Discurso de homenaje a Mari del Punto: Mujer Rural de Periana
Buenas tardes a todos: autoridades, vecinos de Periana y amigos.
Hoy el Ayuntamiento, quizás, busca palabras en los despachos para intentar explicar qué significa exactamente ser una "Mujer Rural".
Pero nosotros, los que estamos aquí y los que la conocemos de verdad, no necesitamos diccionarios ni la IA. Nosotros tenemos claro que "Mujer Rural" no es un título: es, sencillamente, la Mari del Punto.
Como dice Susana, ser mujer rural es ser una mujer todoterreno: la que despacha el pan con una sonrisa, teje el punto con manos mágicas y, con esa misma fuerza, saca adelante un olivar. Es tener, como añade Adri, una mente que nunca para de inventar cosas, manteniendo por encima de todo el corazón limpio. Es, ser esa trabajadora incansable, una currante como pocas, como bien nos recuerda nuestro primo David.
Para sus tres hijos —Marcos, Mari y Susana— ¿qué podemos decir de nuestra madre? Mari dice que es la mejor madre, suegra, abuela y bisabuela del mundo, tiene unas manos únicas, una humildad inmensa y un corazón tan grande que no le cabe en el pecho. Como añade Marcos: mamá es
perseverancia pura con sus ideas, y Susana dice que es su artista referente.
Ese corazón, es el que ha tocado profundamente a cada uno de sus nietos, yernos y nuera que hoy querían dejarle claro lo que significa para ellos:
Para Lorena, ella es el ejemplo vivo de trabajo, sabiduría y amor, capaz de seguir andando cuando el camino se pone cuesta arriba. Nico, Lola y Desirée lo tienen claro: ella es ejemplo de valentía, coraje y del amor más puro, porque la vida rural corre por sus venas. Por eso Mario dice con orgullo, que es una "fenómena en todo", y Cristian, le da las gracias por absolutamente todo lo que hace por nosotros. Antonio y Juan la ven enraizada a la familia y a su tierra.
Su legado ya está vivo también en los más pequeños, en sus biznietos. Manuela dice que le encanta pasar tiempo con ella porque nunca está quieta y siempre aprende algo nuevo.
Para Carmen, la más pequeña de la familia, su abuela es preciosa y —atención aquí— ¡hace los mejores fideos amarillos del mundo!
Al final, como dice Ismael, todo se resume en una verdad universal: es la mejor abuela del mundo mundial. Y por eso Vane lo dice, y lo dirá siempre bien alto: "¡Yo de mayor quiero
ser como mi abuela Mari!". Porque, como bien dice Jose, las abuelas son, en realidad, otra madre más.
Mamá, hoy Periana te rinde este bellísimo y merecido homenaje público. Pero el verdadero premio no es una placa, ni un diploma. El verdadero premio, es el orgullo de tenerte, de aprender de ti y de llevar tu sangre, nos lo quedamos nosotros todos los días del año.
¡Muchísimas felicidades, Mari del Punto! ¡Te queremos con todo el alma! Y agradecer al pueblo entero de Periana este reconocimiento de Mujer rural 2026, gracias!

(Sus compañeras de la Asociación Pinceles quisieron arroparla en este día tan especial).
Como se ha mencionado al comienzo de este acto, hoy, 15 de octubre, celebramos el Día Internacional de la Mujer Rural, una fecha para reconocer a tantas mujeres que, con su trabajo y dedicación, han sacado adelante a sus familias y han contribuido a la vida de nuestros pueblos.
Para nosotros es una alegría y un orgullo que nuestra madre reciba este reconocimiento. Por eso, mi hermano y yo queremos compartir con todos vosotros algunos recuerdos de su vida, de su trabajo y de todo lo que ha aportado a su familia y a este pueblo.
Antes de comenzar, queremos agradecer a la Corporación Municipal y a las asociaciones que han hecho posible este homenaje que reconozcan la trayectoria de mujeres que han contribuido tanto a la vida de nuestro pueblo y que nos brinden la oportunidad de compartir un poco de sus historias.
Nuestra madre nació en Periana, en la calle Las Monjas, en el seno de una familia formada por Carmela y Rafael Barroso. Era la segunda de tres hermanas, la mayor Carmen y la pequeña, Pilar.
Parte de su infancia transcurrió en La Lomilleja, en la Fonda La Giralda, antiguamente conocida como el bar Pepito la Justa. Allí compartió muchos momentos con sus amigas Tere y Encarni, las hijas de Encarna, la peluquera, con quienes todavía hoy recuerda anécdotas que le sacan una sonrisa. Más adelante, la familia se trasladó a El Cruce, donde sus padres, nuestros abuelos, montaron el bar Barroso.
Durante su etapa escolar, su maestra, Josefina Mateos, la animaba a continuar estudiando porque sabía que tenía capacidad para ello. Sin embargo, al terminar los estudios primarios, se incorporó de lleno al negocio familiar.
En El Cruce no había solamente un bar. También tenían una pequeña fonda y una librería donde se vendía prácticamente de todo: desde libros y lápices hasta arropía y aquellos famosos bocadillos de mortadela que todavía hoy recuerda toda una generación. Además, cada semana recibían la visita del notario. Para que pudiera atender a todas las personas del pueblo que acudían a realizar sus escrituras, tenían que desmontar prácticamente toda la casa y acondicionar el espacio para recibirlas, mientras el bar seguía funcionando con normalidad. Todo aquello suponía un esfuerzo enorme.
A lo largo de esos años, hubo también una persona muy vinculada a esa historia familiar: su tía Monsa, que siempre estuvo cerca del negocio y formó parte de aquellos años tan importantes para nuestra familia.
De sus padres aprendió el valor del trabajo, la responsabilidad y esa manera de entender la vida en la que la familia siempre ocupa un lugar importante.
Con el tiempo, formó su propia familia junto a su marido, Leoncio, nuestro padre, y dedicó toda una vida al trabajo en el bar. Fueron años de jornadas largas, muchas responsabilidades y trabajo constante, día tras día. Una vida entera de dedicación y con muy poco descanso. Si algo te ha caracterizado siempre, mamá, ha sido lo trabajadora y laboriosa que eres. Cuando terminabas la jornada en el bar, ya de madrugada, todavía te veíamos haciendo punto de cruz o tejiendo jerséis.
Porque, incluso después de tantas horas de trabajo, siempre encontrabas algo que hacer.
En ese camino también contaste con la ayuda de mujeres fundamentales: tu madre, Carmela; tu suegra, Remedios; y una mujer muy especial para nosotros, María Riera, que siempre ha sido nuestra tata. Todas ellas forman parte de nuestra historia familiar y de aquellos años en los que, con el trabajo y la ayuda de unos y otros, se iba sacando todo adelante.
En aquel bar no solo se trabajaba. También había conversaciones, encuentros y comidas preparadas con esmero. Hay un recuerdo de aquella época que seguro que a más de uno le resulta familiar: tu famoso bizcocho, siempre acompañado de su infusión. Raro era el difunto del pueblo para el que no preparabas aquel manjar.
Todavía recordamos mi hermano y yo cuando llegábamos del instituto, veíamos el bizcocho en el horno y preguntábamos casi automáticamente: ¿Quién se habrá muerto? Porque bastaba con escuchar las campanas para que, sin saber de quién se trataba, ya te pusieras a prepararlo. Hoy recordamos aquella costumbre con mucho cariño. Mientras tanto, tus hijos crecíamos. Quizá no siempre pudimos disfrutar de ti tanto como nos hubiera gustado, pero los años nos han permitido comprender mejor todo lo que había detrás de aquella entrega. Hoy entendemos que, detrás de tantas horas de trabajo, había también una preocupación constante por la familia y por sacarnos adelante.
Por eso, mamá, hoy queremos darte las gracias. Gracias por tantos años de esfuerzo, por cada comida preparada, por cada preocupación y por tantas cosas que hiciste sin esperar nada a cambio.
Gracias por enseñarnos, junto a papá, el valor del trabajo, la importancia de la familia y, sobre todo, la necesidad de ser buenas personas.
Siempre nos habéis transmitido que lo importante es hacer el bien, ayudar a los demás y actuar de corazón, sin esperar nada a cambio. “Haz siempre el bien y no mires a quién”. Una frase muy vuestra, que hemos escuchado tantas veces y que resume perfectamente vuestra forma de entender la vida. Si hoy somos quienes somos, es también porque hemos crecido mirando vuestro ejemplo.
Después de tantos años de trabajo, ha llegado para ti una nueva etapa: la jubilación. Ahora puedes dedicar más tiempo a tus manualidades, participar en asociaciones y colaborar en las actividades de nuestro pueblo. Continúas realizando el tradicional altar del Corpus, preparando tus riquísimos borrachuelos y estando ahí cada vez que te lo piden. Sigues demostrando tu generosidad y tus ganas de colaborar con todo aquello que forma parte de la vida de nuestro pueblo.
Ahora disfrutas de una alegría muy especial: tu nieto. Verlo crecer, compartir tiempo con él y disfrutar de esta etapa es una de esas cosas bonitas que te regala la vida después de tantos años de trabajo. Espero y deseo que él pueda aprender de vosotros y que también crezca con ese ejemplo de trabajo, esfuerzo, generosidad y bondad que nos habéis transmitido. Hoy, tu historia nos recuerda a tantas mujeres que han dedicado su vida a trabajar, a cuidar de sus familias y a contribuir al bienestar de sus pueblos. Mujeres que han pasado buena parte de su vida detrás de un mostrador, atendiendo a sus clientes, ocupándose de sus casas y de sus familias, y sacando adelante sus negocios con esfuerzo y constancia. Mujeres que muchas veces no han recibido el reconocimiento que merecían, pero cuyo trabajo ha sido fundamental para la vida de sus pueblos. Y tú, mamá, eres una de ellas.
Una mujer nacida y criada en nuestro pueblo, que ha trabajado aquí, ha formado aquí su familia y ha desarrollado aquí toda su vida. Una mujer que ha dejado su huella por su trabajo, por su forma de tratar a los demás y por los valores que nos ha transmitido. Mamá, hoy nos sentimos orgullosos de tu historia, de tus raíces y de la huella que has dejado en nuestro pueblo. Pero, sobre todo, nos sentimos orgullosos de ser tus hijos. Deseamos que disfrutes de esta nueva etapa con salud, tranquilidad y alegría, rodeada de tu familia y disfrutando de tu nieto y de todas esas pequeñas cosas que te hacen feliz.
Hoy tenemos un motivo más para celebrar, porque también es tu santo, Santa Teresa. Feliz Día Internacional de la Mujer Rural, feliz Santa Teresa y enhorabuena por este reconocimiento. Gracias por todo lo que nos has enseñado y por la madre que has sido y sigues siendo. Te queremos.
(Sus compañeras de la Asociación "San Fernando Rey" quisieron apoyarla en este día tan especial)
texto familia
(Sus compañeras de la Asociación Crisol quisieron arroparla en este día tan especial)
MI MADRE,
UNA MUJER HECHA DE TIERRA, SABIDURÍA Y AMOR
Mi madre es una de esas mujeres que no necesitaron muchos años de escuela para aprender las grandes lecciones de la vida. Una mujer rural, trabajadora, luchadora, madre, ama de casa y abuela, que ha sabido construir un mundo entero con sus manos, su esfuerzo y su imaginación.
Apenas tuvo la oportunidad de sentarse en un pupitre, pero la vida le puso delante una escuela mucho más dura: la del trabajo, la necesidad, los sacrificios y las responsabilidades. Y en esa escuela aprendió a ser fuerte, a no rendirse y a sacar adelante a su familia con lo poco o mucho que tuviera.
Porque mi madre tiene algo que no se aprende en los libros: una cabeza llena de ideas, una imaginación inmensa y unas manos capaces de convertir lo sencillo en algo extraordinario.
Sabe coser, sabe pintar, crear, inventar y dar vida a aquello que otros ni siquiera imaginan. Donde alguien ve una tela, ella ve una posibilidad; donde otros ven algo viejo, ella encuentra una forma de transformarlo; donde parece que no hay nada, su imaginación es capaz de crear belleza.
Quizá no tuvo muchos estudios, pero tiene una inteligencia de esas que no necesitan títulos para demostrar lo que valen. La inteligencia de quien observa, aprende, resuelve, inventa y encuentra soluciones cuando parece que no las hay.
Sus manos han trabajado la tierra, han cuidado una casa, han vestido a los suyos con sus costuras y han llenado de pequeños detalles la vida de quienes la rodean. Manos que seguramente conocen el cansancio, pero que nunca han perdido la capacidad de crear.
Ha sido madre, mujer, compañera, trabajadora incansable y ahora abuela, regalando a sus nietos una ternura que nace de toda una vida de amor y sacrificio.
Hay mujeres que deberían tener un monumento, aunque nunca hayan salido en los libros de historia. Mujeres que hicieron muchísimo con muy poco, que aprendieron sin maestros, que crearon sin recursos y que sacaron adelante a sus familias sin que nadie les enseñara cómo hacerlo. Mi madre es una de ellas.
Una mujer que quizá no pudo estudiar, pero que sabe de la vida. Que quizá no tuvo grandes oportunidades, pero que lleva dentro una riqueza que no se compra con dinero. Una mujer con talento, con ingenio, con imaginación y con un corazón que vale más que todos los diplomas del mundo.
Mamá, ojalá el mundo pudiera ver lo que yo veo en ti. Ojalá pudieras mirarte alguna vez con mis ojos y descubrir lo extraordinaria que eres. Tu valor no está en los estudios que no pudiste tener, sino en todo lo que has sido capaz de aprender, crear, construir y regalar a los demás.
Eres campo, eres raíces, eres arte, eres ingenio y eres amor.
Qué orgullo ser parte de tu historia, mamá. Qué suerte tener tus manos, tu ejemplo y tu amor tan cerca. Porque hay títulos que se cuelgan en una pared, pero hay sabidurías que se llevan en el alma. Y tú, mamá, eres sabia sin haber necesitado que nadie te lo enseñara.
El alumnado de la Escuela de Adultos de Mondrón, quiso agradecer a la concejala Gema Frías Luque el trabajo desarrollado en los últimos meses, en la escuela, para conseguir que este curso escolar pueda ser una realidad para los adultos.
Además estuvo presente la Asociación Esperanza que comunicó a todos los presentes el dinero recaudado en el evento celebrado el 4 de octubre, batiendo récord con un total de 11.100,00€.
Las homenajeadas son:
María del Carmen Ortigosa Bonilla
María Teresa Barroso
Antonia López Oviedo
María del Carmen Benítez Torres García
Como podéis ver 4 mujeres totalmente diferentes que a su vez tienen algo en común, mujeres queridas por sus compañeras. Mujeres que forman parte de las asociaciones de mujeres y que en días como hoy demuestran que podemos apoyarnos y seguir dando valor a lo que realmente importa, a lo que somos, a nuestra esencia y a nuestras raíces.
Mujeres que sin saberlo mantienen nuestras tradiciones a través de la costura y ojo, también la merienda. Que esas costumbres no se pierdan “ benditas meriendas”
Se hizo un pequeño video en representación de a todas aquellas mujeres que ya no están y nos dejaron su legado, aquellas que abrieron camino y nos dejaron su fuerza, cariño y su ejemplo, su trabajo forma parte de nuestra historia y su recuerdo permanecerá siempre en nuestras vidas. Mucho de lo que hoy somos nació en sus manos, las que trabajaron la tierra, sostuvieron hogares y nos ayudaron a crecer. Cada rostro que aparece en el vídeo nos recuerda a muchas otras mujeres que también dejaron huella en nuestras vidas. Sirva este pequeño recuerdo como homenaje a todas ellas, que forman parte de lo que somos y de la historia de Periana.