viernes, 26 de julio de 2013

¡Qué lejos queda el verano! por José Manuel Frías Raya



¡QUÉ LEJOS QUEDA EL VERANO!

     A Isidro “Meneo” y Rafalito “Gazpacho”,
     los gañanes con los que pinté garbanzos.

Los locos y  los niños  dicen siempre
la verdad, por eso se han creado los manicomios y las escuelas.

                                                                 PERICH


         Cuando era niño, y vivía en Periana, después de Reyes me reincorporaba al colegio del que permanecía ausente desde mediados de octubre. La recogida de aceitunas finalizaba para mí, y por cuestiones laborales, en lo que quedaba de curso, no solía faltar más a clase, a no ser que mi padre cogiera alguna medianía y tuviera que  pintar garbanzos. Al hablar de pintar garbanzos, no me refiero a coger un pincelito, una lupa de mucho aumento y pinturas para poner de manifiesto mis dotes artísticas como miniaturista en las legumbres, sino a llevar en una espuerta, un canasto o un cubo varios kilogramos de garbanzos, e ir detrás del gañán que guiaba la yunta arrojándolos de uno en uno, a distancias similares, en el surco abierto en la tierra por el arado. Discúlpenme paisanos, tal vez consideréis que sobraba esta aclaración; pero yo he preguntado a compañeros de trabajo, todos seres de ciudad, y ninguno sabía de qué iba la cosa.

 Mis años de escolarización obligatoria, salvo los dos últimos que los pasé con don Francisco García, transcurrieron en el colegio del Paseo de Bellavista, donde había seis unidades (tres para niñas y otras tantas para niños), cuyos titulares eran doña Rosario, las mellizas doña Ana María y doña Matilde, don José Navas, don Pedro Arrebola y don Ernesto Iglesias. Tuve ocasión de tenerlos a los tres como maestros, pero como ahora no viene al caso, me reservo mi parecer, de cada uno de ellos, para mejor ocasión.

El día del regreso, al traspasar la puerta del colegio, me invadían dos sensaciones contradictorias: por un lado, sentía una gran alegría por reencontrarme con los compañeros, volver a disfrutar de los juegos infantiles, así como verme liberado de los madrugones, fríos y todas las penalidades que acarreaba el coger aceitunas; pero, a la vez, me invadía una inmensa tristeza causada por lo lejos que quedaba el verano, mi época preferida en aquellos añorados tiempos, al ser la estación del año en la que no había aceitunas por recoger ni escuela a la que acudir. Así, que sin pérdida de tiempo, nada más pisar el aula comenzaba a calcular los días que faltaban para que llegase el quince de junio, fecha en que nos daban las vacaciones de verano. Para realizar esta estimulante labor, todos los años dispuse de un almanaque pequeñito. Cada día que pasaba, al igual que luego hice en la mili, lo tachaba y contaba los que faltaban para que llegase mi  fecha anhelada.

Hacerse hoy con un calendario de bolsillo es la cosa más fácil del mundo, pero en los días lejanos de mi niñez era toda una odisea. Algunos años me lo proporcionó mi padre, imagino que se lo darían en algún bar; pero otros me las tuve que ingeniar para conseguirlo, y no era tarea fácil. Recuerdo que el primero que tuve, donde aparecía retratado un pelón sudando a chorros bebiendo cerveza, se lo cambié a Lorenzo “El Zapatero” por una bola cristalina. En otra ocasión me lo dio Mariquita “Moya”, que regentaba junto a su marido, Pepe “La Vela”, el bar Benítez, por traerle dos botijos de agua de La Fuente. Incluso, recuerdo que una vez tuve que pagarle tres gordas a Curro, poseedor de un manojo considerable que le había proporcionado Leonardo Moreno, el marido de Antonia “La Osecoa”; pero como era un buen amigo, las echó en el bombo de las bolillas que había en la tienda de Antonio “La Purita”, y las saboreamos entre los dos, eso sí, él se chupó dos y yo una.

          Mi labor como contable de días lectivos se fue complicando con el paso del tiempo, aspiraba a la máxima precisión y cuando aprendí a sumar, restar y multiplicar, la perfeccioné de manera casi inmejorable. En el almanaque tachaba también los domingos y festivos, cinco días de Semana Santa y otros tantos por San Isidro; a la cantidad resultante le restaba seis días que suponía serían los que faltaría el maestro, debido a enfermedad o algún viaje. Pero ahí no quedaba la cosa.  Mis cálculos eran aún más exactos y detallados. Me explico. De lunes a viernes teníamos colegio por la mañana de diez a una, o de nueve y media a doce y media; por las tardes de tres a cinco, aquí habría que hacer una precisión, los jueves por la tarde nos llevaban al catecismo, íbamos a clase sin cartera y no hacíamos nada, solamente entretenernos, de alguna manera, hasta que sobre las cuatro menos cuarto nos formaban a lo niños – las niñas acudían los miércoles- y en fila de dos, nos encaminábamos hacia la iglesia. Los sábados, afortunadamente, al igual que sucedía del uno al quince de junio, solamente teníamos colegio por la mañana. Pues bien, también calculaba, casi a diario, las horas de clase que tendría antes de que llegase mi añorado quince de junio. Pero aún afinaba más: todos los días teníamos media hora de recreo, que sumada a otros cuarenta minutos, calculados a ojo de buen cubero, que se pasaban los maestros hablando antes de comenzar las clases, daba una hora y diez minutos diarios que había que descontar del cómputo general. En algunas ocasiones, incluso calculaba los minutos y los segundos.

         De lo expuesto con anterioridad se pueden extraer dos suposiciones: que odiaba el colegio y que me gustaban las matemáticas. Ninguna de las dos es cierta. La escuela, me gustaba y no me gustaba, y las matemáticas, nunca han sido mi fuerte.  La explicación es mucho más simple. Aunque de manera muy manifiestamente mejorable solía hacer las tareas escolares en un periquete, y mientras aguardaba a que terminasen los compañeros el tiempo se me hacía eterno, me aburría hasta la desesperación, y para entretenerme recurría a tales menesteres. A veces, cuando en los cálculos matemáticos de ese día había llegado hasta el segundo, y el tiempo se negaba a avanzar, recurría a un remedio que me entretenía muchísimo: estudiaba detenidamente las manchas del techo o la pared e imaginaba ver en ellas rostros, objetos, plantas, figuras y animales perfectamente identificables (lo recomiendo para personas de cualquier edad que se aburran en algún evento, de obligada asistencia, laboral o social). Leer si me gustaba, pero El Parvulito o las Enciclopedias Álvarez, que fueron los únicos libros que tuve durante mi etapa escolar, heredados de mi hermana, los había repasado tantas veces que casi me los sabía de memoria. Y leer tebeos en clase, aunque en alguna ocasión lo hice, era exponerte a quedarte sin ellos y llevarte un coscorrón, un tirón de orejas o de patillas, un guantazo, un pellizco…

 Agotados todos los recursos a mi alcance para luchar contra el aburrimiento, contemplando desde la ventana del aula los almendros que había en la haza de don Carmelo “El Veterinario”, bostezaba y me quedaba amodorrado, ponía la mente a cavilar y siempre llegaba a la misma conclusión: que la escuela estaba muy bien para ir de vez en cuando, pero no para todos los días. Alguna vez, les expuse este razonamiento a mis compañeros y todos aplaudían mi sesuda reflexión. ¡Lástima que mis padres no fuesen del mismo parecer! Según ellos, era necesario ir al colegio todos los días y no perder el tiempo para ser un hombre de provecho el día de mañana. Cada vez que salía el tema a relucir me ponían como ejemplo a Antonio “El Charro” que, de niño pastor, por su afición a los libros, había llegado a capitán del Ejército, casándose con la hija de Antonio de “La Concepción”. Yo, olvidaba rápidamente sus consejos y recurría a todos los medios a mi alcance para escaquearme de clase. Ayudaba a la melliza de “Mañiz” a hacer y repartir la leche, leche que venía en polvo dentro de sacos de papel donde se podía leer que era una donación de los Estados Unidos al pueblo español. La proporción era de dos cazos de polvos por cada cubo de agua, se echaban ambos componentes en una tinaja y se movía continuamente con una caña, y aunque estuvieras un día entero batiéndolos siempre quedaban pegotes en el fondo. Y su sabor,  por mucha azúcar o cacao que le pusieras, no resultaba agradable. Para desempeñar esta altruista labor, al abundar los voluntarios, la competencia era muy dura; pero casi siempre le ayudábamos Antonio “El Cano”, Rafalito “El Caribe”, Miguel “Paulillo” y yo. No recuerdo su periodicidad, pero cuando le llegaba a don José Navas la revista “Vida Escolar”, que había que repartir por todos los colegios del pueblo, siempre me ofrecía voluntario para ir a las escuelas del Barrero, que eran las más lejanas, y mientras que iba y venía –con parada obligatoria en La Fuente para beber- se pasaba el tiempo y me entretenía. Y todos los días, a cualquier hora, sin reparar en las condiciones atmosféricas, estaba disponible para realizar cualquier misión que supusiese salir de clase.

En la época escolar, el día perfecto para mí se producía cuando faltaba el maestro, debíamos irnos con otro, pero yo, -al igual que la mayoría de los compañeros-, siempre me los tomé de vacaciones. Perdón, miento. Un lunes de marzo que faltó don Pedro Arrebola –maestro-alcalde- y llovía a cántaros, condicionados por las circunstancias atmosféricas, varios amigos acordamos irnos a la escuela que don Francisco Guerrero tenía junto a su casa. Nada más entrar me sorprendió su mobiliario, decoración y la colocación de los niños. Le costó trabajo acomodarnos, ya que tenía muchísimos alumnos: a mí me puso al lado de José Antonio “El Gallo”.  Lo primero que hicimos fue copiar de la pizarra una máxima, era la primera vez que escuchaba esa palabra, cuyo texto recuerdo perfectamente: Recordad las costumbres cristianas. Las continuas novedades hicieron que la mañana pasase rápida y bastante entretenida. Sus métodos pedagógicos eran distintos a los que yo conocía. Algo que me impresionó vivamente, fue lo cuidadas que tenían todos los escolares sus libretas, donde sobresalía la alegría del color en los títulos y subrayados y, sobre todo, la pulcritud. Por la tarde continuó lloviendo, pero nosotros, al igual que las cabras que por muy frondoso que sea el prado siempre tiran hacia el monte, nos quedamos jugando en la puerta de la iglesia. 

         No tengo arreglo. Llevo escritos cuatros folios. Prometí que este recuerdo de niñez no rebasaría los siete y aún me queda por desarrollar el tema de las rabonas. No sé como solventar la   papeleta, pero yo cumplo lo que prometo. ¡Ya lo tengo! Voy a guardarme lo referente a quién me introdujo en ese mundo, quienes fueron mis compañeros de rabonas, dónde fuimos, qué hicimos, la identidad de mis posibles delatores y algunos detalles más. Solamente les diré que en lo referente a las rabonas de mañana, tarde o día completo las disfruté muy poco, ya que al no seguir los pasos de los rabonistas experimentados, muy pronto me pillaron. Cometí una imprudencia y alguna de las personas que me vieron se lo comunicaría a mi madre. Mientras almorzaba, como el que no quiere la cosa, se mostró muy interesada por saber cómo había pasado la mañana en la escuela y me pidió que le enseñase lo que había hecho. En un primer momento pensé mostrarle las planas de la copia, dictado y matemáticas correspondientes al día anterior, pero rápidamente caí en la cuenta de que todos los días comenzábamos las tareas escolares poniendo la fecha. Deduje que lo sabía todo e intenté darle una explicación convincente, pero no se avino a razones. Ingresé en el gremio sin dominar las reglas básicas del buen rabonista, y sin haber tenido siquiera la precaución de preguntar a los expertos, que se reunían en el basurero que había en el Camino Viejo para programar la jornada(1), cuánto se pegaba si te cogían haciendo la rabona. Sinceramente, creo que mi progenitora fue muy espléndida conmigo y cobré más de lo estipulado. Luego, algunos consumados rabonistas, me informaron que para hacer la rabona había que tener la precaución de modificar las fechas en el cuaderno. Cosa fácil de hacer ya que para casi todo utilizábamos el lápiz. ¡A buenas horas, mangas verdes!

Con un estreno tan desafortunado, sin apenas gozarlas, me despedí para siempre de las deliciosas rabonas de mañana, tarde o jornada completa que sabían a delicioso verano. A partir de aquella nefasta jornada, muy de tarde en tarde, para rememorar mis felices días de aprendiz de rabonista me obsequiaba con una “rabonilla” (no volver a clase después del recreo). Pero entre la una y la otra había una diferencia abismal. Comparado con el disfrute que proporcionaba la genuina rabona, los efectos que reportaba su escuálido sucedáneo no pasaban de ser un triste y nostálgico consolador.

En alguna ocasión, cuando me convertía en desertor del colegio, tenía remordimientos de conciencia, al pensar en los niños cortijeros, que los maestros siempre ponían como ejemplo: compañeros que tenían que andar hasta una decena de kilómetros para poder asistir a clase. Procedían de Regalón, Becerril, Malpelo, Moya, El Algarrobal, La Muela, Cortijo Blanco, Pollo Pelao, Cagaoro…De todos ellos, recuerdo de manera especial a dos hermanos valencianos, uno de nombre Vicente, que venían de las huertas del Algarrobal todos los días, con lluvia, frío o calor. Eran puntuales, aplicados, nobles y generosos.

         En aquellos lejanos días de mi infancia, cuando casi todo era pecado, los niños vivíamos traumatizados con pasar la eternidad achicharrándonos en las calderas de Pedro Botero. Recuerdo, que a veces solíamos hablar sobre el calificativo que merecía la tropelía cometida o por cometer, es decir, si había que considerarla pecado venial o mortal. Casi nunca nos poníamos de acuerdo; pero nosotros, que aún desconocíamos la palabra democracia, resolvíamos todas las porfías, al  igual que a la hora de elegir a qué jugar o lugar donde hacerlo, recurriendo a la votación. La más votada era asumida por todos y considerada como dogma de fe.

Una tarde-noche que un grupo de amigos nos encontrábamos charlando en la puerta de Encarnación de “Las Palomas”, junto a la tienda de Pedro “El Correo”, un aspirante a rabonista que oía misa entera todos los domingos y fiestas de guardar (ese era yo), preguntó si hacer la rabona era pecado y, en caso de serlo, si habría que considerarlo mortal o venial. Estuvimos discutiendo sobre el tema durante un buen rato y las opiniones fueron de lo más variopintas. Alfredo “El Fabio”, que siempre era muy sensato en sus razonamientos, decía que no podía ser considerada como pecado ya que los maestros, que no solamente debían prepararnos para nuestro futuro terrenal sino también enseñarnos el camino para subir al cielo, cuando regresabas a clase no te preguntaban por qué habías faltado por la mañana, por la tarde, el día o los días anteriores. Rafalito “Paulillo” continuó con la misma línea argumental y dijo que los profesores se ponían muy contentos cuando faltaban muchos niños (recordemos que en aquellos tiempos las clases rebasaban los cincuenta alumnos) ya que así trabajaban menos, les dábamos menos “porculo” y nos podían controlar mejor. La discusión tenía mucha vida por delante, pero una voz procedente de la Plaza del Ayuntamiento, reclamando la presencia de uno de los tertulianos para cenar, nos hizo ver que debíamos poner fin a la misma.  Temiendo la reprimenda de nuestros progenitores por llegar tarde a casa, recurrimos a la democrática votación y se produjo un empate. Sin embargo, el acuerdo fue unánime a la hora de proclamar que las personas más capacitadas para aclarar nuestra duda eran los maestros que lo sabían todo; pero como a ellos no podíamos recurrir, alguien sugirió que se lo preguntásemos al cura cuando fuésemos a confesar.  Ignoro lo que hicieron los otros compañeros, pero yo nunca me atreví a preguntárselo a don Justo, don Manuel, don Santiago o don Pedro. Además, nuestros temas de conversación eran tantos y de contenidos tan interesantes, que de aquella minucia jamás volvimos a ocuparnos.

Cuando escribo este recuerdo de niñez, metido en el lustro que conduce a los sesenta, continúo haciéndome las mismas preguntas: ¿Era pecado hacer la rabona? Y en caso de serlo: ¿Que calificativo le acompañaría: venial o mortal?

1)      Las actividades a realizar estaban condicionadas, en cierta manera, por la época del año. Y aunque no lo puedo decir por experiencia propia: mis rabonas, tal y como he puesto de manifiesto con anterioridad, fueron exiguas. Cuando por las tardes, finalizada la jornada escolar, me reunía con algún rabonista solía contarme con todo lujo de detalles, imagino que para hacerme sufrir, lo que ellos habían hecho mientras yo me aburría en clase. El tiempo que se ausentaban del colegio lo dedicaban a buscar nidos,  espárragos, setas; poner trampas para cazar pajarillos; jugar en una era o llano al fútbol (si se tenía pelota) o a cualquier otro juego; refugiarse en una cueva los días de frío y hacer una candela para estar calentitos mientras se hablaba de cualquier tema o se jugaba a las cartas y, en caso de tener tabaco, dar caladas al comunal cigarro; ir a bañarse a alguna alberca o al río; rebuscar cualquier producto del campo con el propósito de venderlo y obtener dinero para comprar tabaco; sentarse a la sombra de un buen árbol y saborear los granos de una espiga de trigo o una fruta recién cogida; etcétera, etcétera, etcétera.


Publicado en el número 37 de ALMAZARA


JOSÉ MANUEL FRÍAS RAYA

jueves, 25 de julio de 2013

Mujeres con Talento, María Moreno Riera.



MUJERES CON TALENTO, MARÍA MORENO RIERA

Hoy quiero hablaros de María Moreno Riera nacida el 15 de noviembre de 1926, hija de Manuel Moreno Núñez y África Riera Guiral. La mayor de tres hermanos, la seguirían Carmen y Manolo.


 En esta imagen posan sus padres Manuel Moreno Núñez y África Riera Guiral.

Su abuelo materno era capitán del ejército y eran naturales de Granada. Cada verano viajaban a Periana para disfrutar de la tranquilidad que se respiraba en nuestra localidad.
En el año 1924 la joven África se enamora de Manuel, poco más tarde se casan y se establecen en Periana en calle Córdoba nº 13. Manuel,  era natural de Periana, y se dedicaba al cultivo de tierras que poseía en las Mayoralas, y su madre era ama de casa.



Todo su aprendizaje lo hizo de manos de Dña. Adelaida, fue su "ojito derecho", ya su maestra veía en ella su gran dote profesional.

Una de sus pasiones de niña era jugar al diábolo, en el patio de la escuela (actual Plaza Alfonso XII) María lanzaba el diábolo y sus compañeras de colegio se subían al muro para ver como éste alcanzaba tal altura, y mientras el diábolo subía y bajaba, a María le daba tiempo a saltar entre las cuerdas que lo lanzaban.

Dña. Adelaida Fernández Soto dió clases en Periana durante más de cuarenta años, gozó de una gran amistad con María e incluso una vez se jubiló pasaba grandes temporadas en su casa.

Pronto la joven María se implicaría en distintas actividades sociales que alternaría con la que fue su profesión.(En la imagen anterior posa María a la edad de 25 años).



 En esta imagen  posa María a la derecha de Dña. Adelaida.
En el año 1956 se inaugura la Central Telefónica, nuestra protagonista de hoy se encargaría del funcionamiento general, su gran apoyo fue su madre, la cual disfrutaba ayudando a su hija en esos menesteres, incluso, a veces daba los recados telefónicos, desde bien temprano, para no despertar sospechas en su hija, su madre era excesivamente agradable con sus vecinos, no le importaba caminar hasta barriadas tan alejadas como el Cerro o el Carrascal, para comunicar noticias entre familiares que vivían lejos de su tierra. A veces los vecinos preferían a su madre antes que a nuestra protagonista, ella era fiel a su trabajo, y su madre, conmovida, a veces, por la falta de comunicación y de recursos económicos, hacía lo imposible por enviar pequeños mensajes que le llegaban a modo de recado, todo el pueblo coincidía en que su madre tenía mucha simpatía para el trato con el público.


En los años 60 eran pocos los teléfonos en las casas particulares y el sistema de comunicación era tan lento como lo era la misma vida. Para hablar por teléfono había que descolgar y que respondiera la operadora desde la centralita; una centralita en la que las conexiones se hacían con clavijas y para hablar de cualquier provincia a otra suponía dos horas de retraso.

A partir de las 8 de la tarde el salón de la Central Telefónica era un hervidero de gente esperando cola para hablar con sus familiares más directos, muchos de ellos emigrantes en busca de un futuro mejor en distintos puntos de la geografía española, tales circunstancias se daban puesto que el precio de la llamada era un 50% más barato.

A María la ayudaron entre otras a este menester, Remedios Moreno Toledo, Mª Purificación Rodríguez Godoy, Mª Carmen Benítez Pascual, las cuales desarrollaron esta labor desde muy temprana edad.

 En esta casa estaba ubicada la Central Telefónica que dirigía María.


Durante unos años combinó su profesión de telefonista con la de encargada de la cooperativa de costura que había en Periana cuya dueña era Leonor Aranda. Estaba a cargo de 20 jóvenes aproximadamente, cosían pantalones y faldas vaqueras entre otras cosas.

Realizó cursos de Puericultura y de Técnicas básicas de enfermería, cursos que desarrollaría estando en la Sección Femenina de Málaga, a la edad de 30 años, para ese tiempo ya contaba con su carnet de conducir, nuestra protagonista se anticipó a su época y sería una de las pocas mujeres de nuestro pueblo en poseer el permiso de conducir.

Asistía a la Sección Femenina viajando en su Seat 600, tardaría unas dos horas en alcanzar a visualizar la ciudad, viaje que hacía con gusto y a su vuelta vendría cargada de alimentos y prendas para los más necesitados.

Hizo sus prácticas en el Dispensario de nuestra capital Malagueña.
Paralelamente a su profesión desempeñaba el puesto de Tesorera en Cáritas, asistiendo mensualmente a las reuniones que tenían lugar en el Arciprestazgo en Vélez-Málaga. Además dada su experiencia, el Ayuntamiento de Periana le daba 26 duros para realizar tareas de toma de tensión, colocación inyectables y muchas veces donaba este dinero a los más pobres, dada las dificultades económicas que sufría nuestro pueblo en aquellos años, tanta fue su dedicación en estos menesteres, que ayudaba a D. Ángel en las vacunaciones y a curar, dado el pulso tan inestable que en los últimos tiempos poseía el veterano médico de cabecera, el más querido de entre todos los médicos que pasaron por Periana.


D. Ramiro Gil Recio hizo que María se implicara a la edad de 13 años en la iglesia.

Allá donde se la necesitaba acudía, aún recuerda nuestra protagonista aquella temporada que cada mañana le mandaban una mula y uno de sus criados, desde el Cortijo Colodra, ya que un pariente estaba enfermo y debía ponerle una inyección diaria.

De no haber sido telefonista nuestra protagonista de hoy hubiera cursado estudios de enfermería, ya que poseía muchas facultades para el desarrollo de esta práctica.

  
Inauguración de una parroquia en el Centro de la capital malagueña entre ellos se encuentran, María, Mercedes y Manuel Núñez Núñez, Carmen Bueno Riera, Carmen Moreno Riera, Adelaida Fernández Soto, Carmen Molina Soto, Eugenia Salazar Sánchez, D. Ramiro Gil Recio y María Moreno Riera.

Fue amiga de personalidades muy distinguidas de Periana de los años 50 y 60, tales como Dña. Margarita y D. José Navas, D. Pedro Arrebola y su esposa Leonor, Francisco Torres (Boticario) y su esposa Mercedes, Francisco Guerrero y Conchita.

Cuatro pilares fundamentalmente se distinguieron en su vida, ya hemos hablado de su trabajo, de su profunda necesidad de ayuda a los más desvalidos (con especial preocupación en las encintas y lactantes), y además, resaltar, su profunda dedicación a la parroquia y a su familia.


 Excursión al campo en el año 1935 junto a Dña. Adelaida.
Su dedicación a la parroquia ha sido siempre una constante en su vida, transmitiendo a los más jóvenes su fe en la iglesia católica, labor que desarrollaría durante cuarenta años, además asistiendo a las reuniones de coordinadora, reuniones parroquiales, y todos los eventos relacionados con su iglesia.


Pastoral que organizó María a mediados de los años 70, coincidiendo con la visita del Obispo D. Ramón Buxarrais.

Con todos los sacerdotes que han pasado por Periana ha tenido una vinculación especial, amistad y cercanía, teniendo en muy alta estima las actividades desarrolladas por María, confiando ciegamente en su labor.


Niños de comunión, junto al Párroco D. Antonio Fernández, junto a las catequistas Encarnita Arrebola, Sor Beatriz y María Moreno Riera.
 
También fue catequista de varios grupos de la aldea de Mondrón, donde se desplazaba semanalmente, guardando grandes recuerdos de esta época.

Con algunos grupos realizó catequesis de perseverancia, en su propia casa. En la imagen inferior posa junto a Raquel Arroyo, Diego Nieto, Elías Oviedo, Ángel Ríos Pérez, entre otros. También serían alumnas aventajadas en sus clases de perseverancia Raquel Pastrana y María Jesús López.


La generosidad y altruismo de María han sido las dos variables más importantes que han marcado su vida, personal, laboral y social.

Ha estado muy vinculada con la gente joven del pueblo por esta y otras razones, siendo una mujer muy tolerante, y en muchos casos ha sido consejera y confidente de muchas personas que han necesitado de sus sabios consejos.

En su casa era la cabeza de familia, ella administraba y dirigía su hogar, ya que su madre así se lo encomendaba y siempre era la mediadora entre todos los miembros de su familia. Era hija, prima, sobrina… se hizo responsable de todos ellos, hacía de enfermera y se preocupaba de sus dolencias, dándole alivio en la medida de sus posibilidades. Compraba el aceite a sus hermanos y gracias a su perfecta administración se las arreglaba para que no faltara de nada en su casa.


 Esta humilde servidora posando junto a nuestra protagonista de hoy, María Moreno Riera.

La casa de María es también conocida como “la casa de las maestras”, las maestras que tenían destino en nuestra localidad se hospedaban en su casa, era tal su hospitalidad, que todo el mundo la buscaba para vivir en su hogar, todas las personas que por allí pasaron coincidían en que en aquella casa se respiraba "familiaridad".


 En esta imagen posa junto a Juan Rafael, uno de los niños a los cuales les dio comunión, de algunos de ellos se siente especialmente orgullosa.
 Ha tenido y tiene una especial implicación y complicidad con sus vecinos, especialmente Mª Pura Godoy y sus hijos, y con  los hijos de Leoncio (Estela y Leo) a los que vio nacer y acunó en sus brazos, y con los que sigue manteniendo una estrecha relación.


 En esta imagen posa junto a sus sobrinos y amigos.
Aunque ya se ha desvinculado de sus quehaceres voluntarios en nuestra localidad por sus dolencias, aún sigue colaborando de manera puntual en aquellos eventos parroquiales en donde se la requiere. 


Casa actual de María, en el Paseo Bellavista, su anterior vivienda estaba situada en la Plaza de la Fuente. En los años 80 se mudaría a esta casa, propiedad de sus primas.
Actualmente disfruta de su casa, situada en el Paseo Bellavista, de las visitas que recibe a diario, le encanta leer y charlar con sus amistades, sus puertas están abiertas para todo el mundo. 

  
Todo lo que aprendió María fue gracias al incontable número de personas con las que se relacionó, mujer valiente y decidida, siempre unida a su pueblo y a sus gentes. Entregó su vida y su tiempo a ayudar a los más desfavorecidos, a los enfermos, a los más pequeños…

Mujeres como María que se llenan la boca hablando de su Periana y de sus vecinos son un ejemplo para todos nosotros. Su labor llena de generosidad y bondad es el mejor regalo que ha recibido Periana.



 María posa junto a Leo, al que considera parte de su familia, le encanta recibir visitas de los más jóvenes y recordar juntos antiguos momentos vividos.

 María posa junto a uno de los rincones más especiales de su casa. 

Agradezco la colaboración de María por abrirme las puertas de su casa y mostrarme sus recuerdos para poder compartirlos con todos vosotros.

martes, 23 de julio de 2013

Rosi Campos ganadora del premio de Cantes Básicos en el Festival Flamenco de Lo Ferro (Murcia).








El primer premio de Cantes Básico fue para Rosario Campos Jaime, de Málaga.
Recibió el diploma de manos de Tony Madrid, Teniente de Alcalde y concejal de Presidencia del Ayuntamiento de Torre Pacheco; y un cheque de 2000 euros que le entregó Emilio Gracia, Coronel Director de la Academia General del Aire.

Rosi Campos está de enhorabuena, en los últimos tiempos está cosechando una infinidad de premios allá por donde va, en esta ocasión ha ganado la XXXIV Edición del Festival Flamenco de Lo Ferro 2013 en Murcia, en la modalidad de Cantes Básicos, próximamente visitará Pechina (Almería), desde aquí le deseamos mucha suerte y que siga, ante todo, disfrutando de su talento.

lunes, 22 de julio de 2013

jueves, 18 de julio de 2013

Se busca perrito perdido...


Perrito perdido se llama Nerón y si lo ves puedes ponerte en contacto con su dueña en este número de teléfono Cristina Ovideo 692365568

miércoles, 17 de julio de 2013

Muerte trágica en Mondrón por D. Segundo Pascual Toledo.

 MUERTE TRÁGICA DE UN ADOLESCENTE 

EN MONDRÓN

(en 1921)

CONSTERNACIÓN GENERAL EN LA BARRIADA
 CÓMO INFLUYÓ EN LA VIDA DEL CAUSANTE Y DE SU FAMILIA
(zozobras, escondites … y emigración en 1922)
LA RUPTURA DE UN IDILIO AMOROSO
(Isidro y María)

                                                1                                

   REFLEXIONES PRELIMINARES

   Desgraciadamente,  hoy  no nos impresionan tanto como debieran las muertes violentas, pues es raro el día en el que los medios de comunicación más diversos  dejan  de  ofrecernos   imágenes  impactantes  de muertes  fuera del ámbito natural: homicidios, asesinatos, suicidios, accidentes, inmolaciones, etc.  Pero no por  la frecuencia   casi cotidiana de los mismos y el realismo —a veces descarnado—  ofrecido por  los  más variados medios de comunicación, nuestra sensibilidad humana deja  de sentir   repugnancia y rechazo hacia los mismos.
   Su sola visión hiere nuestros más íntimos sentimientos y la repulsa surge espontáneamente aún en los corazones más insensibles al sufrimiento ajeno. La violencia, en ninguna de sus formas y circunstancias, es consustancial a la condición del  ser racional que es el hombre. No obstante, existe y seguirá existiendo por diversos motivos que no viene al caso analizar aquí.
    “El homo homini lupus(el hombre es un lobo para el hombre), locución latina originaria de Plauto, referida al comportamiento y la relación  de los humanos entre sí, y popularizada después por Hobbes, es, en muchos casos, desgraciadamente cierta. Pero el hombre  no es un ser  intrínsecamente  perverso, carente de sentimientos humanitarios, como vistas las cosas superficialmente  pueda parecer, sino que lo  común es que  sienta cierta  proclividad hacia  el bien y la bondad…
    El contrapunto a esta conocida frase lo encontramos en el también latino Séneca:  “El hombre es algo sagrado para el hombre”. Estas dos frases, tan conocidas, no se contradicen: la segunda es la regla y la primera la excepción… El bien y el mal coexisten, pero en proporción desigual a favor del bien…Al menos esto creemos. Lo que suele suceder  es que las noticias relativas  al mal nos impactan más  y se propagan con más rapidez que las referidas al bien. Y  esto es así  por  el morbo o interés malsano que  solemos  sentir  por los aspectos más  negativos de ciertos hechos o situaciones que tan a menudo nos depara la vida.                                                          

 2

                       ASÍ OCURRIÓ EL TRISTE SUCESO                          
    El caso que voy a relatar, tras la introducción precedente,  con las consecuencias derivadas del mismo, no merece otra calificación que la de un desgraciado y fortuito accidente que causó la muerte de  un inocente, traumatizó psicológicamente a otro no menos inocente que el fallecido,  y llenó de dolor a dos familias, muy queridas entre los vecinos, trastocando sus vidas, rompiendo lazos de amistad y buena  vecindad, enrareciendo el ambiente local y cortando de raíz un idilio amoroso, que más adelante  comentaré con  detalle. El  triste  y lamentable  suceso —aún presente en la memoria colectiva—  se produjo de la  manera más inesperada y sorpresiva: 
    Dos chavales, Manuel  Bueno López y  Rafael López Pascual, amigos y compañeros de juegos desde la infancia, probablemente emparentados entre sí, — nótese la coincidencia del apellido López— ambos en la etapa más bella de la vida,  con la candidez y la impremeditación propias de la misma, hijos de padres bien avenidos y con  excelentes relaciones de buena vecindad, guardaban ganado —cerdos en este caso— en una pequeña parcela de tierra situada en la parte sur de la barriada de Mondrón, lugar conocido  hoy como “Haza de los  Moros”.



Hogar de la familia Bueno-López
     La custodia y pastoreo del  ganado por los niños y jóvenes  era habitual en el medio rural  de aquellos tiempos. Porquerizos, cabreros y pastores eran las ocupaciones más usuales. Las precariedades de toda índole y la pobreza  casi  generalizada   de la época, hacía necesario  que todos los miembros de las familias rurales coadyuvaran, de acuerdo con su edad y capacidades, a sacar la economía familiar adelante, cosa nada fácil en el campesinado de los tiempos en los que situamos este luctuoso suceso.
     En aquellas calendas, el pan de cada día se amasaba, en la mayoría de los hogares, con sudores, escaseces y, cuando no,  privaciones  de toda índole. Ni había ni se conocían en la comarca otras posibilidades de progreso y bienestar... Los  horizontes eran muy reducidos y las esperanzas de mejora social, casi nulas. Era otra vida. Curiosamente, tampoco se anhelaba  mucho más…Existía cierto conformismo con lo que se poseía. Y es que, como es sabido, no se ama ni  apetece lo que no se conoce… Esta era la mentalidad que imperaba entonces, y  de acuerdo con ella, vivía la gente. Si  fuera factible hacer   una  retrospectiva  sobre este modo de vida, con sus carencias e incomodidades, seguro que despertaría en nuestro interior  sentimientos de conmiseración más que de otra cosa. Pero nos equivocaríamos si pensáramos así: ellos no se sentían menos felices que nosotros ahora con  las  mayores comodidades y  confort que tenemos a nuestro alcance. Diría más, aunque pueda parecer una hipérbole: vivían su pequeño mundo con menos angustias y zozobras  que nosotros  en la actualidad… Doy fe de ello porque, por razones obvias,  he conocido  ambas épocas. La psicología humana es más compleja de lo que cabe imaginar…A veces sentimos conmiseración por quien tal vez sea más feliz que nosotros mismos.
      En este ambiente vivían  ambos, Manuel y Rafael. Sus vidas discurrían paralelas con la monotonía y normalidad propias de todos los chicos que vivían en el medio rural de entonces: juegos (pídola, billalda, tirar del palo,   caza de pájaros con perchas o liria, lanzar piedras con la honda o tirachinas,  busca de nidos para enjaular pájaros…), ayuda en las labores agrícolas, algunas horas de enseñanza—a veces  recibida en los propios domicilios—mucha disciplina, no exenta de autoritarismo por parte de los padres, etc. Era el denominador común  en  los tiempos que corrían.  No se solían  fijar mayores metas a alcanzar ni  excesivos deseos de promoción. Esto era lógico porque su medio ambiente era muy reducido y  la generalidad de las personas desconocían cuanto existía más allá de su terruño, que por otra parte, no  sería  mucho mejor de  cuanto tenían en el suyo propio. Las fronteras de  un mundo mejor estaban muy alejadas tanto en el espacio  como en el tiempo.  Para concienciarnos bien de ello, retrasemos imaginariamente las manecillas del reloj   un siglo, y observaremos algo parecido  a un  páramo desolado…  
     Y la mala fortuna  quiso depararle a ambos  un día funesto  y desventurado, y digo ambos, porque lo acaecido  fue  muy triste tanto para el uno como para el otro chico, aunque, obviamente, más trágico para   Rafael y su familia que para Manuel.
    Era bastante habitual  entre los niños  jugar a lanzarse  piedras con la mano o  piedrecitas  con el tirachinas, como podemos observar  en la película Saeta del Ruiseñor (1957), rodada precisamente en una localidad no muy alejada de   la nuestra… A veces también se divertían haciendo  puntería  sobre algún objeto, a modo de diana, colocado a distancia o, simplemente,  utilizaban estas  piedras para  controlar al ganado e impedir que se desmandara. Este control ganadero se hacía a mano, y a veces, con la clásica honda. En ocasiones  competían en  demostrar  sus habilidades y destrezas en el manejo de  la misma... Estas hondas las solían trenzar  con  pita o esparto, y las  forraban de cuero, a veces artísticamente, con la  perfección  y habilidad  propias que se  adquiriría  en  una  clase de  manualidades.      
     Bien jugando entre sí o lanzando una de estas piedras  al ganado, probablemente a mano — y tal vez de mayor tamaño que el usual –ésta  desvió su trayectoria e impactó en el hueso occipital de  Rafael, y  cayó fulminado al suelo, muriendo al instante.  Pero sea como fuere, el resultado final no pudo ser más nefasto y desgraciado… Cuesta  imaginar cómo una piedra tan poco voluminosa  produjo tan trágicas y dolorosas  consecuencias.
    El parte médico —localizado por el que esto escribe— dice literalmente que “falleció por fractura  del  occipital”… No añade más, aparte  del día y la hora del suceso,  que cito más abajo.   
   Y como  intento  ser lo más exhaustivo posible cuando relato algún  hecho,  he consultado el caso  con  un eminente neurólogo e investigador de la Universidad de Texas— a quien me unen  especiales  vínculos—y  me dice lo siguiente sobre la posible causa final de la muerte de este chico:
 "En contra de lo que se suele creer, la muerte súbita o en pocos minutos por impacto en la cabeza se debe, según se piensa hoy, casi siempre a parada o arritmia cardíaca provocados por torsión leve, pero repentina, de la base del tronco del encéfalo, que no causa mayores consecuencias más allá de alguna pequeña hemorragia en esa zona, pero que paraliza los centros nerviosos que influyen sobre el latido cardíaco y la presión arterial. Por motivos obvios, no hay demostración inequívoca de este fenómeno en el hombre, sino datos anecdóticos que lo apoyan. La experimentación en animales no siempre resuelve este tipo de cuestión humana."
     Como fácilmente puede colegirse de la opinión anterior, un caso de mala suerte… Este  informe arroja un poco de más luz sobre lo ocurrido, pues a través del tiempo se han emitido no pocos juicios o  relatos  muy alejados de la realidad. Cuanto cito fue, con toda probabilidad, la causa inmediata del fallecimiento.
   Manuel pensó que se había  hecho el muerto para asustarlo… Se acercó a él despavorido, gritando angustiado:
           "¡No te  hagas el muerto para asustarme! ¡Levántate! ¡No finjas más!"   
    Incluso, se cuenta, cogió unos higos de una cercana higuera —aún  existe ésta— y se los restregó por la cara pensando de este modo, vana ilusión, en continuar el juego… No podía imaginar ni aceptar lo sucedido, que, tristemente, fue la  peor de cuantas posibilidades existían: Rafael, su amigo,  estaba muerto   
     Rafael había nacido, según certificación oficial, en  1907, un 10 de marzo. La muerte se produjo a las  diez  horas del día 17 de septiembre de 1921, como  se expresa también en  el ya citado documento. Contaba,  por tanto, con  algo más de 14 años. El otoño estacional estaba  a punto de comenzar, pero la primavera de su vida  se acabó prematuramente, sin retorno,  en los días finales de un malhadado verano…
    Manuel vino a este mundo, en Mondrón,  el 8 de febrero de 1912. Algo más de 5 años diferían sus edades. Murió  en Buenos Aires en  1987. Tenía  75 años.
     No ha sido este el primer caso en el que un pequeño impacto en el hueso  occipital, ocasiona la muerte  instantánea  de una persona. Externamente sólo se le pudo apreciar una pequeña “picadura”, pero tras ella estaba la fractura y la afectación grave de  una  parte  muy   sensible del cerebro.  
   Manuel, cuando tuvo conciencia de lo realmente ocurrido, huyó despavorido, tal vez gritando aterrorizado, presa del miedo y temor propios de la tremenda  situación en que inesperadamente se encontraba. No es difícil imaginar el estado anímico del muchacho en aquel doloroso trance,  y la angustia que sentiría tras  percatarse de la gravedad de lo sucedido. Nos bastarían sólo  unos segundos de empatía  para comprender los tristes  momentos que viviría… 
     Emprendió la huida, corriendo,  hacia el cercano  río de Sábar. Allí se ocultó entre los tarajes y cañaverales del mismo, lugar donde  fue localizado poco después por familiares y convecinos  que salieron en su busca.   La solidaridad y cercanía del vecindario con ambas  familias  fue  total  desde que se conoció la  noticia, consolando y mostrando su apoyo a la una y a la  otra en tan distintas y contrapuestas  situaciones… El dolor de cada una sería cualitativamente diferente, pero penetrante y vivo en ambas. Y  todo tuvo su origen en  un acto irreflexivo, espontáneo y exento de  intencionalidad —no digamos de alevosía— entre dos  amigos que  tal vez jugaban   casi a  lo único que sabían…

3

             LA PERIPECIA HUMANA  DE   MANUEL Y SU FAMILIA          
       Cuando pasaron los primeros momentos del doloroso  accidente, entraron en acción  las autoridades judiciales. Es sabido que un menor no tiene responsabilidad penal haga lo que haga, sea como sea y dondequiera que ocurra el hecho. Antes era sí y ahora también. No obstante, preguntaron al padre del   fallecido, José López, apodado Perdiga, qué  pedía para el otro chico. Y contestó lacónicamente:
                                      Sólo una cosa: no verlo más. 

                                        
                                                      José López, padre del niño Rafael
    Los padres de Manuel se llamaban José Bueno y María López. Tenían  dos hijos más: Antonio y María.
     Tras el suceso comienza un verdadero drama para ambas  familias: la del  fallecido, por el dolor de  la  irreparable pérdida  del hijo  desaparecido en tan trágicas circunstancias, y la de Manuel, tanto por el sentimiento de la muerte involuntariamente causada por el suyo como por la peripecia humana que en lo sucesivo  habían de vivir todos sus miembros. No otra cosa que  un cúmulo de sufrimientos y adversidades: emigración, adaptación a una nueva vida,  abandono de vivienda, enseres y propiedades, nostalgia de su tierra sentida desde un país tan lejano, ruptura de lazos   sentimentales, etc. Esta última consecuencia la  explicaré un poco más adelante, en este mismo lugar, pero en otro contexto, pues merece  ser comentada con más detalle.
     Desde luego, cuesta  imaginar cómo una piedrecita  de tan pequeñas dimensiones,  pudo ser  origen y causa de tan funestos e inimaginables  efectos…   
    Como la familia de Manuel temía por la integridad física de su hijo en un  ámbito tan reducido como era una  aldea, lo tuvieron oculto en diversos lugares para evitar ser localizado: bajo la cama familiar, en un troje para guardar grano,  en los maizales de los alrededores, y también  en el hueco del tronco de un añoso olivo (véase la fotografía del mismo),  localizado en las cercanías de Mondrón en el lugar conocido como Olivar de Chiquete,  que todos conocen e identifican como  el olivo del escondite… En la oquedad de su viejo, cavernoso y retorcido tronco—con varios siglos de existencia—, se ocultaba  Manuel  durante el día. Por las noches, su familia, a hurtadillas,  le suministraba los alimentos necesarios.



Olivo donde se escondía Manuel
      Y así, de escondrijo en escondrijo, cambiando de sitio, de sobresalto en sobresalto,  con la angustia y el temor por compañía,  pasó algún tiempo hasta que sus padres tomaron  la  dolorosa  decisión de desarraigarse  del  entorno donde nacieron y pasaron la mayor parte de sus vidas, para emigrar allende los mares, a las lejanas y desconocidas tierras hispanoamericanas, y evitar  así zozobras y posibles enfrentamientos, no descartables en el reducido ámbito de una aldea donde diariamente habían de convivir los unos y los otros…
     Se rumoreaba  que el hermano mayor del fallecido, José, intentó capturar al muchacho, y que estuvo a punto de conseguirlo, mientras éste se ocultaba en la espesura de un cercano  maizal…
  Debe ser muy triste tener que  vivir escondido por la comisión de un acto de consecuencias no deseadas e imprevistas, y sobre todo, cargar de por vida con  un sambenito inmerecido… En las poblaciones pequeñas, como era la nuestra, la estigmatización por actos de esta naturaleza  alcanzaba  no sólo al autor, sino que, a veces,  afectaba  a toda la familia. Esta era la mentalidad imperante  hace casi un siglo.  Por ello, pusieron rumbo a la República Argentina.  Y  en este país hermano comenzaron una nueva vida, pero siempre con la nostalgia —mezcla de melancolía y dolor— de su tierra, pues eran muchas las vivencias, recuerdos y raíces que se dejaban atrás…También no pocos deudos y amigos.
       Me cuentan que, primeramente, emigró el cabeza de familia para planificar la llegada de los restantes componentes de la misma. Después, en 1922, iría la familia al completo...
    Aquí quedó un  anciano miembro, apodado “Prevenío”, vendedor ambulante de pescado, que finalmente optó también por marcharse de  España para reunirse y recibir el calor de los suyos.
     Debo decir, a modo de inciso, que Argentina era en aquellos tiempos país de inmigración, muy  próspero y acogedor. Gozaba de unas riquezas incalculables, en muchos casos, sin explotar. Fueron muy numerosos los españoles — generalmente conocidos  como “gallegos”—  los que arribaron a  sus costas buscando mejor fortuna, y la verdad es que  pocas veces quedaron defraudados. La  prosperidad económica de estas tierras  sería una de las pocas cosas a su favor con las que contaría  esta familia, aparte  de la existencia de un  idioma común.



Foto familiar hecha en Argentina, Manuel (con el sombrero),
María, su madre y  su tio Antonio
      ¿Cuál fue el devenir personal de Manuel tras la emigración? Según las informaciones que poseo, falleció en la ancianidad, tal vez  pensando  en su pasado, presa de luctuosos recuerdos  de  algo sucedido fortuitamente, sin malicia y ninguna  culpabilidad por su parte.
    Nos dicen los moralistas que no existe  culpa  si la voluntariedad no acompaña  al acto… Este era el caso. Una nieta suya, persona muy amable —con quien he contactado en  dos  ocasiones—, me dice en un  correo electrónico:
           "Mis abuelos vivían en Buenos Aires y yo soy de Mendoza. Vivían  con mi madre y mi hermano, aquí eso está a unos 1000 km de Buenos Aires, es en  la frontera con Chile.  Mi abuelo vino pocas veces por acá siempre por trabajo. El se hizo criador de caballos de polo. Sabes era excelente con eso, sabía mucho de caballos. Era un hombre con un humor precioso, lo he amado mucho y además siento que me acompaña. Como verás es alguien muy cercano a pesar de que vivíamos lejos."
      El llamado Polo Argentino (polo a caballo) –valga mi apostilla—  tuvo y tiene    un  desarrollo excepcional en aquellas tierras,  tanto  por el arte  y  perfección  con que  se practica como por  la  importancia económica del mismo.

4

         LA EMIGRACIÓN: AMORES  FRUSTRADOS  DE  ISIDRO Y MARÍA
   Aquí, en una pequeña población denominada CORONEL CHARLONE, situada al noroeste de la provincia de Buenos Aires, de unos 1.520 habitantes en la actualidad, con actividades productivas agrícolas y ganaderas, se estableció la familia de Manuel, no sin  dejar de sentir en su corazón la nostalgia de su inolvidable Mondrón, nostalgia heredada, incluso,  por algunos sucesores como si la llevaran impresa en su código genético…
      Y tal vez por eso, cuando algún  descendiente de aquellos primeros emigrantes viene a España, la primera recomendación que  recibe de ellos es  ésta:
           "¡No te vengas sin visitar Mondrón!"
    Secundando este deseo, nos visitó recientemente  Valeria Rivas Bueno, nieta de Manuel.  Recorrió las calles de la localidad para conocer la  casa donde habitaron sus antepasados, ante la cual—me refiere el acompañante— “derramó algunas lágrimas”… y lamentó la causa  que motivó  la emigración.



Valeria Rivas Bueno (nieta de Manuel) representando una obra teatral
      Desde hacía varios años, bastantes antes de este triste suceso, una hermana de Manuel, María, estaba ennoviada con Isidro Sánchez Carnero, joven serio, bien preparado y muy considerado enla localidad. Seganaba  la vida como agricultor — poseía una pequeña explotación—, actividad de escasa rentabilidad, tanto ayer como hoy, en zonas de minifundismo. Pero  él  complementaba sus escasos ingresos con los que obtenía como “maestro itinerante” o de “campo”, como también eran  conocidos estos enseñantes.
     Ella, María, era  una  moza  encantadora y  muy admirada  en  la  comarca.  Además de una mujer de singular belleza, dicen cuantos la conocieron  en persona, que poseía los  naturales encantos femeninos de la simpatía, la dulzura y la gracia  de las mujeres de nuestra tierra… La fotografía que inserto —hecha recién  llegada  a  Argentina,  y enviada  a Isidro—  ponen  de  manifiesto  cuanto digo de sus atractivos personales.

   

                                              María Bueno López (Octubre de 1922)


    Era público y notorio que se amaban mutuamente con la entrega  y  sinceridad de los amores de antaño. Una de las notas  características de  estos amores era la fidelidad… El dicho popular de que  “obras son amores y no buenas razones”, lo pusieron ellos de manifiesto, sobre todo Isidro, como veremos después. Este noviazgo  fue uno de los más conocidos y comentados  de nuestra  comarca,   y tuvo  los ingredientes característicos de  una apasionada novela de amor,  con matices románticos más propios de épocas  lejanas   que  de los tiempos que corrían, y  no digamos, de los actuales…

                                                            5         

                      EL  EMBARQUE: ESCENA EN EL PUERTO…
      Cuando la familia tomó la decisión de emigrar, los novios  temieron lógicamente por su separación. Isidro pensó entonces unirse también a María y cruzar  el Atlántico junto a ella y sus familiares para no separarse de la misma. Con los preceptivos pasaportes en regla, se dirigieron todos  al punto de partida, es decir, al puerto marítimo de Málaga, no sin derramar las inevitables lágrimas de despedida, propias   en estos casos…



            Isidro Sánchez Carnero       
                                  
        Muchas personas sienten la nostalgia de su tierra, incluso antes de partir de ella. Pero una  vez se ha producido la casi siempre irreversible  marcha, el emigrante vive del recuerdo, no pocas veces mezclado con  el dolorido sentir por  cuanto perdieron: su casa, sus amigos, el entorno donde se desenvolvía su vida, los años de su infancia y todo un cúmulo de vivencias que quedan atrás, pero que no dejan  de acompañarlo  adondequiera que vaya, sobre todo, si la emigración, como en este caso, es forzada e impuesta por la adversidad y la desgracia. La soledad suele ser su inseparable compañera aunque habiten en populosas ciudades—solos entre multitudes—,  por más que el conocimiento del idioma les  favorezca, como en este caso. Olvidar una vida  y   empezar otra nueva, cuesta mucho…Al menos esto dicen los que  han  vivido  semejante experiencia. En España, la emigración ha sido casi una constante histórica en todas las épocas, aunque las causas que la motivaron no siempre fueron las mismas.

María Bueno López
      De cuantas personas  de  esta  familia  partieron  en aquella ocasión, ninguna  regresó a  Mondrón. Solamente algunos descendientes volverían a la tierra de sus antepasados, como  digo  en otro lugar de este mismo artículo. Pero sí se comunicaban  epistolarmente con  sus  amistades. Ahora  lo hacen  vía telefónica y por Internet.


María del Pilar Martina, hija de María (con su esposo)
    Tal es el caso de María del Pilar Martini, hija de María, amable y encantadora como dicen era su madre. Nos  visitó también hace unos años con su marido, y estuvo entre nosotros varios días. Ella me ha facilitado datos y fotografías de los primeros tiempos  de su familia en Argentina, por lo cual, públicamente, le reitero mi gratitud.Sobre su madre, me dice en sendos  correos  electrónicos:
    Estimado Pascual:
   He leído todo lo que me has escrito. Yo conocía la historia de mi tío, pero no la de mi madre.

 He llorado toda la tarde pensando lo que habrán sufrido ambos
se refiere al noviazgo de  Isidro  con María. Ella nunca nos contó nada. Sería por respeto a mi padre, que era un hombre muy bueno y fueron muy felices...

Un abrazo para todos
Y en  otro,  escribe:
Estimado Pascual:

     He recibido todo lo que me has mandado. No dejo de emocionarme y de agradecerte el haber conocido esa historia, muy triste, por cierto. Bueno es la vida y a todos nos toca tener alguna experiencia desagradable, pero también hay cosas que nos hacen felices.

  Debo reconocer que eres una persona muy bien preparada, tal vez seas escritor, está todo muy bien redactado. Yo leo bastante todo lo que puedo, pero reconozco que tengo algunas faltas de ortografía. Tengo que ejercitarme con los puntos y las comas.

 Cualquier dato que necesites no tienes más que pedírmelo.

 Un abrazo grande para ti, Lola y Carmen, la sobrina de Isidro, a quien conocí y por ella pude enterarme de esa historia, pero no con los detalles que tú me cuentas.

Un abrazo.
        Pero volviendo  a la centralidad del tema, decidido  Isidro a embarcar con María, con  el pertinente  pasaporte en regla, aparece su padre —llamado también como él, Isidro Sánchez— en el puerto de embarque: iba  dispuesto a impedir la marcha de su único hijo varón. No quería perderlo tal vez para siempre. Y tras larga conversación con el mismo, sus dotes persuasivas, acompañadas de  súplicas y bastantes  lágrimas,  no exentas  del autoritarismo propio de la época, hicieron reflexionar a Isidro  hasta  doblegar su voluntad, consiguiendo que  desistiera de su proyecto  de  partir  junto María.  Difícil dilema el  suyo... Dicen que  lloró,  y María,  no menos, ante este  último adiós  en vida…



Vivienda de Isidro Sánchez en Mondrón
      Es fácil imaginar  los sentimientos que experimentarían  ambos novios tras la forzada  — y previsiblemente definitiva —  separación. En la actualidad las distancias se han  acortado  de forma increíble, pero en aquellos lejanos  tiempos sólo la travesía en barco era posible. Y  ésta se lograba tras algo más de  de dos semanas de navegación  mediante un  costoso  pasaje, prohibitivo para  las  familias de economía modesta, como eran la mayoría de aquel  entorno… La correspondencia postal se ofrecía  casi como  el único medio de comunicación. Cuantas innovaciones vendrían después en este campo con el  paso de los años, eran entonces impensables…


                                                                    Carta de María a Isidro



     El  popular   Valderrama, aunque ya nacido, no  tenía edad de componer y cantar su  conocida copla El emigrante, pero  esta familia seguro que ya la presentía:
 Cuando salí de mi tierra
 volví la cara llorando
porque lo que más quería
atrás me lo iba dejando.
     Y esta joven, María, se dejaba atrás no sólo a su tierra, sino lo que tal vez más quería: a Isidro, su novio, a quien  amaba y con quien tenía proyectado   contraer matrimonio  en breve.                       

                                                            6                               

          LA FIDELIDAD DE ISIDRO: LA CONSTANCIA EN EL AMOR       
     Isidro fue fiel a su primer amor. Obras son amores… El convivía con sus padres, impartía clases de enseñanza primaria en  cortijos y aldeas, deambulando por veredas y caminos a veces intransitables, con su carpeta bajo el brazo... Aparentemente llevaba una vida   normal. Pero en el hondón de su alma, en su pensamiento y en su corazón,  llevaba como clavada la imagen de María…No  se refiere por aquí  otro caso de fidelidad en el amor como el de este hombre. En mi juventud llegué a conversar mucho con él,  y  conocí en profundidad sus interioridades. Vivía con una sobrina suya, Carmen. Curiosa coincidencia: el marido de Carmen, Antonio López, era hermano de Rafael, el chico fallecido…
    No obstante,   él se acordaría    del refrán  que dice: la mancha de la mora con otra verde quita. Y decidió probar suerte  con un nuevo amor, quizá     para ver si podía  sustituir y olvidar  el primero…
    Buscando y escudriñando en  los papeles de Isidro —cuidadosamente custodiados ahora por una resobrina del mismo— encontré la fotografía de la chica con la cual se ennovió. Era de un conocido e importante  pueblo de la provincia, y se hallaba  transitoriamente en nuestra comarca pasando unos días junto a un tío suyo que a la sazón trabajaba, como maestro de obras, en  la carretera, concretamente en la construcción del actual puente sobre río de Sábar. En esta pedanía de Alfarnatejo la conoció Isidro cuando  impartía clases como maestro de campo.   
    Como puede  apreciarse en la foto que he encontrado dedicada a él —cito dedicatoria, pero no la  imagen, pues sería una indelicadeza hacerlo —, era también   mujer elegante, alta,  delgada, de  fino  rostro, atractiva y, al parecer, muy joven… La contemplación de la misma  evidencia una cosa: Isidro tenía buen gusto para  la elección de   las mujeres…
      Escrito al dorso, se lee:
      Te dedico este pequeño recuerdo como prueba de nuestro amor.
                                                                                                   A. P.
      Gozaba ella – refieren —  de una singular  simpatía. Su cara así lo delata. La  relación con Isidro  fue más bien efímera, pues el noviazgo  se rompió al poco tiempo de su inicio. ¿Por qué? No lo sé. Sería imposible averiguarlo. Pero decían las  expertas en  artes celestinescas, —en nuestra tierra siempre las hubo—, que la ruptura tuvo mucho que   ver  con el  imborrable  recuerdo de otra mujer  que emigró forzada por circunstancias adversas a  tierras lejanas, y  que  se interponía  entre ambos.  Y es que  la sombra de María era tan alargada, que desde la populosa  Buenos Aires  alcanzaba   hasta el  modesto  Mondrón…
     De  la mujer de este segundo amor   he sabido que  casó, tuvo dos hijos, y enviudó muy joven, según información facilitada por un  conocido   suyo.  Deduzco de cuanto me  informan que tampoco  la fortuna   la favoreció demasiado en la vida…
      Isidro, por su parte,  vivió célibe y célibe murió…No era hombre de carácter   tornadizo. La volubilidad o inconstancia  nunca fue un defecto suyo. Pero  al  repasar los capítulos  de  su biografía amorosa  se evidencia una cosa : Cupido — el dios  mitológico del amor—,  fue  poco benévolo  con él, pues  no permitió que  culminaran, por unas  u  otras  razones , ninguno  de sus dos  proyectos amorosos. Tal vez la soltería fuera  su hado o sino decretado por los dioses del amor…Al menos eso parece.
    Hombres de estas convicciones  y probadas fidelidades no  eran demasiado comunes ni antes ni lo son  ahora…El caso, con aromas  novelescos, más parece sacado  de la literatura  romántica que de la vida real…
   Tras la marcha hubo algún cruce epistolar entre María e Isidro, como prueba la misiva que incluyo en este artículo. El texto, manuscrito, bastante deteriorado, encontrado por mí entre los ya mencionados papeles, pone de manifiesto que también la huella del amor  seguía indeleble en el corazón de María, lo cual no obsta, para que pasado el tiempo, contrajera matrimonio con un argentino. … Resulta  comprensible que intentara comenzar una nueva vida… Era normal que  sucediera y así  lo hizo.   
       Isidro  falleció el 28 de octubre de 1977,  y María, el 24 de agosto de 1984.  El contaba   82 años, y ella,  80.  En síntesis: dos vidas paralelas en el sentir amoroso llamadas a converger en  ese  punto común  que es  el matrimonio, pero que un  desdichado   suceso las separó para siempre…
    Cuando  veía caminar a este hombre, acaso  ensimismado por  los  sentimientos y recuerdos que  lo  embargaban, acudían  inevitablemente a mi  mente los conocidos versos de Lope:
        A mis soledades voy,de mis soledades vengo, —porque para andar
Conmigome bastan  mis pensamientos.
       Y yo, que conocía desde hacía  tiempo el capítulo amoroso de su biografía, enseguida  adivinaba la ausencia que  provocaba   su soledad  y el objeto de sus pensamientos: una mujer, María Bueno…
      Como refiero  más arriba, mantuve cierta relación  de amistad  con Isidro. Vivíamos  muy cerca el uno del otro, y solíamos conversar de vez en cuando. Confiaba mucho en mí, para con quien tuvo muchas deferencias.  Era persona de complexión robusta —lo apodaban por ello Isidro El Gordo— poco locuaz  y  más ensimismado  que  extravertido… Se mostraba algo adusto   y hermético,  no  demasiado  proclive a desvelar nada  de  su pasado y menos sus intimidades. No obstante,  gozaba de mucha estima y respeto en la localidad.
  En ocasiones, era solicitado  por sus convecinos para que intermediara en algunos conflictos personales no infrecuentes en un vecindario como éste.… Hacía los oficios  de lo que entonces  se llamaba   “un hombre bueno”.  Él  colaboraba con gusto, y en general, con acierto. A pesar de su adustez, a veces se mostraba jocoso…Voy a citar un solo caso, pidiendo disculpas al lector por la divagación:
    Un matrimonio  llegó a la separación por la flagrante infidelidad de la esposa. Isidro medió  para  reconciliar a ambos cónyuges. Su intermediación en los más diversos asuntos solía ser muy efectiva, por lo que  era requerido con frecuencia para menesteres como éste. El marido burlado se mostraba muy reacio a  reanudar la convivencia, y manifestó al mediador ante la  reiterada insistencia del mismo:
          —Isidro, convivir otra vez con esa mujer  es cosa muy dura de tragar
        Y éste le dice  socarronamente: 
           Hombre, ahí te lo vas “tragandillo” poco a poco, como puedas,  aunque sea   sorbito a sorbito…
       Y sorbito a sorbito,  o de una vez, logró  nuevamente la unión conyugal…
     Sus  confidencias  personales se las hacía  a su sobrina Carmen, a quien quería, como digo  antes, más que como  sobrina como a una  verdadera  hija… Ella lo veneraba también como a un padre. Esta mujer era conocida en la localidad como “Carmen de Isidro”… Al final de sus días —murió en casa de la misma—, la declaró heredera universal  de todos sus bienes…                     
                                                                  SEGUNDO PASCUAL TOLEDO
                                                                             Febrero, 2013.