
Entre mis múltiples facetas, hoy quiero destacar una que me apasiona especialmente: mi participación en la elaboración y maquetación de la revista cultural Viñas Literarias de La Viñuela, una publicación que nace gracias al trabajo y la creatividad de los miembros del Club de Lectura y Teatro de La Viñuela.
Se trata de un grupo profundamente comprometido con la cultura, que participa activamente en presentaciones de libros, encuentros de clubes de lectura, talleres de escritura, ciclos de teatro, veladas poéticas y numerosos eventos culturales de nuestra comarca.
En medio de toda esa actividad cultural, hace algún tiempo llamó mi atención una pequeña ermita situada en la aldea de Los Ramírez. La curiosidad me llevó a investigar su origen, ya que no existía ningún relato completo sobre su historia. Con el compromiso de dejar constancia de ella en las páginas de Viñas Literarias, emprendí una pequeña investigación que me permitió descubrir numerosos datos inéditos, entre ellos la identidad del constructor encargado de las obras y otros detalles de gran relevancia que ayudan a comprender la conmovedora historia que dio lugar a la construcción de esta singular ermita.
El periodista Javier Almellones, de Diario SUR, ha recogido ahora esta historia y la ha convertido en un magnífico artículo que contribuye a difundir y preservar una parte de nuestro patrimonio y memoria colectiva.
Comparto con satisfacción este trabajo, convencida de que conocer nuestras raíces es la mejor manera de valorar y conservar nuestra historia.
20/06/2026 - www.diariosur.es
La respuesta obliga a remontarse al siglo XIX, aunque la historia comienza incluso antes.
Quien pasa por la barriada de Los Ramírez, en La Viñuela, difícilmente imagina que la pequeña ermita que se alza junto a la carretera esconde una historia que conecta la Axarquía con Granada. Porque, aunque se encuentra a una hora y media de la Alhambra, está dedicada a la Virgen de las Angustias, la patrona de la capital nazarí.
Pero, ¿cómo acabó una de las devociones más vinculadas a Granada en un pequeño núcleo rural de la Axarquía? La respuesta obliga a remontarse al siglo XIX, aunque la historia comienza incluso antes. Según diversas referencias patrimoniales, en este lugar existía una pequeña cueva utilizada como espacio de culto popular. En su interior había una estampa religiosa y era frecuentada por viajeros y arrieros que recorrían el antiguo camino que comunicaba Vélez-Málaga con Granada a través del Boquete de Zafarraya. La Viñuela, de hecho, nació vinculada a esa histórica ruta de comunicación entre ambas provincias.
Todo cambió cuando se comenzó a construir la carretera que atravesaría la zona. Las obras afectaron a aquella humilde cavidad y provocaron su desaparición. Fue entonces cuando apareció la figura que explica la presencia de la patrona granadina en este rincón de Málaga.
La tradición local sostiene que el contratista encargado de las obras, natural de Granada, prometió levantar una nueva ermita dedicada a la Virgen de las Angustias si los trabajos concluían sin incidencias. Investigaciones recientes de la autora Gema Frías Luque, publicadas en la revista cultural 'Viñas Literarias', identifican a aquel constructor como Sebastián Martín Segovia y lo relacionan con la ejecución de la antigua carretera que atravesó la zona.
La nueva ermita se terminó en 1888, aunque antes hubo que resolver una cuestión que hoy sigue formando parte de la memoria popular del municipio.
Un referéndum
Según la versión más extendida, los vecinos de Los Ramírez, en La Viñuela, y los de Portugalejo, ya en término municipal de Canillas de Aceituno, querían albergar el nuevo santuario. Para decidir dónde levantarlo se habría organizado una votación vecinal cuyo resultado favoreció finalmente a Los Ramírez.
No existen documentos conocidos que permitan reconstruir con exactitud aquella consulta, pero la historia ha llegado hasta nuestros días como uno de los episodios más curiosos asociados a la ermita. Al fin y al cabo, no deja de resultar llamativo que el emplazamiento de un templo acabara decidiéndose mediante una especie de referéndum popular en una época en la que este tipo de procesos estaban muy lejos de ser habituales.
La cronología añade además otro detalle interesante. La Virgen de las Angustias fue proclamada oficialmente patrona canónica de Granada por el papa León XIII en 1887. Apenas un año después, en 1888, se levantaba la ermita de Los Ramírez bajo la misma advocación. No existe una prueba documental que vincule ambos acontecimientos, pero la coincidencia resulta cuanto menos notable.
Sin embargo, la historia de esta pequeña ermita habla de algo más que de religión. También habla de caminos, de comunicaciones y de la estrecha relación que durante siglos mantuvieron la Axarquía y Granada. Por aquellos itinerarios circularon mercancías, viajeros y arrieros, pero también costumbres, tradiciones y devociones que terminaron echando raíces lejos de su lugar de origen.
Con el paso del tiempo, la Virgen de las Angustias dejó de ser una advocación llegada desde Granada para convertirse en una de las principales señas de identidad de La Viñuela. Hoy comparte el patronazgo del municipio con San José y sigue ocupando un lugar destacado en las celebraciones locales.
Quizá ahí resida la singularidad de esta ermita situada junto a la carretera. Nació gracias a una obra pública impulsada en el siglo XIX, sobrevivió al paso de las décadas y acabó formando parte de la historia local. La devoción llegó desde Granada. La historia, sin embargo, terminó siendo plenamente axárquica.
Otro caso en la Axarquía
Aunque el caso de Los Ramírez pueda parecer el más singular de la Axarquía, no fue el único ejemplo de la influencia granadina en la provincia de Málaga. En Nerja existe otra ermita dedicada a la Virgen de las Angustias cuyo origen también está relacionado con personas llegadas desde Granada. En este caso fue promovida a comienzos del siglo XVIII por un matrimonio granadino vinculado al, por aquel entonces, floreciente negocio de la caña de azúcar y acabó convirtiéndose igualmente en uno de los principales referentes patrimoniales y religiosos de la localidad.
Lejos de ser una casualidad, ambos ejemplos recuerdan hasta qué punto los caminos históricos entre Málaga y Granada sirvieron durante siglos para intercambiar mucho más que mercancías. También transportaron devociones, tradiciones y formas de entender el mundo que aún hoy siguen dejando huella en el paisaje.