calle el “que no te manches” que me decía la Julia, porque llevaba la ropa estrenada para la feria, que después pasaba a ser la de los domingos.

Pero para muchos de nosotros, estas fechas pasaron a ser un recuerdo porque tuvimos que marcharnos pronto a estudiar fuera. En mi caso, a los nueve años: La Caleta, el Seminario de Málaga, los Carmelitas de Antequera, Granada, incluso un veraneo en Campillos.

Por otro lado, muchos paisanos del pueblo tuvieron que emigrar en busca de trabajo a Barcelona, Madrid, Durango o Alemania.

Todos, cuando llegaban estos días, teníamos, como diría Alejandro Sanz, el corazón partío.

Hubiera dado cualquier cosa por volver a correr por la Lomilleja, oír las campanas a la salida del Santo o tirar el trigo en la azotea de mis primos.

De alguna forma, a San Isidro lo seguí viviendo, aunque de otra manera. Cuando me fui a Madrid, lo seguí teniendo de patrón, y disfrutaba de la fiesta en la Pradera de San Isidro, visitaba la ermita del Santo o me iba a echar un baile en la verbena de las Vistillas. Pero siempre, sin dejar de acordarme que a tal hora estarían echando el trigo en el balate de la fuente.

Más tarde, al marcharme a trabajar a Azuqueca, en Guadalajara, el patrón y el nombre del instituto era, cómo no, San Isidro.

Como podéis ver, el Santo y yo siempre hemos tenido muy buena sintonía.

Para los que vivíamos fuera, siempre ha sido muy emocionante reencontrarnos con nuestros paisanos y participar en los diferentes actos que han tenido lugar en Madrid.

En 2014, en la Real Colegiata de San Isidro, con motivo de la bendición de la nueva imagen colocada aquí en la fuente.

En 2016, en Torrelaguna, un pueblo al norte de Madrid, nos reunimos en esta ocasión para la bendición de la imagen de Santa María de la Cabeza, que hoy también nos acompaña, pero que, como todos sabéis, se venera en la ermita de las Mayoralas. Aquel acto se celebró en Torrelaguna porque parte de la vida de la Santa transcurrió en esa zona.

La última vez fue en 2022, en la catedral de la Almudena, con ocasión de la celebración del cuarto centenario de la canonización de San Isidro, que, como sabéis, aunque vivió en el S. XII, lo hicieron santo en la primera mitad del siglo XVII, junto con San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, mi santo San Francisco Javier y San Felipe Neri.

De San Isidro, sabemos la vida y milagros, entre otras cosas, gracias a la encomiable labor de José María Camacho, tallando en piedra los milagros del Santo a lo largo del camino de las Mayoralas. Pero como de ella sabemos menos, me vais a permitir que vuelva a recordar el tiempo que disfruté como profe de Historia y os cuente algunos detalles de su biografía:

En realidad se llamaba María Toribia. No se sabe la fecha exacta de su nacimiento, pero pudo ser a finales del Siglo XI o principios del XII, en plena Edad Media, en Caraquiz, una pequeña aldea perteneciente a Uceda, en Guadalajara, donde vivían sus padres, de origen judeoconverso.

Esas tierras habían formado parte de Al-Andalus hasta que en el S. XI fueron conquistadas por Alfonso VI, pasando al reino de Castilla. Siendo joven, se trasladó a Torrelaguna, dedicándose posteriormente como santera al cuidado de una ermita de la zona: la ermita de la Virgen de la Piedad.

Su milagro más conocido es el llamado popularmente “los celos de San Isidro”. Al Santo le llegaron rumores de que el cuidado de la ermita no era más que una excusa de su mujer para pasar el tiempo con unos pastores. Se decidió a espiarla, y lo que presenció fue que, para cruzar las turbulentas aguas del río Jarama y llegar a la ermita, echó su manto sobre el agua y, subida al mismo, llegó a la otra orilla.

Ahora comprenderemos mejor por qué aparece en su iconografía con una mecha encendida en la mano derecha y en la otra una alcuza con el aceite para alimentar la lámpara de la ermita.

El apelativo “de la Cabeza” le viene porque su cráneo, colocado en un relicario, fue venerado, primero en Torrelaguna y trasladado a Madrid, a mediados del siglo XVII por orden de Felipe IV.

No alcanzó la condición de Santa hasta mediados del siglo XVIII.

Si uno se pone a pensarlo, el hecho de perdernos tantos San Isidros tiene también su lado bueno o positivo.

Somos un pueblo que apostó por la educación, que no es poco, cuando eso suponía mandar a un hijo o a una hija a estudiar fuera. Gracias al esfuerzo de muchas familias y a unas becas que en ocasiones no llegaban a ser suficientes, salieron de aquí grandes profesionales: médicos, abogados, ingenieros, periodistas y tantos otros que sería injusto seguir sin nombrarlos a todos.

Me vais a permitir que hoy dedique un reconocimiento especial a lo que llamo yo “el gremio de la tiza”, que en Periana es muy numeroso y al que estoy muy orgulloso de pertenecer. Los maestros, recordando especialmente al mío, mi padre; los profesores de secundaria y los docentes universitarios. Gente de este pueblo que elegimos la tarea hermosa de enseñar, que no es un camino fácil, y que hicimos que muchos de nuestros alumnos supieran localizar Periana en el mapa.

No quiero pasar por alto el IES “Alta Axarquía”, porque el instituto representa algo que durante mucho tiempo no tuvimos: la posibilidad de que nuestros jóvenes sigan estudiando sin tener que abandonar su casa, su familia y el pueblo antes de tiempo.

Los de mi generación sabemos bien lo que es crecer lejos de los tuyos. La riqueza de tener el instituto, no tiene precio.

Y llegamos a ti, San Isidro, que hoy, desde lo alto de la fuente, y por unos días tan bien acompañado, estás viendo nuestras caras de satisfacción por ese agua que tan generosamente ha caído este invierno. ¡Qué alegría ver el pantano completamente lleno, el cerro de Capellanía convertido otra vez en una isla, o las Rozas como si fuese “un prao” asturiano!

Desde finales de enero, el reventón de Guaro ha hecho que el sonido del agua se convierta en un motivo de atracción para innumerables visitantes. Ha contribuido a mejorar de forma notable las reservas hídricas y el futuro del campo en una zona fuertemente castigada por la sequía en los últimos años.

La AEMET , la Agencia Estatal de Meteorología, nos dijo que el desplazamiento del anticiclón de las Azores más al norte de lo habitual había provocado que un tren de borrascas nos cruzara sin darnos apenas tregua. ¡Hay que ver, agua del Caribe regando nuestros olivos verdiales! Pero para algunos, no hay meteorología que valga: el Santo por fin ha oído las plegarias, y algo habrá tenido que ver en este milagro del agua. Años oyendo rogativas con el campo seco, y este invierno debió decidir ponerse al día de golpe.

Que conste que te lo agradecemos pero eran tantos los días de lluvia que hemos estado a punto de gritarte tu famoso refrán:” San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol”.

Recuerda que mañana, cuando salgas a nuestras calles y recibas el trigo desde los balcones, más que pidiéndote agua será para agradecerte la que ya nos has mandado.

Y antes de terminar, permitidme que, como en la entrega de los Goya, quiera recordar a los miembros de mi familia que no han podido venir y me hubiera gustado tener a mi lado, en particular a Pablo, porque un jueves en Madrid no entiende de pregones y, sobre todo, a los que sé que desde algún lugar especial están escuchando esto: la Julia y mis padres.

Y ahora sí, PERIALEÑOS, que para eso hemos venido y me habéis aguantado,

¡¡¡ QUE VIVA PERIANA !!!

¡¡¡ VIVA SAN ISIDRO !!!

Periana, 14 de mayo de 2026

Paco Guerrero García

miércoles, 14 de mayo de 2025

Pregón nº 36 de las fiestas de San Isidro Labrador a cargo de Dña. María Dolores Parra Jiménez.

 


















PREGÓN NÚMERO 36 DE LAS FIESTAS DE SAN ISIDRO LABRADOR A CARGO DE DÑA. MARÍA DOLORES PARRA JIMÉNEZ

Sra. alcaldesa, concejales y concejalas, autoridades, mayordomos y mayordomas, D. Sergiu Antal, miembros de la hermandad, queridos vecinos, visitantes, familia, amigos todos.

Buenas noches.

Nos encontramos reunidos en este emblemático lugar, la plaza de la fuente, con sus cuatro caños, llenos de agua, símbolo de vida, bajo la atenta mirada de San Isidro, el santo labrador y protector de nuestros hogares.

Un año más nos juntamos para celebrar una de las tradiciones más queridas, emotivas y esperadas de nuestro pueblo… las fiestas patronales en honor a san Isidro Labrador.

Éstas, no sólo son una oportunidad para disfrutar de la música, el baile, la gastronomía y las actividades que tanto nos gustan sino también, un momento para fortalecer nuestra fe, en nuestro patrón “San Isidro”, nuestros lazos como familia, como vecinos y rendir homenaje a nuestras costumbres.

Es un honor y un privilegio dirigirme a todos vosotros en este día tan especial, pues como he dicho antes, la festividad de San Isidro labrador es más que una simple festividad, es símbolo de nuestra identidad como perianenses, de nuestra historia, de nuestra pasión y devoción por la figura de San Isidro, es un momento para recordar a aquellos que ya no están con nosotros, pero que siempre permanecerán en nuestros corazones.

Quiero agradecer a todos los que trabajan y colaboran para hacer posible estos días: autoridades, voluntarios, servicios operativos, hermandad, y, especialmente a este grupo de mayordomos y mayordomas, que durante todo el año están trabajando incansablemente.

Gracias por vuestro esfuerzo, tesón y dedicación en hacer que los perianenses y visitantes disfrutemos de unos días llenos de alegría, diversión y compañerismo, sin olvidar la fe que profesamos a nuestro patrón San Isidro.

Quiero agradecer desde aquí a mis padres, porque gracias a ellos soy la persona en la que me he convertido.

Gracias a mi madre, maría (la maría moreno), una mujer empoderada, humilde, trabajadora, luchadora, de ella aprendí a no claudicar y a perseguir mis sueños.

Gracias a mi padre, Antonio (Antonio Café, Pitorro), hombre valiente, trabajador, con un corazón enorme, de él, aprendí a tener fe y esperanza en la vida.

Ambos me enseñaron el valor del esfuerzo, de la constancia, del respeto y del amor a nuestras raíces.

Gracias a mi hermana, la Puri Parra, una mujer de grande valores, amante de su familia y de su pueblo.

A mis hijos, Isidro y María, uno de los dos pilares fundamentales de mi vida, ellos son el motor de mi fuerza.

Gracias a mis amigos, a mis paisanos por el cariño y apoyo que me demuestran.

Gracias de corazón mayordomos 2.025 por elegirme pregonera de estas fiestas.

Cando a finales de diciembre tocasteis a la puerta de mi casa con la excusa de ir pidiendo, me extrañó por la premura, pues todavía quedaba bastante tiempo.

Me dirigí a buscar el monedero, cuando me pedisteis si podíais entrar, ¡claro que sí!, os dije, no imaginaba “el porqué” de vuestra amable visita.

Ya en el salón de la casa, Paloma comenzó a leer una tarjeta, me asombré por su relato, pues no entendía de dicha actuación,

Pero cuando Toñi me hace entrega de una caja preciosa de madera, observo que hay una inscripción en la tapa en la que se puede leer, “tengo una pregunta que hacerte”, ¡ahí reaccioné!, en mi rostro pudieron ver mi asombro, insistieron en que la abriera, ya que dudé hacerlo.

Y, cuál caja de Pandora, dentro estaba la pregunta, formulada en dos círculos de madera con la imagen de San Isidro, “¿quieres ser la pregonera de San Isidro 2.025?”

No me lo esperaba, se hizo un silencio que hasta mi perro dejó de ladrar, emocionada y un poco aturdida me pregunté, ¿por qué yo? justo ahora, cuando estoy caminando por un sendero delicado, tan lleno de lucha… en ese silencio entendí que tal vez, por eso mismo, por mis circunstancias… porque San Isidro sabe a quién escoge, y en qué tiempos, y quiso que mi voz, firme en la fe que le profeso fuera la que diera comienzo a estas fiestas en su honor.

Dudé, pero acepté, con emoción y gratitud, porque en medio de mi batalla, esta invitación fue como un regalo del cielo.

 Paloma Díaz Pérez

 Jorge Fernández Fernández

 Lourdes Fernández Fernández

 Alonso Fernández Gallego

 José Antonio Gallego Muñoz

 Claudia Gallego Parra

 Rafael Godoy Perea

 Isabel Jiménez Jiménez

 Mª Dolores Moreno Calderón

 Mª Antonia Moreno Zamora

 Naty Morón Becerra

 Mª Carmen Palomo Moreno

 Belén Pareja Jiménez

 Pedro Pareja Paredes

 Mª Teresa Parra Pérez

 Carmen Peñas Mostazo

 Carmen Perea Frías

 Mercedes Perea Frías

 Pablo Pérez Morón

 Miguel Pérez Mostazo

 Alejandro Toledo Perea

 Mª Carmen Zurita Sánchez


De casi todos guardo retazos de historia de vida compartida: Mª Carmen Peñas: como olvidar aquellas tardes de primavera-verano, que siendo muy jovencitas pasábamos en tu casa.

Tú me enseñaste el arte de bordar con hilos de colores y como llenar de dibujos los manteles. lo más bonito, nuestras charlas, confidencias, mientras realizábamos las labores de coser… ¿lo recuerdas? por aquel tiempo, conociste a Rafael, hoy tu esposo, juntos habéis formado una bonita familia.

Mª Carmen Palomo: siendo muy pequeñas, nuestras familias emigraban a otros lugares, a trabajar como temporeros en la recolección de la aceituna, tus padres, tus abuelos, tus tíos, mis abuelos, mis tíos, mis padres, mi hermana... todos vivíamos en una sencilla pero gran casa.

Sin saberlo conocimos el desarraigo que conlleva irte a trabajar a otros lugares, fuera de tu pueblo. como era época escolar, tu tío, mi primo, Paco Palomo, mi gran amigo, era nuestro maestro, él se encargaba diariamente, todas las mañanas, de comprobar que hacíamos los deberes, nos explicaba y ayudaba en las tareas escolares, para que a nuestro regreso siguiéramos el ritmo del curso. terminadas nuestras tareas, teníamos el resto del día para jugar y corretear por el campo, (recuerdo que todos los días querías comer gazpachuelo), ¿Mari Carmen, te sigue gustando tanto? también has formado una bonita familia junto a a Alonso.

Alonso: me encanta tu visión de la vida, todo problema tiene solución, y si no tiene, para qué preocuparse. esa alegría y ese buen hacer, consérvalo siempre.

Lourdes: mujer de bandera, luchadora, gran persona, amiga de sus amigos y ahora compañera de viajes.

Carmen Zurita (Menchu): eres muy especial para mí, me encanta tu alegría, tu fortaleza. aunque el corazón te duela, siempre tienes una sonrisa, amante de los animales, a través de nuestras mascotas, nos fuimos conociendo y trabando amistad. ¡Admiro tu fuerza, no pierdas esa sonrisa!

Miguel: Miguel, como dice Juan Manuel Serrat en uno de sus temas, (“de vez en cuando la vida nos invitaba a tomar café, se veía tan bonita") te acuerdas de aquellas sobremesas (la hora del café, el mejor café del mundo que he tomado, en casa de tus tíos, Antonio y Antonia Broches…..mi segunda casa.

Dicen… que junto a un gran hombre, hay una gran mujer, y ahí esta Naty afortunados los dos de tener a Pablo como hijo, ¡un niño noble!

Mª Carmen y Merche: nos presentó una amiga común, Marisol, y desde entonces os considero parte de mis amigos.

Belén y Jorge: una preciosa familia, solidaria, comprometida, dicharachera, siempre dispuesta a ayudar a quien lo necesita.

Toñi y Alejandro: siempre os he admirado, luchadores, respetuosos, ejemplo de emprendedores y siempre presentes ante causas solidarias.

Mari y Pedro: bonita familia la que tenéis, Mari, eres completa, igual cantas en el coro, que bailas sevillanas, que estás en pilates, que estás en costura o vendiendo cerezas… ¡qué grande eres! sigue siempre con esa ilusión, con la que haces todo.

Isabel: mujer de fe, junto a su esposo manolo, matrimonio, solidario, trabajador y fieles devotos de San Isidro y Santa María de la Cabeza.

Tere: mi Pancha, heredaste, no sólo el apodo de tu padre, el pancho, mi tío Rafael, sino también heredaste la misma devoción que él tenía a San Isidro, a nuestras costumbres.

José: siempre estás cuando te he necesitado, para mí, eres como el hermano que no tuve.

Claudia: mi Claudia bonita por dentro y por fuera. eres toda dulzura. después de escucharte… qué quieres que te diga! que te quiero…

Paloma: hija de Antonio y Antonia Broches, mis vecinos, mi segunda familia. la que elegí desde que llegasteis a vivir a Periana, te adopté como mi hermana pequeña, desde entonces, siempre juntas.

Muchos momentos compartidos, ahora compañera de aventuras, en los viajes del Imserso.

Así se forma la vida, pedacitos de historia que se unen con otras vidas y nos van haciendo crecer, nos van haciendo más humanos y mejores personas.

Esta noche quiero hablaros de retazos de vivencias, en las que San Isidro y mi fe en él han ido unidas, como muchos sabéis, Periana es un pueblo de la Axaquía malagueña, pero no es un pueblo más, es donde nací, crecí y donde vivo, y eso es lo que lo hace especial para mí. con un enclave perfecto, rodeado de sierras, montañas y cercano al mar, poblado de olivos centenarios, algunos milenarios, y nacimientos de agua que le dan vida. Sus calles sinuosas y empinadas, donde nos deslumbra el blanco de las fachadas, sus gentes solidarias y acogedoras donde todos se conocen y respetan.

A los perianenses, nos unen el amor y la devoción por nuestro patrón, en él, encontramos el ejemplo de hombre humilde, de familia trabajadora en los quehaceres del campo, que sin buscar gloria ni reconocimiento, dedicó su vida a servir a dios, al trabajo y a la comunidad, ése, es su legado, su modelo a seguir, San Isidro nos enseña, que aunque no tengamos riquezas materiales, siempre podemos ser ricos en amor, en fe y en generosidad.

Mi infancia se desarrolló en el barrio de la quinta, entre calles empedradas, junto al arroyo cantarranas, corriendo con mis amigos, sin preocupaciones, disfrutando de la vida sencilla y auténtica, donde los vecinos éramos una gran familia, alegrándonos de nuestros logros y apoyándonos cuando el momento lo requería.

Pasaba las tardes jugando, bien a la pelota, al mate, al fútbol, al elástico, a la comba o a los cromos, teníamos infinidad de juegos, nunca había tiempo de aburrirse, jugaba hasta que la voz de mi madre me llamaba para cenar.

Recuerdo las excursiones al campo, las meriendas en la era, paseos por la peña, el aroma de los eucaliptos, el eco de las campanas de la iglesia marcando el ritmo de nuestras vidas.

No recuerdo en mi infancia con nitidez las vivencias de las fiestas de San Isidro, pero sí en mi adolescencia, que ansiaba la llegada del mes de mayo y con él, la esperada fiesta de San Isidro, ya que el pueblo se transformaba, sus calles se adornaban resplandecientes de banderitas de colores, las luces, la música, los cacharritos, las casetas, la tómbola, no faltaba nada, los paseos por la Lomilleja con mis amigas, todo era diversión y alegría, todas esperamos deseosas el 15 de mayo, ilusionadas por ver salir a nuestro San Isidro, pero también porque era el día en el que estrenábamos vestidos y zapatos, y, no tendríamos otros, hasta el próximo 15 de mayo del año siguiente.

A medida que fui creciendo quise realizar uno de mis sueños, seguir estudiando, pero para ello, tenía que irme a Vélez-Málaga, porque aquí, en Periana, no había instituto. eso me hizo vivir a caballo entre Vélez-Málaga y Periana. Al terminar mis estudios en el instituto quise ir a la universidad y seguir con estudios superiores, por lo que pasé a vivir a Málaga.

Con esfuerzo y sacrificio, conseguí terminar mis estudios como diplomada en Trabajo Social, profesión que he estado ejerciendo durante 33 años, y de la cual me siento orgullosa y feliz, porque gracias a ella, trabajé para lo que me preparé y lo que me gustaba, dando en mi trabajo lo mejor de mí y obteniendo a cambio mucho aprendizaje y cariño, a saber de la empatía, a ser mejor persona y a cosechar muy buenos amigos, no siempre he podido disfrutar de estas fiestas, por motivos de estudios, o más tarde, por motivos de trabajo.

Pero siempre, el día 15 de mayo, estuviese donde estuviese no me olvidaba de mi San Isidro, lo llevaba allá donde me encontraba, recuerdo que en mi centro de trabajo, ese día, mis compañeros no me despedían con un hasta mañana, sino con un ¡viva San Isidro!

Siempre que he podido no he faltado a la cita que tenía en mi pueblo el 15 de mayo, para acompañar a nuestro patrón, aunque ya, desde otra visión de la vida, de las costumbres, viviendo la procesión repleta de fe y sentimientos.

El momento esperado, cuatro de la tarde, al empezar el repique de las campanas anunciando la salida de nuestro patrón para encontrarse un año más con su pueblo, recorrer sus calles, con balcones engalanados y sacos llenos de trigo preparados.

Ver como vecinos y visitantes se unen en esta ofrenda, dando testimonio de fe y solidaridad, cada grano de trigo lanzado es una muestra de esperanza, una respuesta a nuestros rezos.

Velas encendidas, pies descalzos, banda de música, cohetes, emociones contenidas y nuestra vela preparada para cumplir esa manda, que en ese tiempo, no era otra que aprobar los exámenes, la procesión de San Isidro es una experiencia que toca el alma y despierta las emociones más profundas, quedando reflejadas en esta plaza, donde ahora nos encontramos, donde San Isidro se encuentra con su esposa, Santa María de la Cabeza.

Los rostros de los presentes se llenan de emoción, acordándose de sus seres queridos que ya no están o que por circunstancias no han podido asistir. un mar de sentimientos afloran al ver a esos costaleros, que pareciera que el trono no les pesara, balanceándolo con un movimiento suave, sereno, vítores desgarrados, salidos del corazón de quienes los lanzan.

Ese personaje que trepa por el trono para limpiar su rostro con tanta delicadeza. que simula una caricia, susurrándole “San Isidro, protégenos”, el himno cantado al unísono por los presentes, hermanados por el mismo sentimiento, la devoción y fervor sentidos hacia él, ¡esto se queda grabado en el alma!

Quedan muchas calles por recorrer y muchos granos de trigo por lanzar al santo. en cada parada realizada se va notando el cansancio, pero hay una parada , ya tradicional en el recorrido. la llegada a las cuatro esquinas, en este punto se renuevan las fuerzas de quiénes portan a San Isidro, gracias a la familia carrera Núñez en donde agasajan a los costaleros con la tradicional copita de anís y los ricos roscos y mantecados artesanos, y donde a una servidora, también se le renuevan las fuerzas, con ese caldo del puchero con su hierbabuena, que me tiene preparado mi amiga Mari Cruz, cuando el trono va llegando a su casa, me busca y me dice “nena, vente, tienes el caldito en la mesa”.

Siguen pasando los años, y llega una de las etapas más bonitas de mi vida, ¡conocí el amor! a la persona con quien formé una familia, el padre de mis hijos, Salvador Moreno Fernández, Salva, “el Coqui”, para sus amigos, hombre trabajador y como San Isidro amante del campo y de los olivos.

Y, se hizo realidad otro de mis sueños, ¡ser madre! y, tengo a mi primer hijo, al que le teníamos pensado llamar José María, tuve un embarazo y parto de alto riesgo, y, aunque todo transcurrió perfectamente, mi bebé nació el 29 de abril, y tuvo que quedarse ingresado en el hospital, durante esos días no dejaba de rezarle a San Isidro, pidiéndole que se recuperara y le diesen el alta pronto.

Esta petición se cumplió el mismo día 15 de mayo. así que, ya os imagináis porqué cambiamos su nombre a Isidro, en honor a nuestro patrón, sigue avanzando la vida, y nace nuestra segunda hija, María, la princesa de mi casa, haciéndonos las personas más felices del mundo mundial, pero esta felicidad se vio eclipsada a los cinco meses de su nacimiento, mi marido es diagnosticado de cáncer en la linfa.

Tras un largo y duro año de tratamiento, y trasplante de médula, no se consiguió frenar la enfermedad, falleciendo cuando María tenía un año y medio, aquí se rompen mis sueños futuros, ¿cómo podía seguir viviendo y trabajando? con mis dos hijos pequeños.

Sólo veía oscuridad, donde antes todo era luz e ilusión. preguntaba a San Isidro ¿por qué? Por qué tan joven, tan trabajador tan amante del campo, de sus olivos… le pedía que me ayudase en esos momentos donde el camino de mi vida se tornaba tan incierto. Pero San Isidro soló podía escucharme, y comprendí que para ciertas preguntas no existen respuestas.

No, no me respondió, pero sí me indicó el camino para poder seguir… antes, refería que mi familia era uno de los dos pilares de mi vida, el otro pilar es mi fe, fe que profeso a San Isidro, quien siempre me acompaña.

Gracias a esa fe, el dolor que albergaba en mi pecho se convirtió en fuerza, y esa fuerza en lucha, y esa lucha en alcanzar otros sueños, y entonces aprendí a vivir con el recuerdo de todo el amor recibido, de todo lo compartido y agradecí a la vida por ello.

Ahora valoro más la vida, valoro cada instante que nos regala, y siguieron pasando los años, y mis hijos fueron creciendo y planeando su futuro, mis hijos ya convertidos en adultos, orgullosa de ellos, como sé que también lo está su padre.

Y llega el año 2013, año que marcaría mi destino, así como la vida misma, con lo bueno y malo que contiene, llegó ese año, cargado de cosas buenas y no tan buenas, aprobé las oposiciones, después de 24 años trabajando de interina ¡lo había conseguido! ¡ya era funcionaria de carrera!

Me piden ser mayordoma de las fiestas patronales 2013, a lo que acepté feliz y gustosa, para mí fue como una forma de agradecer a San Isidro su ayuda, a superar todo lo que había pasado, y donde conocí a un grupo de personas estupendas, en donde a día de hoy, conservamos una bonita amistad.

Pero el destino vuelve a ponerme a prueba, fallece mi padre, un duro golpe para mi familia, ya que como abuelo, suplió de alguna forma el papel de padre para con mis hijos, pero ya sabíamos que las personas no mueren, sí permanecen en nuestra memoria, y guardamos su recuerdo en nuestro corazón.

No termina el año 2013 cuando en una revisión de salud, me diagnostican cáncer de mama, una enfermedad que no avisa, qué sacude, que te pone frente a tus miedos más hondos, y no lo digo desde el dolor sino desde la fe, porque si algo me sostiene cada día, es la certeza de saber que no estoy sola.

Lo que es el destino o los senderos que dios pone en tu caminar, unos años antes, dos grandes amigas, Pilar Serrán y Carmen Lavado me convencen para formar parte de la junta directiva de una asociación para ayudar a mujeres que padecen cáncer de mama, la Asociación Esperanza.

Por lo que cuando recibo tan aciaga noticia en el que el futuro se torna negro, tengo la suerte de estar en esta asociación, de la que recibo un gran apoyo y mucho cariño, y siento que no estoy sola, que hay otras personas que están atravesando los mismo que yo, donde compartimos experiencias, vivencias y apoyo. sabemos que se puede seguir, que no hay que tener miedo, porque el miedo paraliza y que con fe, mi fe es más fácil seguir.

No siempre el camino es llano, pero siempre he creído que si sigues el camino de San Isidro, si trabajas y vives desde el corazón, siempre llega un momento en el que todo se acomoda en este día tan especial, quiero agradecer a San Isidro todo lo que me ha dado, por ser siempre mi guía, por ser mi protector, y, quiero pedirle, con el corazón en la mano, que nos siga cuidando, que nos siga dando fuerza para continuar adelante, que nos siga ayudando a cultivar no sólo la tierra, sino también nuestros corazones, para que podamos seguir siendo un pueblo unido, lleno de fe y esperanza…

Autoridades, mayordomos y mayordomas, amigos y amigas, paisanos todos…

No me queda más que decir que gracias infinitas, por estar, por acompañarme y así pongo mi granito de trigo para inaugurar las fiestas patronales San Isidro Labrador 2025.

Sean felices, quiéranse y diviértanse.

¡Viva San Isidro!

viernes, 10 de mayo de 2024

Pregón nº 35 de las fiestas de San Isidro Labrador a cargo de Dña. Mariola Mantas Guerrero.
























Pregón de San Isidro Labrador 2024 de Periana a cargo de Dña. Mariola Mantas Guerrero. 10 de mayo de 2024, Plaza de la Fuente a las 20:30 horas.


Excelentísimo Señor Alcalde, autoridades, Mayordomos y Mayordomas de San Isidro 2024, Hermandad de San Isidro, Párroco de la iglesia de San Isidro Labrador, vecinos y vecinas de Periana, familiares, amigos, amigas y personas que me acompañáis hoy, muy buenas noches.

Dicen que es de bien nacida ser agradecida y, por tanto, no puedo empezar estas palabras sin dar las gracias a todas y a todos los que estáis aquí por dedicar un ratito de vuestro tiempo a escuchar las andanzas de una servidora que siempre soñó con este momento pero que nunca se hizo a la idea de que llegaría.

Por supuesto, quiero agradecer de corazón a los Mayordomos y Mayordomas que el 31 de enero de este año se acordaran de mí y me hicieran una proposición -muy decente-que no tardé en aceptar, con más de una lagrimilla de emoción de por medio y que es el motivo principal por el que hoy estoy aquí junto a San Isidro en este lugar, la fuente, esta fuente que tanto ha significado para el pueblo en general y para mí en particular.

Yo sé que él y su esposa, Santa María de la Cabeza, me protegen y me ayudan, nunca me sueltan de su mano, pero a la vez son ellos los que me dan alas para seguir adelante.

Permítanme ahora que me dirija a este grupo de trabajadores y trabajadoras incansables de forma individual porque la mayoría de estos mayordomos y mayordomas forman parte del hilo conductor de mi vida en Periana.


Gracias, Loli Moreno, junto a tus hermanas María José y Adeli, compartimos juegos, confidencias y un gran cariño en nuestro querido barrio del Carrascal.


Gracias, Eli Ortigosa, David Molina e Irene Muñoz, por aceptarme como vuestra monitora y por todas las veladas y experiencias compartidas en los campamentos de Trayamar y del Alcázar.


Gracias, Elena Pascual y Cristina Rodríguez, porque habéis formado parte de mi familia del IES Alta Axarquía.

Gracias, Antonio Escobar, por colaborar desinteresadamente con nuestro pueblo y aportar tu granito de arena para poner en marcha estas fiestas. 

Gracias, Inma Sánchez y Mari Carmen Gaspar, por confiar en mí la educación de vuestro hijo e hijas y por hacerme sentir parte importante de su formación. 

Gracias, Sandra Jiménez, por acogerme con tanta dulzura cuando me estaba adaptando a vivir en Periana y por nunca dejarme sola. 

Gracias, Ángel Rodríguez, por confiar en mí para diseñar juntos proyectos para nuestro pueblo. 

Gracias, Rocío Molina, por derrochar alegría y cuidar a nuestros niños, jóvenes y mayores. 

Gracias, sobre todo, por responder solícita a todas mis peticiones. 

Gracias, Mari Carmen Acuña y María José Gallardo, por atender tan bien a nuestros abuelos y abuelas y estar siempre tan pendientes de mi madre, dándome sabios consejos cuando os he necesitado.

Y, por último, gracias, Enrique Avilés, por velar por mí y por todos tus primos y primas Cucharas cuando veníamos en verano. Qué orgullosas deben de estar la Carmela y la Dolores al vernos desde ahí arriba, aquí, junto a su Patrón, siendo nosotros dos protagonistas de esta mágica noche.

Mi más cordial agradecimiento también a la Hermandad de San Isidro y a todas y todos los que han colaborado con esfuerzo y tesón para lograr que las fiestas de San Isidro 2024 sean una realidad y podamos disfrutar de un amplio abanico de actos que nos harán más amenos y entrañables estos días. 

Y ya sin más preámbulos procedo a comenzar mi relato.

Son las 4 de la tarde de un 15 de mayo de finales de los años 70. Talán, talán, tolón, tolón, las campanas de la iglesia de San Isidro, en Periana, un pueblecito de la Alta Axarquía malagueña, se desgañitan para anunciar que su patrón, San Isidro Labrador, ya está preparado para recorrer las calles de su pueblo al son de la banda de música, mientras vecinos y vecinas acompañan su paso alumbrándolo y depositando en su trono el trigo de sus cosechas, que son el pago de sus promesas y el agradecimiento por su protección. 

Son las 3 de la tarde –una hora menos- del mismo día en un 4º piso de la calle León y Castillo de Las Palmas de Gran Canaria. Una familia está apurando su almuerzo con el pensamiento puesto a unos 1500 kilómetros de distancia, en los acontecimientos que están acaeciendo en su querida Periana. 

Esa era mi familia. Formada por Juan Mantas, mi padre, granaino de nacimiento, canario de acogida y perianeño de corazón, y por mi madre, Dolores Guerrero, hija de Frasco la Juana y María la Cuchara, una mujer, que como muchos de sus vecinos y vecinas tuvo que emigrar a Barcelona con su familia a labrarse un futuro mejor y que por avatares de la vida acabó teniendo que separarse, durante más de 40 años, de sus seres queridos para darnos a nosotros, sus retoños, todo lo mejor. 

De ese matrimonio nacieron dos hijos: Paco, conocido en estas tierras como el canario, que siempre ha llevado por bandera al pueblo de su madre, pueblo al que ha querido y quiere con locura y que con el paso del tiempo e intuyendo que su vejez se acerca, cada vez tiene más claro cuál es su prioridad de vida y de hábitat. 

Y la otra parte de esta familia soy yo, Mariola, que ya desde pequeña sentí un amor inconmensurable por este lugar que hasta hace unos años no aparecía en los atlas de geografía pero que desde el primer día a mi hermano y a mí nos robó el corazón. 

Esa escena familiar que acabo de evocar se repetía año tras año en mi humilde hogar. Mi madre nos relataba anécdotas, vivencias y recuerdos de las fiestas patronales de su niñez con ese magnetismo que desprende la nostalgia de los momentos felices y lo hacía con tal detalle y precisión que lograba transportarnos a aquella época, hacer nuestros sus recuerdos y, en definitiva, propició que nos fuésemos enamorando de un lugar aún sin conocerlo. Ella recordaba que los días previos los vecinos y vecinas encalaban las fachadas y adornaban sus portadas para que el santo en su recorrido se encontrara con un pueblo engalanado y con aires festivos. Siempre nos contaba que solo eran cuatro los mayordomos encargados de organizarlo todo. A su memoria venía el sonido de una banda de músicos de Casabermeja ataviados con trajes de gala mientras mi abuelo echaba con mucho esfuerzo unas cuartillas de trigo al paso de su patrón. Mi abuelo Frasco, un hombre luchador y justo donde los haya, que siempre se esforzó por llevar un bocado de comida a los suyos y, siguiendo el modelo de San Isidro, se desvelaba por sacar adelante sus cosechas. Sin dejar de lado sus creencias, acudía religiosamente de madrugada a la iglesia para dar gracias por lo poco que tenía pero que tanto apreciaba. 

En esta cita anual con el recuerdo de aquellas fiestas de su infancia, cada año iban surgiendo nuevos matices, nuevos retales de situaciones vividas pero lo que no variaba era la determinante conclusión de mi madre: “El año que viene, si Dios quiere nos vamos los cuatro a Periana a pasar San Isidro” y con esa inocencia infantil nos dormíamos, con la firmeza de las palabras de mi madre y con el deseo de que ese día llegaría. Pero la promesa tardaría en cumplirse: las circunstancias económicas y laborales lo impedían año tras año. 

Son las 17:00 de la tarde de finales del mes de junio de los mismos años 70, en el patio del colegio Femenino de Prácticas de Magisterio de Las Palmas de Gran Canaria. Tilín tilín tilín tilín, la campanita tocada por la Señorita Olga indica que finaliza la jornada escolar pero hoy tiene un sonido más especial y alegre porque anuncia el inicio de las vacaciones estivales. 

Todas las niñas corremos hacia la puerta de salida donde nos esperan para recogernos y llevarnos a casa. Yo salgo con especial ilusión porque hoy vamos a ir a comprar los billetes de avión para podernos ir de vacaciones a nuestra querida Periana, y eso es motivo de celebración y algarabía. 

Con qué tiento ahorraba mi madre peseta a peseta el dinerillo sobrante del sueldo de mi padre para poder viajar en verano. Recuerdo como si fuera ayer su ritual, guardando los billetes en un sobre que depositaba dentro de una cajita dorada, tapada por un pañito blanco al que le bordaba unos piquitos en las esquinas y custodiada por estampitas de la Madre Petra, de San José de la Montaña y por supuesto de nuestro San Isidro de Periana. Qué me gustaba asistir a ese momento mágico donde mi madre, ante la atenta mirada de nosotros tres, procedía a contar el dinero que como siempre y aunque venía un poco justo, era suficiente para todos los gastos previstos. Mi madre, como todas las madres del mundo, era una gran economista. 

Y comenzaban los días de preparativos: idas y venidas a las tiendas de los comerciantes indios de la zona del puerto para comprar aparatos electrónicos, más baratos al ser la isla puerto franco, pijamas de China, mantones de Manila y un sinfín de detalles para obsequiar a familiares y amigos. 

Son las 7 de la mañana de un sábado de principios del mes de julio, pipipipipipipipi, el despertador de la mesita de noche de mi padre nos anuncia que nos tenemos que levantar porque ha llegado el gran día. Nervios, impaciencia e ilusión son los sentimientos que nos inundanmante la inminencia del maravilloso momento que nos espera: viajar hasta Periana. 

Tres horas más tarde, din don, “se ruega a los señores pasajeros del vuelo destino a Málaga que se aproximen a la puerta de embarque”. A partir de ese momento ya nada es lo mismo. Hay que despedirse rápido de mi padre porque él hasta el 1 de agosto no puede unirse a nuestras vacaciones. Carreras para pasar el control de seguridad cargando maletas repletas de presentes pero también de ilusiones y de proyectos vacacionales. 

Dos horas y media después aterrizamos y vuelven los nervios, las prisas para salir, comprobar que no nos falte nada del equipaje ni esté dañado, y de repente, al final de la salida del aeropuerto, escondido entre la vorágine de cientos de pasajeros y automóviles, sobresalía la figura de nuestro taxista, primero Antonio Guerrero y luego Pepe el Cobrador, que nos llevaría a nuestro paraíso soñado. 

Antes de emprender el viaje había que pasar por la estación de trenes para recoger a mi tía Tona, hermana casi gemela, y fiel confidente de mi madre, y a sus hijos que venían desde Barcelona. ¡Ah se me olvidaba también, que no nos podíamos dejar atrás a su simpático perro Lupi! 

Una vez acomodados como buenamente podíamos, bastante estrechos todo sea dicho, emprendíamos nuestro viaje hacia el dorado por la carretera vieja de Málaga, bordeando toda la costa. Al bajar la ventanilla para evitar asfixiarnos, se entremezclaba el olor a gasoil con el humo de los espetos y el aroma de los helados que saboreaban los turistas que cruzaban por los pasos de peatones mientras nosotros esperábamos bajo un calor infernal, pero como decía Víctor Jara en su canción “Te recuerdo Amanda”, no importaba nada porque íbamos a encontrarnos con él, con nuestro ansiado pueblo, con nuestra familia y con el suculento puchero con pringá que nos preparaba nuestra yaya María, mujer simpática y pizpireta que no dudaba en enfrentarse al más pintado por defender a sus nietos y nietas de cualquier contratiempo y que era capaz de quitarse el último coscurro de su boca por el mero hecho de vernos felices. 

Y a partir de ese momento, vía libre a nuestra imaginación, a juegos en las calles con un sinfín de niños y niñas del barrio, entre ellos, nuestro entrañable Pepe “el largo” como lo llamamos cariñosamente, y a idas y venidas a mis deseadas Casas Nuevas a visitar a mis innumerables amigos y amigas, ceremonia que siempre acababa en casa de mi querida Carmen “la Colás” y de mi prima política Paloma. 

Como suele decir nuestro alcalde Rafa Torrubia con tantísima admiración, el verano empezaba cuando los Cucharas llegaban a Periana. 

Sería imposible condensar en pocos minutos y en breves páginas todas las emociones contenidas y situaciones vividas. Como recogía Rocío Jurado en una de sus famosas canciones:” que no daría yo por empezar de nuevo”. Me encantaría volver al pasado para acompañar a mi madre y a mis tías a ponerle velas a su bendito patrón y contemplar en sus miradas la devoción y afecto que sentían por él, o ir al cementerio a rendir pleitesía a los que ya no estaban con nosotros. No sé lo que daría por ver a mi padre enfundado en su sombrero de paja y con un tallo de albahaca en su bolsillo, regalado por Concha “la Muñequera”, recorrer las calles, bares y comercios contando sus chistes y repartiendo alegría a su paso. Qué feliz estaría si pudiera gritar a los cuatro vientos que su hija iba a ser la pregonera de estas fiestas. 

Para los jóvenes de la familia, el pueblo era nuestra válvula de escape, la única forma de vernos diariamente sin preocupaciones, de poder compartir nuestras inquietudes e incluso el gusto a la hora de vestir. Con nuestras camisetas Meyba y nuestras zapatillas Victoria, hasta incluso llegamos a crear tendencia de moda. 

Para los mayores, era un lugar de reencuentro, donde las cinco hermanas Dolores, Antonia, Teresa, Juani y Reme, se veían durante unos días, no siempre todos los años, y compartían recuerdos, llantos, risas, devociones, visitas a sus primas Cucharas de la Cruz y meriendas con las tortas de la Anita del Horno, esas que tanto gustaban a las benjaminas de la familia y con una chupetailla a la botella de aguardiente del alambique. 

Dos meses daban para mucho y yo, que siempre he sido un alma inquieta, empecé a implicarme en las actividades deportivas y celebraciones de verano, especialmente en la organización de campamentos en los que durante una semana y en plena naturaleza, realizábamos todo tipo de actividades lúdicas, compartiendo sobre todo risas y momentos entrañables. De esa etapa guardo recuerdos indescriptibles y amistades muy valiosas. 

Fue Rafael García, tesorero del Ayuntamiento, quien me dio la posibilidad de colaborar en una feria de agosto amenizando las veladas matutinas con música que grababa la noche antes en un radiocasette junto a mi amigo y compañero de mil batallas José, al que mis tías llamaban cariñosamente el primillo, ya que su padre Antonio Cenizo tenía cierto parentesco familiar con mi abuela. A partir de ese día no he dejado ni un solo verano de formar parte de la organización de la feria del melocotón y de la de agosto, apoyada en todo momento por las corporaciones municipales sin importarme su ideología. Agradezco la confianza que siempre han depositado en mí.

También me gustaba ir a casa de mi vecina Mari de Yescas y su marido Pepe. Mientras degustábamos algunos productos típicos, sus hijos Loli y Sergio me relataban una y otra vez todos los pormenores acaecidos en las fiestas de San Isidro de ese año y si me quedaba con alguna duda mi amiga Puri Parra me daba más detalles, a veces por teléfono y otras de forma presencial, y así me iba yo haciendo a la idea de lo que me estaba perdiendo. Con el paso del tiempo mi querido José me llamaba desde la cabina de al lado de su casa y descolgando el auricular con una paciencia infinita, me permitía escuchar la banda, los cohetes, las campanas y la algarabía en general de este día tan señalado y eso para mí era un chute de adrenalina que me permitía coger fuerzas para aguantar los dos meses que aún me quedaban para volver a mi preciada tierra. 

Y con tanto evento de día, unido a salidas nocturnas a las discotecas Caipe, Níkara y posteriormente a las Pirámides, no es de extrañar que casi sin darnos cuenta se nos iba pasando el tiempo y tocaba ir preparando la vuelta a casa. Ese era el peor momento del verano. 

La noche antes de la marcha, mi casa se convertía en un largo peregrinar de vecinos, especialmente los Yescas, la María Lángara y la Rafaela la Juana y de familiares, como nuestros primos Molletes y la Carmela la Filomena. Todos ellos venían a traernos detalles gastronómicos y algunos objetos significativos del pueblo. Me viene a la memoria, un colgador de llaves con la imagen de San Isidro que custodiaba la puerta de entrada de mi casa de Las Palmas. Cuando nos sentábamos a ver la tele por las noches, lo contemplábamos con nostalgia, pero a la vez con mucha estima porque nos recordaba que no estábamos solos, que teníamos un trocito de nuestra querida Periana y de su admirado patrón con nosotros, y ese era el botín tan preciado al que nos aferrábamos para continuar el día a día. 

Y como todo llega a su fin, el 31 de agosto tocaba despedirse enfundados en un fuerte abrazo acompañado de muchas lágrimas, sobre todo de los más mayores que no sabían si se iban a poder volver a ver el próximo año. 

El inicio de nuestro periplo de retorno empezaba con un largo deambular por el aeropuerto cargados de cajas y maletas, con un exceso de kilos en el equipaje que mi madre resolvía avispadamente para no pagarlos. 

La recompensa a la bondad de algunos transeúntes y de las azafatas que tan amablemente hacían la vista gorda cuando pesaban los bultos, se traducía en un puñado de melocotones o en una botellita de nuestro preciado oro líquido, dependiendo del favor que nos hubieran hecho. 

Y vuelta a la rutina, a las clases, al trabajo, a la soledad de los cuatro que convivíamos en un piso de apenas 50 metros cuadrados, y como no, al ahorro y a la añoranza de los tiempos vividos. Lo único que nos daba algo de aliento era el aroma, impregnado por toda la casa, de esos duraznos que mi padre había recogido la mañana antes de nuestra partida con José, el mozo de Nacle, y con su mujer Antonia o el olor al caldo recién hecho por mi madre con un trozo del pollo que con tantísimo cariño nos regalaban la Cecilia “del Comedor” y Pepe Aliaga. 

Y así fue pasando el tiempo, y esos niños crecieron, los adultos envejecieron y los más mayores nos fueron dejando. Y yo empecé a constatar que la promesa de mi madre se iba a hacer realidad, aunque hubiera que esperar. Cuando yo le pedía que me concretara cuándo exactamente nos íbamos a ir a vivir a Periana, siempre me recitaba uno de sus chascarrillos: “el tiempo le dijo al tiempo y el tiempo le contestó, que con el tiempo tendría, tiempo, lugar y ocasión” y yo ya entendía que eso significaba que no sabía cuándo pero intuía que podía ser pronto y como siempre, mi madre no me defraudó y acertó.

Como decía el poeta Antonio Machado en su poema Cantares: 
“todo pasa y todo queda 
pero lo nuestro es pasar, 
pasar haciendo caminos, 
caminos sobre la mar” 
Y así fue como en el año 2005 dejé mi querida isla, en la que como es normal tuve que despedirme de grandes amigos y amigas, especialmente de mis compañeros del colegio de árbitros de baloncesto; Pablo, Marco, Pedro y Roberto y de mi querida amiga y compañera de profesión Elena, para emprender rumbo a mi oasis soñado. 

Y por fin, el momento más esperado de mi vida se materializó cuando tuve mi primer encuentro visual con él mientras vertía un saco de trigo sobre su trono desde el balcón de la casa de la familia Camacho González. En la oscuridad de la noche, los ojos de San Isidro se clavaron en los míos y desde ese momento comprendí que no me había equivocado al elegirlo como mi ejemplo a seguir, ni a este singular municipio como mi morada definitiva. 

Gracias a ese instante entré en simbiosis con este santo campesino, que me presentó a su desconocida esposa Sta María de la Cabeza y me dio a conocer su extensa y milagrosa vida de penurias, pero a su vez de gozo por sus encuentros con Dios y con su palabra. 

Esa fue también la razón principal que me llevó a recibir la imposición de la medalla como hermana de la Hermandad de San Isidro y posteriormente, a ser miembro de su Junta Directiva con el fin de ser parte activa de todos y cada uno de los actos que se celebran en torno a la figura de estas dos buenas personas. 

Eso me ha permitido poder vivir más de cerca la procesión de San Isidro, sintiendo el fervor popular pero sin olvidar el compromiso religioso. He podido acompañarlo mientras el pueblo lo vitorea, lo alumbra y le regala una lluvia de granos de trigo que no cesa durante su largo recorrido a hombros de los portadores y portadoras hasta encerrarse de madrugada en la Iglesia ante la atenta mirada de sus apenados feligreses, a los que solo consuela la idea de que dentro de un año podrán volverlo a ver salir. 

Pero cuando realmente comprendo la veneración que la gente de Periana siente por San Isidro, es cuando Gloria Sánchez, hija de Juan lechera y madre de mi querida amiga Inma Toledo, me relata año tras año como se le ponen los vellos de punta cuando ve el vídeo de la salida procesional que todos los 15 de mayo le envío puntualmente a las cuatro y diez de la tarde. Es ahí cuando se demuestra cuánto se puede querer a alguien sin tenerlo a su lado. 

Bien, sigo compartiendo con vosotros mis primeros pasos por esta tierra. Al año siguiente de instalarme definitivamente aquí, en 2006, en la Iglesia de Periana y bajo la atenta mirada de un San Isidro milagroso, en una ceremonia oficiada por el párroco Antonio Sosa, amigo y gran devoto de nuestro Patrón, me uní en matrimonio a José, después de muchos años de amistad y amor mutuo. Por él no me importó dejar atrás todo lo que tenía. Él cuidó y cuida de mí y de mi familia como suya propia, además de acompañarme y apoyarme en todos mis proyectos y locuras. Gracias, José, porque contigo todo es más fácil, más bonito, mejor. 

Fruto de esta unión gané una nueva familia porque Lourdes, Jorge y Domingo, junto con Juani y Belén, mis cuñados, entraron a formar parte de mi vida. Ellos han logrado que mi estancia aquí sea cada día más reconfortante porque siempre están a mi lado, dándome grandes dosis de afecto y transmitiéndome su amor por San Isidro. A este plantel se unieron mis sobrinas y sobrinos: Toñi, mi ahijada Estela, Jorge y Jairo, y posteriormente sus parejas Paco y José, a los que adoro. Sé que es un amor correspondido porque nunca me dejan sola y me hacen partícipe de todos sus acontecimientos importantes.

 Dicen que “para tener éxito hay que creer en algo con tanta pasión que se convierta en una realidad.” Y así fue como cumplí mi sueño de ser docente en el IES Alta Axarquía, aquel instituto que yo veía todos los veranos cuando iba a darme un chapuzón en la piscina y del que siempre había anhelado formar parte. 

Aquí, he constituido mi hogar, rodeada de alumnado, profesorado y personal no docente que valora mi trabajo y me anima a seguir en la enseñanza. En estos años he conocido a gente increíble, alumnos muy especiales como Melisa y Álvaro y he forjado amistades que perduran a lo largo del tiempo. Muchos de esos amigos y amigas, así como alumnos y alumnas a los que he visto marchar para emprender nuevos proyectos, están hoy apoyándome, no tengo palabras para agradecer que estén a mi lado en estos momentos tan importantes. He aprendido muchísimo de todos y todas y valoro los grandes consejos que he recibido, especialmente, de mi buen amigo Javi Caro. Con el paso del tiempo he podido comprobar cómo hay muchos docentes que sienten un gran cariño por Periana y por su gente, sacrificando su vida familiar por trabajar en un lugar que en la mayoría de los casos no los vio nacer pero sí los vio crecer como personas y como profesionales; Javier, Marisa, Inma y Samuel, mis compañeros y compañeras del equipo directivo saben a qué me refiero. Muchas gracias a los cuatro por enseñarme tantas cosas y por ser nuestros embajadores fuera y dentro del municipio. 

Incluso las nuevas generaciones, mi grupo de los Mariolos y mis chicas del crucero, se han dejado atrapar por nuestras costumbres y tradiciones y algunos ya tienen encargados sus sacos de trigo para ofrecérselos al patrón como agradecimiento a oposiciones aprobadas, a promesas cumplidas o a enfermedades sanadas. 

Dentro de mi proyecto de vida no puedo dejar de nombrar a mis niñas y niños del grupo Nacidos para colaborar que, de forma voluntaria, y con una amplia sonrisa me siguen en mis andanzas, en algunas ocasiones algo descabelladas. Gracias, gracias y mil veces gracias porque cada día nos dais una lección de humildad, de fidelidad y de trabajo desinteresado. Desde aquí pido un compromiso por parte de todos y todas para que siempre los protejamos y animemos porque ellos y ellas son nuestras futuras portadoras de trono, nuestros próximos miembros de la Junta Directiva de la Hermandad, o nuestros siguientes mayordomos y mayordomas. 

No querría acabar estas líneas sin dar las gracias de todo corazón al pueblo de Periana por la gran acogida que siempre nos ha dado a mí y a mi familia, por el aprecio que he sentido por parte de su gente y por la ayuda que he recibido cuando la he necesitado. Me gustaría nombrar a Antoñita Moreno y a mi prima Irene Mostazo que siempre han estado muy pendientes de mí para que no me faltara nada en estos días previos. 

Me gustaría también agradecer a mis vecinos y vecinas de mi querido barrio del Carrascal todo lo que han hecho por nosotros. Juntos hemos formado una gran familia que se apoya tanto en los buenos como en los malos momentos. 

Son aproximadamente las 21:30 horas de la noche del viernes 10 de mayo de 2024, mi sueño ya cumplido va llegando a su fin pero antes de acabar mi pregón quiero volver a retomar a mi familia, recordar a los que ya no están físicamente pero que estoy segura que están junto a San Isidro y Santa María de la Cabeza escuchando todas estas vivencias y orgullosísimos de vernos tan felices. 

Pero también me gustaría mencionar a los que están aquí presentes.

Empezaré por mis tías Tere y Reme que son las únicas supervivientes de esa saga. Ellas siguen cuidándonos a todos con esmero, añorando más que nadie a sus queridas hermanas y manteniendo vivo el amor y devoción por su pueblo y por su San Isidro querido. Gracias por seguir siempre acompañándonos en nuestro camino. 

Continuaré con mi querido hermano Paco, al que no sé como agradecer sus desvelos para que no me falte de nada, que desde la distancia se sigue emocionando con mis relatos sobre nuestro patrón, y al que nunca le pesa acudir cuando lo necesito junto a su luchadora y dulce compañera Ana. 

Y acabaré con mis primos Chico y Fran que me miman y dan su apoyo. Ellos, embriagados por los recuerdos del pueblo que los acogió como veraneantes y ahora como vecinos, se suman como uno más a sus tradiciones y costumbres. Desde aquí os pido a vosotros y a nuestros primos de Barcelona, representados hoy por Inma, Mónica, Mari y Cristi que me ayudéis a continuar con el legado de nuestras madres y abuelos, manteniéndonos siempre unidos en torno al pueblo de nuestros antepasados y a su veneradísimo patrón. 

Ahora, que toca despedirse, me doy cuenta que es diferente el sonido que hoy me une a ti, San Isidro. Esta vez se oye el susurro de los presentes, hace un rato escuchamos los acordes de nuestra banda municipal y próximamente se oirá el estallido de los fuegos artificiales anunciando el comienzo de las fiestas. Todos ellos son recuerdos distintos a los que te evocaban en mi niñez pero no por ellos menos importantes porque constituyen la idiosincrasia de un pueblo que te aclama y te implora con gran fervor, no desoigas su voz, glorioso San Isidro, y sé siempre su protector. 

Muchas gracias

VIVA SAN ISIDRO

VIVA SANTA MARÍA DE LA CABEZA

VIVAN LOS MAYORDOMOS Y MAYORDOMAS

Y VIVAN TODOS Y TODAS LAS PRESENTES