martes, 22 de junio de 2010

Perfume de melocotón y verdial.

Periana de verdiales y duraznos, de perfumes afrutados, de exabruptos históricos. Periana de paisajes excelsos y suaves colinas. Periana reconstruida. Periana de calles nuevas y estrechas, de parques umbríos y fuentes generosas. Periana de melocotón. Periana de aceite. Periana de colmados cielos azules. Periana de Guaro y de Vilo. Periana de ríos. Periana.

Periana en su contexto

La carretera serpea entre un vergel de olivos y encinas y melocotoneros. Las copas de los árboles reflejan colores blanquecinos ante la tenaz observancia del sol y se mecen, como la superficie de un lago manso, al compás que les marca la brisa. Contrasta este paisaje ondulado y suave con la abrupta historia del municipio, que vio sacudidas sus entrañas y sus cimientos con un terremoto, asoladas su vides a causa de la plaga de filoxera, arrumbados por las inundaciones algunos de sus más emblemáticos parajes naturales. El terremoto de 1884 provocó en Periana una herida que se cobró 56 vidas y obligó al municipio a reinventarse, a recrearse, a reconstruirse. Pese a ello, su casco histórico no ha perdido un ápice de autenticidad. El municipio posee además algo que ningún terremoto podría arrebatarle: unas excepcionales vistas del pantano de La Viñuela, de esta zona de la comarca de la Axarquía y también del mar, más allá de Vélez Málaga, lo que nos permite jugar a los contraste entre la domesticada lámina de agua y la indómita corriente del mar.

Llegada y aparcamiento

Nada más cruzar el cartel que nos indica la llegada al término municipal, una rotonda nos dirige, de frente, a los Baños de Vilo y a la izquierda, al centro urbano. Tomamos esta última dirección. Dejamos el cuartel de la Guardia Civil a la derecha y llegamos, por la evocadora calle paseo Bellavista, hasta la plaza de la Constitución, donde se sitúa el ayuntamiento perianense, lugar perfecto para estacionar. Desde la plaza se abre una balconada que ofrece unas vistas magníficas de esta zona de la Axarquía, tan distinta de otras de la misma comarca por la aparente dulzura de sus formas... Con sus colinas suaves, sus caseríos y cortijos diseminados como pequeñas gotas de pintura blanca sobre un óleo de verdes y azules. La lámina del embalse resulta un perfecto imán para la mirada.

Hasta la plaza de la Fuente

Pertrechados con la cámara de fotos y el bloc de notas nos adentramos en las calles de Periana. Siguiendo la estela del Paseo Bellavista llegamos hasta una plaza elevada, repleta de sombras frescas donde los mayores se juntan para refugiarse del sol. Desde la plaza se observa la parte trasera de la iglesia de San Isidro Labrador. Bebemos de una de sus fuentes y continuamos adelante hasta una curva en la que, cobijada bajo un arco, se encuentra la entrada al parque Arroyo Cantarranas donde nos saluda una dulce música árabe que nos retrotrae inmediatamente a los tiempos del Al-Ándalus musulmán. Continuamos caminando por la calle principal para percatarnos que su trazado, pese a ser reconstruida Periana tras el terremoto, sigue siendo un tanto sinuoso y apretado, que sus casas no han perdido los zaguanes y la reminiscencia de los antiguos adarves, que el blanco de pintura y de cal impera sobre otros colores y que los aromas mediterráneos no lograron desprenderse de sus paredes pese a la sacudida de 1884. También se observan casas de nueva construcción, diciochescas, con sus fachadas rectangulares apaisadas, los ventanales grandes con persianas de madera, las rectas terrazas superiores, con las ventanas y puertas enrejadas, con alguna gárgola asomando de sus cañerías en forma de dragones míticos... Llegamos así hasta la plaza de la Fuente, donde cuatro caños casi a ras de suelo forman con su caída lo que fuera un antiguo abrevadero. San Isidro, devocionado por los perianenses, preside la fuente. Disfrutamos del agua fresca como si de un regalo se tratara.

El durazno de Periana...

En la plaza de la Fuente giramos a la izquierda y tomamos la calle Félix Rodríguez de la Fuente. Como curiosidad, decir que los números que indican los portales de las casas son todos iguales. Un mosaico donde aparece el número en blanco coronado por dos melocotones que aún penden de su rama. Y es que la producción del melocotón en la localidad es muy destacada, así la describe la página web del ayuntamiento: "El melocotón “durazno” de Periana, pese al extendido reconocimiento del que disfruta, lo introdujo hace aproximadamente doscientos años un vecino del pueblo apodado “El Rojo” que fue a Argentina a visitar a un familiar, trajo plantones de este árbol, sembrándolos en la finca de los “Altabacares”. La benignidad del clima junto con la fertilidad de su tierra propicio que el melocotón se extendiera fácilmente por el Municipio. Los “duraznos” eran transportados a lomos de los animales en diferentes recipientes o envases, colocados en serones, pañiles e incluso en sacos. Pronto surge un grupo de pioneros que empezaron a abrir mercado y a dar a conocer su producto en la capital y pueblos de los alrededores. “Los Arrieros” salían a media noche para los pueblos del interior (Alfarnate, El Trabuco, Zafarraya, Loja, etc.) y vendían sus productos o realizaban “trueques”. Aquí fue donde empezó a conocerse el Melocotón de Periana por los compradores al por mayor, procedentes de Murcia y otras provincias. Su mayor explotación incide en los años 70, con la ampliación del cultivo, llegando a producirse hasta cuatro millones de kilos. El “durazno” de piel aterciopelada, de olor embriagador y exquisito sabor, a gusto de los mejores paladares, dan a este fruto su reconocida fama". Nada hay que añadir a esta última frase. Continuamos camino para descubrir otro de los tesoros de Periana.

... Y el aceite de Periana

Apenas recorridos cincuenta metros de la calle encontramos un desvío a la derecha en el que se nos indica la entrada a las instalaciones de la Sociedad Cooperativa Olivarera San Isidro, presididas por una enorme chimenea de ladrillo rojizo, ya en desuso. Si los melocotones que produce Periana son excelentes, qué decir de sus aceites de oliva verdial, exclusivos de la comarca. El aceite de Periana se extrae de sus olivares centenarios que ya los fenicios, romanos y nazaríes utilizaron gracias a las cualidades de su aceituna. Posee la variedad verdial un color verde intenso incluso en su época de maduración y su nombre dio lugar a los populares fandangos conocidos como "verdiales". Los expertos aseguran que el aceite verdial posee un intenso aroma afrutado, de perfumes naturales, y un peculiar y fino color amarillo. Todo esto lo subrayan los expertos y después de degustarla, también lo certificamos los profanos. Y es que no pudimos resistir la tentación de entrar en las oficinas de la cooperativa y hacernos con dos garrafas de cinco litros a precio más que competitivo (15 euros cada una). Aprovechamos para charlar con uno de los socios, de la importancia de la industria aceitera, de la máxima explotación de los recursos tecnológicos para hacer el aceite competitiva, de las particularidades del verdial... Una buena e instructiva conversación. Algunas horas más tarde, ya de regreso, probamos con fruición esta variedad de aceite y sólo podemos decir que constituye un alimento, un plato, en sí mismo.

La iglesia de San Isidro, el terremoto y Alfonso XII

Continuamos adelante y en diez metros llegamos hasta la iglesia de San Isidro Labrador. Pese a ser de reciente construcción, se puso de nuevo en pie tras el terremoto de 1884, posee un encanto singular. Sus paredes son blancas y están rematadas en dinteles, columnas, doseles y espadañas en ladrillos visto, lo que le confiere cierto aire industrial. Su interior es de estilo mudéjar, con planta de tres naves delimitadas por arcos apuntados. Su solería de pequeños mosaicos es única en la zona. En la portada del edificio nos encontramos con un testimonio sobrecogedor. Una gran placa de mármol dice lo siguiente: "A las nueve de la noche del día de la natividad de NJS, año de 1884, comenzó a estremecerse la tierra de Granada y Málaga en zona de 200 kilómetros de longitud y 70 de anchura con 106 poblaciones, arruinándose algunas. En casi todas ellas se desplomaron edificios, murieron 736 personas, 1.253 padecieron daño corporal, nadie quedó libre de amargura y espanto. Vino aquí presuroso el caritativo y alentado Rey Alfonso XII cuando el azote duraba todavía, cuando la ventisca y la nieve cerraban el paso al caminante. Enjugó lágrimas, socorrió al pobre, fortaleció los ánimos. Llamando en su ayuda a la caridad universal para remediar aquella desdicha había iniciado ya una suscripción que en los dominios españoles produjo 3.448.734 pesetas y en otros países 3.006.363 pesetas. Merced a tan eficaz auxilio 14.000 casas fueron construidas o reparadas prontamente y en el nuevo barrio del pueblo de Periana se alzó esta Yglesia parroquial". Sin duda, esta crónica ofrece una muestra cabal de lo que supuso el terremoto de 1884. La ayuda de la corona fue imprescindible, así el pueblo de Periana la agradeció, nombrando como plaza Alfonso XII a la situada en la parte trasera de la iglesia.

Llegamos a la comida

Subimos por la calle lateral derecha de la iglesia hasta llegar al paseo Bellavista, caminamos hasta la plaza de la Constitución para descargar en el coche los 10 litros de aceite que llevamos a cuestas. Una vez realizada la descarga, bajamos por la calle principal hasta llegar al restaurante Verdugo, recomendado por una buena amiga con parientes en la localidad. Los primeros platos cambian cada día, así el camarero nos los canta: Ajoblanco, puchero, sopa de picadillo y gazpacho. Optamos por el ajoblanco y por la sopa de picadillo. El segundo lo elegimos sobre una carta en la que aparecen ibéricos, cordero, chivo, entrecot, boquerones, calamares, rosada... etc. La carta viene además en varios idiomas. Optamos por unos calamarcitos plancha y por costilla asada (los dos platos vienen acompañados de una guarnición de patatas y verduras). Es un restaurante al que acuden, mayormente, las gentes de Periana (no en vano nos encontramos con uno de los encargados de la cooperativa aceitera), comida casera recia y raciones generosas. Corre un tanto de brisa en el local, y se agradece. El ajoblanco está acompañado de manzana y de pepino, la sopa de picadillo intensamente perfumada... Para acompañar, una cerveza y una botella de agua de litro y medio. Rematamos la faena con una café americano con hielo. Total: 19,5 euros.

Los Baños de Vilo

Después de reposar la comida bajo la sombra de un árbol imponente en la plaza, tomamos dirección al coche para desplazarnos hasta los Baños de Vilo. En la rotonda que nos encontramos al comienzo del pueblo viene señalada la dirección, así que hacia allí nos encaminamos. Podemos tomar, aproximadamente a dos kilómetros del centro, dos opciones: seguir el camino hacia Alfarnate o continuar adelante dirección Colmenar. Si escogemos la primera de las opciones nos adentraremos por una de las barriadas de Periana, con una carretera muy estrecha que discurre entre casas. Si optamos por continuar hacia adelante, nos encontraremos, en una curva cerrada, una indicación a la derecha que nos llevará, tras subir una pronunciada cuesta, hasta los Baños de Vilo. Cualquiera de las dos es válida para llegar al sitio. Cuidado con no pasárselo una vez que estemos en sus inmediaciones, ya que se sitúa tras un complejo turístico de nuevo cuño y el cartel sólo es perceptible una vez que se pasa delante de él. Llegamos. Suenan las cascadas del río Vilo, un murmullo de hablar fluvial incesante. En la otra ribera, a la que se accede tras cruzar un pequeño puente de piedra, hay una pequeña construcción con dos muretes y una torreta, entre ellos se encierra un tesoro. Un tesoro de perfumes insolentes y de intenso color turquesa. Una poza, domesticada, protegida por las pequeñas murallas hace las veces de antigua piscina. Impresiona el espejeante color de sus aguas. El aroma es muy penetrante, pero parece que lo asociamos de manera inmediata al bienestar de los spas naturales, a las termas clásicas. Todo es silencio y rumores de agua. La temperatura de los Baños de Vilo permanece constante a los largo del año, manteniéndose inalterable a 21º centígrados. Esta zona se utilizó como baños de agua sulfurosa en el siglo XIX, hasta que una riada destruyó en 1907 el rudimentario complejo turístico que se había creado en torno. En la actualidad la zona se está rehabilitando.

Despedida

Nos sentamos en las inmediaciones de los baños, la música que proporciona el río, la umbría vereda bajo los árboles, la protección de los muros, la poza turquesa que se abre ante nosotros... Nos descalzamos y con cierto temor, sumergimos un pie en el agua... Perfecta la temperatura. Nos dejamos arrastrar por la imaginación e imaginamos cómo fueron aquellos años finales del siglo XIX y los primeros del XX cuando los burgueses provenientes de la capital o de Vélez Málaga se juntaban con los perianenses en la búsqueda del poder curativo de sus aguas... Imaginamos...

Información turística y enlaces de interés

Día del aceite verdial: En el mes de abril Periana celebra el Día del Aceite Verdial, "jornada declarada Fiesta de Interés Turístico Provincial que tiene como principal objetivo dar a conocer el “oro líquido” que se extrae del olivo verdial, una clase de árbol que produce una singular aceituna de la que sale un producto de color dorado y sabor dulce, único y original. Esta singularidad de esta aceituna ya fue apreciada por fenicios y romanos y en los tiempos del reino nazarí". Durante las celebraciones se ofrecen degustaciones, un desayuno molinero, músicas con pandas de verdiales y la entrega de los premios Olivo Verdial a distintos representantes de la sociedad, la política y la cultura. En la página web de Periana aparecen fotografías y vídeos de las celebraciones: Día del Aceite Verdial.Día del Melocotón: Homenaje a los duraznos de Periana, donde el epicentro de las celebraciones se sitúa en el certamen gastronómico que tiene como requisito indispensable utilizar melocotones en la elaboración de los platos. Se acompañan los festejos con música y otras actividades culturales. El Día de Melocotón se celebra en el mes de julio. Aquí se pueden ver dos de los vídeos.


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