miércoles, 15 de julio de 2026

Domingo Zorrilla Zorrilla, de profesión alguacil.

 


Domingo Zorrilla Zorrilla

EL ALGUACIL DE PERIANA

Una vida de servicio, humildad y recuerdo en la memoria del pueblo

Domingo Zorrilla Zorrilla nació en Periana a principios del siglo XX. Hombre serio, trabajador y de carácter recto, dedicó gran parte de su vida al servicio público como alguacil del ayuntamiento durante las décadas de 1950 y 1960.

Como alguacil, fue el mensajero y representante de la autoridad municipal. Notificaba avisos, convocaba a los vecinos a reuniones, se encargaba del orden en los actos públicos y velaba por el cumplimiento de las normas en el pueblo. Su silbato, su gorra y su bastón eran símbolos de una época en la que el respeto y la palabra dada tenían gran valor.

Domingo no solo era el alguacil, era también una figura cercana y conocida por todos. Siempre dispuesto a ayudar, conocía cada rincón de Periana y a sus gentes. Con paso firme y voz pausada, recorría las calles empedradas cumpliendo con su deber.

Vivió en distintos lugares emblemáticos del pueblo. Primero en la antigua Tahona, luego en el edificio del antiguo Ayuntamiento, y más tarde en las Casas Nuevas, donde formó su hogar junto a su familia.

En las horas en las que no había escuela, los niños del barrio aprovechaban cualquier momento para reunirse y jugar en la plaza del viejo Ayuntamiento, situada a espaldas del taller de carpintería de Camacho. Aquel rincón era su lugar preferido, el lugar donde transcurrían interminables tardes de juegos, carreras y travesuras.

Frente al edificio se extendía un hermoso y frondoso jardín que era el orgullo de "Domingo el Alguacil", cuidaba aquel jardín con un esmero extraordinario. Para proteger las plantas de las cabras que andaban sueltas por las calles y, de paso, evitar que, los zagales, lo invadieran con sus juegos, lo había cercado con alambres de espino. Aquella improvisada valla cumplía perfectamente su misión, aunque a veces dejaba algún recuerdo imborrable.

Desde su vivienda vigilaba el jardín y el ir y venir de los vecinos, formando parte inseparable del paisaje cotidiano de aquella Periana de otros tiempos. Su figura está presente en la memoria de quienes lo conocieron como la de un hombre sencillo, trabajador y profundamente comprometido con el cuidado de aquel pequeño espacio verde que, para toda una generación de niños, fue escenario de innumerables recuerdos.

A finales de la década de 1960, alrededor de 1968, decidió marcharse al País Vasco, como tantos otros andaluces que buscaron allí nuevas oportunidades para sus hijos. Aunque se fue, Periana nunca lo olvidó.

Hoy, su recuerdo permanece en la memoria de aquellos que lo conocieron. Domingo Zorrilla Zorrilla fue ejemplo de servicio, dignidad y amor por su pueblo.


Información enviada por su nieto Jesús Zorrilla, natural del País Vasco, al cual agradezco su colaboración y contribución a este blog.

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